Mateo 10; Lucas 5:1–11; 6:12–16
Jesús escoge a Sus apóstoles
Una invitación a ser “pescadores de hombres”
Un día, una multitud de personas fue al mar de Galilea para escuchar a Jesús enseñar. Jesús les enseñó desde una barca mientras ellos escuchaban en la orilla. El barco era de un pescador llamado Simón.
Cuando Jesús terminó de enseñar, le pidió a Simón que llevara la barca a lo profundo del mar. Le dijo a Simón que pusiera su red en el agua para pescar. Simón dijo que había estado pescando toda la noche y no había pescado nada. Sin embargo, debido a que Jesús se lo pidió, lo intentaría de nuevo.
¡Simón pescó tantos peces que se le rompió la red! Él llamó a sus amigos de otra barca para que fueran a ayudarlo. Pronto las barcas estaban tan llenas de peces que comenzaron a hundirse. Simón y sus amigos se quedaron asombrados.
Simón se arrodilló ante Jesús. Él dijo: “Señor […], soy hombre pecador”. Sabía que Jesús había sido enviado por Dios. Jesús le dijo que no tuviera miedo.
Jesús invitó a Simón, a su hermano Andrés y a sus amigos, Santiago y Juan, a seguirlo. En lugar de pescar, ayudarían a las personas a venir a Jesús.
Simón, Santiago y Juan dejaron sus barcas de pesca y se convirtieron en los apóstoles de Jesús. Más tarde, Jesús le dio a Simón el nombre de Pedro. Un apóstol es un testigo especial de Jesucristo. Jesús llamó a doce hombres para que fueran Sus apóstoles. Oró para saber a quiénes debía llamar. Él dio a Sus apóstoles la autoridad del sacerdocio para dirigir Su Iglesia.
Mateo 10; Lucas 6:12–16; 9:1–2
Debido a que los apóstoles tenían el poder de Dios, también podían sanar a las personas que estaban enfermas, devolver la vida a las personas después de haber muerto y hacer otros milagros.
Jesús envió a Sus apóstoles a muchas ciudades para enseñar Su Evangelio a las personas. Él dijo que el Espíritu Santo los ayudaría a saber qué decir. Jesús dijo que a algunas personas no les agradaría lo que ellos les enseñarían, pero que si servían fielmente, Dios estaría con ellos.