Mateo 26; Lucas 22; Juan 13–14
La Última Cena
Jesús instituye la Santa Cena
Jesús y Sus apóstoles estaban en Jerusalén para celebrar la Pascua Judía. El pueblo judío celebraba la Pascua Judía todos los años. Les recordaba que, hacía muchos años, sus familias habían sido esclavas en Egipto y Dios las había ayudado a escapar.
Mientras estaban en Jerusalén, Jesús y Sus apóstoles celebraron un banquete especial juntos. Jesús había estado deseando compartir esa comida con ellos.
Después de terminar de comer, Jesús llenó un recipiente con agua y comenzó a lavarles los pies a Sus apóstoles.
Cuando llegó el turno de Pedro, este preguntó por qué Jesús hacía eso. Por lo general, solo los siervos les lavaban los pies a otras personas.
Jesús dijo que les lavaba los pies para darles el ejemplo. Él quería que se sirvieran y se amaran unos a otros como Él los había amado. Si lo hacían, los demás se darían cuenta de que eran Sus discípulos.
Jesús les dijo a Sus discípulos que pronto moriría. Pedro dijo que estaba dispuesto a morir por Jesús.
Pero Jesús sabía que vendrían tiempos difíciles. Le dijo a Pedro que antes de que el gallo cantara a la mañana siguiente, Pedro diría tres veces que no conocía a Jesús.
Jesús sabía que Sus apóstoles podrían estar preocupados y sentir miedo. Les prometió que Dios les enviaría el Espíritu Santo. El Espíritu Santo los consolaría, les enseñaría y les ayudaría a recordar lo que Jesús les había enseñado. Les dijo que no se preocuparan ni tuvieran miedo. Dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.
Entonces Jesús hizo algo muy especial para ayudar a Sus apóstoles a recordarlo siempre. Les dio la Santa Cena. Primero, bendijo el pan, lo partió en pedacitos y se lo dio a Sus apóstoles. Jesús les dijo que recordaran Su cuerpo cuando comieran el pan. Les pidió que recordaran que Él moriría por ellos.
Luego, Jesús sirvió vino en una copa. Bendijo el vino y les dijo a los apóstoles que lo bebieran. Jesús les dijo que recordaran Su sangre cuando bebieran el vino. Les pidió que recordaran que Él sufriría, sangraría y moriría por el dolor y los pecados de todas las personas para que pudiéramos arrepentirnos y ser perdonados.
Luego Jesús explicó que Él es como una vid y que Sus discípulos son como los pámpanos [las ramitas]. Si la rama permanece unida a la vid, da fruto. Las ramas que no están conectadas a la vid, mueren y no pueden dar fruto. Jesús quería que Sus discípulos permanecieran siempre cerca de Él al amarse unos a otros y guardar Sus mandamientos.
Después de enseñar esas cosas, Jesús y Sus apóstoles cantaron un himno. Caminaron hasta un jardín llamado Getsemaní.