Jesús enseña el Sermón del Monte
Ayudándonos a llegar a ser más semejantes a nuestro Padre Celestial
Jesús y Sus discípulos fueron a un monte cerca del mar de Galilea. Allí, Jesús les enseñó cómo podemos ser felices y llegar a ser más semejantes a nuestro Padre Celestial.
Jesús enseñó que las personas son bendecidas y felices cuando son humildes, son puras de corazón y tratan de hacer lo correcto. Las personas que perdonan a los demás pueden ser perdonadas. Los pacificadores serán llamados hijos de Dios.
Jesús dijo que Sus discípulos son una luz para el mundo, como una ciudad asentada sobre un monte que todos pueden ver. No debemos esconder nuestra luz.
Cuando seguimos a Jesús, somos como una vela que ilumina a todos los que están en la habitación. Nuestras buenas obras pueden ayudar a las personas a creer en el Padre Celestial.
Jesús dijo que debemos amar a todos, incluso a las personas que no nos aman. Debemos orar por ellos. Jesús enseñó que debemos tratar de ser como nuestro Padre Celestial. Enseñó que cuando ayudamos a las personas, no tenemos que decirles a todos lo que hicimos. Dios ve las cosas buenas que hacemos y nos bendecirá.
Cuando oramos, no debemos preocuparnos por lo que otras personas piensen de nosotros. No debemos decir las mismas palabras cada vez si realmente no las decimos en serio. Debemos hablar desde el corazón. El Padre Celestial escucha nuestras oraciones y sabe lo que necesitamos. Aun cuando nadie más pueda oírnos, Él lo hará.
Jesús enseñó que no debemos pensar que somos mejores que otras personas. Debemos recordar que todos tenemos desafíos. En lugar de juzgar a los demás, debemos pensar en cómo podemos mejorar. Debemos tratar a los demás de la misma forma en que deseamos que nos traten.
Entonces, Jesús contó una historia acerca de un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena y un hombre prudente que edificó su casa sobre una roca. Cuando vino una tormenta, la casa sobre la arena se derrumbó y la casa sobre la roca permaneció en pie. Jesús dijo que si escuchamos Sus enseñanzas y las seguimos, somos como el hombre prudente.