Milagros durante el viaje de Pablo a Roma
El Señor bendice a Su siervo
El Espíritu le dijo a Pablo que fuera a Jerusalén. A muchas personas de ese lugar no les gustó lo que Pablo enseñó acerca de Jesucristo. Lo arrestaron y lo ataron con cadenas. Pablo les contó a todos acerca de la ocasión en que vio una luz del cielo, escuchó la voz de Jesús y fue bautizado.
Hechos 21:4, 12–13, 27–40; 22:1–16
Pablo fue encarcelado. Mientras estaba allí, Jesús se le presentó y le dijo: “Ten ánimo, Pablo”. Dijo que Pablo daría testimonio de Él en Roma.
Pablo fue llevado ante gobernadores y ante un rey. Él testificó osadamente de Jesucristo a esos poderosos gobernantes. Quería que todas las personas creyeran en Jesús.
Hechos 24:10–27; 25:6–8, 17–19; 26:1–29
El rey envió a Pablo a Roma para ser juzgado por César, el emperador. Pablo viajó en barco con otros prisioneros, haciendo paradas en el camino. En una parada, Pablo supo que pronto sería invierno. Si seguían adelante, estarían en gran peligro. Le dijo a la tripulación del barco que esperaran hasta que el clima mejorara.
Nadie le creyó a Pablo, así que siguieron navegando. Vino una gran tormenta y el barco fue sacudido por las olas durante muchos días. No podían ver el sol ni las estrellas. Pensaron que iban a morir en la tormenta.
Una noche, un ángel de Dios visitó a Pablo y le dijo: “Pablo, no temas”. El ángel dijo que Pablo llegaría a Roma, tal como el Señor lo había prometido. Dijo que Dios protegería a todos en el barco y que ninguno de ellos moriría.
Pablo les dijo a todos lo que el ángel había dicho. “Tened buen ánimo”, dijo Pablo, “porque yo confío en Dios”.
Días después, el barco se estrelló y se hundió. Sin embargo, tal como el ángel lo había prometido, nadie en el barco murió. Todos nadaron hasta una isla llamada Malta.
Las personas que vivían en Malta fueron amables con Pablo y los demás del barco. Hicieron una fogata para que todos pudieran entrar en calor.
De repente, una serpiente salió del fuego y mordió a Pablo en la mano. Pero Pablo no resultó herido. Se limitó a sacudírsela. ¡El pueblo estaba asombrado!
Un hombre llamado Publio permitió que Pablo se quedara en su casa. El padre de Publio estaba muy enfermo. Pablo puso las manos sobre él y usó el poder de Dios para sanarlo.
Pablo pasó tres meses en Malta. El Señor lo ayudó a hacer muchos milagros, bendiciendo y sanando a las personas que estaban enfermas. Entonces, tal como el Señor había prometido, Pablo viajó a Roma.
Pablo todavía estaba preso mientras estaba en Roma. Pero sus guardias permitieron que las personas lo visitaran. Pablo enseñó acerca de Jesucristo a cualquiera que quisiera escucharlo. También escribió cartas a miembros de la Iglesia de muchos lugares. Algunas de esas cartas, o epístolas, son parte del Nuevo Testamento.