Una carta de Santiago
Una invitación a obedecer, no solo a escuchar, la palabra de Dios
Santiago era hijo de María y uno de los hermanos de Jesucristo. Santiago también era un líder de la Iglesia en Jerusalén. Escribió una carta al pueblo de Dios en todo el mundo para ayudarles a vivir el Evangelio de Jesucristo.
Santiago escribió: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios”. Muchos años después, un joven llamado José Smith leyó esas palabras y decidió orar en cuanto a sus preguntas. José Smith dijo más tarde: “Había descubierto que el testimonio de Santiago era cierto”. Dios contestó la oración de José y contestará la nuestra también.
Santiago 1:5; José Smith—Historia 1:11–17, 26
Santiago también escribió que debemos escuchar atentamente lo que otras personas dicen y tratar de no enojarnos con ellas. Cuando estamos enojados, no podemos servir a Dios.
Santiago dijo que no basta con escuchar la palabra de Dios; nosotros también tenemos que vivirla. “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores”.
Ser seguidor de Jesucristo es más que solo creer en Dios, explicó Santiago. Incluso el diablo sabe que Dios es real. Cuando vemos a personas que tienen frío o hambre, debemos darles ropa y comida. Debemos visitar a las viudas y a los huérfanos. “La fe sin obras es muerta”, escribió Santiago.
Santiago también quería enseñar a los santos a hablar amablemente a las personas. Dijo que tener cuidado con nuestras palabras es como guiar a un caballo. Podemos guiar a un caballo grande con una brida, que está unida a una pequeña pieza de metal en la boca del caballo. Nuestras palabras también pueden parecer pequeñas, pero pueden ser poderosas.
Santiago dijo que controlar nuestras palabras es como dirigir un barco. Aunque el barco sea grande y los vientos sean fuertes, podemos guiar el barco controlando un timón o mando muy pequeños. El timón es como nuestras palabras. Si podemos controlar lo que decimos, ¡podemos marcar una gran diferencia!
Las palabras descorteses, explicó Santiago, pueden ser como una pequeña llama que inicia un gran incendio. Pueden propagarse rápidamente y causar mucho daño. Por eso es importante tener cuidado con nuestras palabras.
Santiago escribió que usamos la boca para orar al Padre Celestial. Pero a veces también usamos la boca para decir cosas hirientes a otras personas, que son hijos del Padre Celestial. Santiago dijo que no debería ser así.
Para enseñar a los santos a hablar palabras amables, Santiago enseñó que una fuente no puede dar agua dulce y agua amarga a la vez. Una higuera no puede producir aceitunas, y una vid no puede producir higos. De la misma manera, si tenemos bondad y amor en nuestro corazón, ¡nuestras palabras también deben ser buenas y amorosas!