Jesús alimenta a miles de personas
Él es el Pan de Vida
Jesús se enteró de que Juan el Bautista había sido asesinado. Se fue a un lugar alejado de los poblados para poder pasar un tiempo a solas.
Cuando las personas supieron adónde había ido Jesús, lo siguieron. Jesús las vio y sintió amor por ellas. Pasó todo el día bendiciéndolas y sanándolas.
Casi al final del día, las personas empezaron a tener hambre. Los apóstoles pensaban que Jesús debía enviar a las personas de regreso a los poblados para que consiguieran comida. Pero Jesús quería que se quedaran. Pidió a los apóstoles que dieran a las personas algo de comer.
El apóstol Andrés encontró a un muchacho que tenía cinco panes y dos pececillos para dar a la gente. Pero había 5000 hombres, además de las mujeres y los niños, que necesitaban comer. ¿Cómo podían alimentar a tanta gente con tan poca comida?
Jesús pidió a los apóstoles que le llevaran la comida a Él. Les dijo a las personas que se sentaran en el pasto. Entonces Jesús hizo una oración para agradecer al Padre Celestial por el pan y el pescado y para bendecirlos. Luego partió el pan y el pescado en trozos.
Jesús pidió a Sus apóstoles que dieran del pan y del pescado al pueblo. Todos comieron y quedaron llenos. Después de comer, ¡todavía sobraron doce cestas llenas de comida!
Al día siguiente, las personas volvieron y encontraron a Jesús. Pero Jesús sabía que muchos de ellos solo lo seguían porque Él les había dado comida. Jesús les recordó que la comida dura poco tiempo. Él tenía algo mejor que darles.
Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida”. El pan nos da vida en la tierra. Pero Jesucristo puede darnos la vida eterna con el Padre Celestial.
A muchas personas no les gustaba lo que Jesús trataba de enseñar. Se fueron y decidieron no seguir más a Jesús.
El Salvador preguntó a Sus apóstoles: “¿También vosotros queréis iros?”. Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”. Los apóstoles no se fueron. Sabían que Jesucristo era el Salvador y el Hijo de Dios.