Los apóstoles de Jesús dirigen Su Iglesia
Enseñar, bautizar, sanar y compartir todo
Después de que Jesús regresó a Su Padre Celestial, los apóstoles fueron los líderes de la Iglesia. Enseñaron el Evangelio del Salvador, invitaron a las personas a unirse a Su Iglesia e hicieron muchos milagros por el poder de Dios. Jesús prometió ayudarlos al enviar el Espíritu Santo.
Debido a que Judas había muerto, solo había once apóstoles. Los apóstoles oraron para saber quién quería Dios que reemplazara a Judas y fuera un testigo especial de Jesucristo. Dios escogió a un hombre llamado Matías. Llegó a ser uno de los Doce Apóstoles.
En una festividad judía especial, los discípulos estaban reunidos en Jerusalén. De repente, se sintió como si un viento que vino del cielo llenara la casa. Vieron una luz como de fuego reposando sobre ellos y todos fueron llenos del Espíritu Santo. Gracias al Espíritu Santo, pudieron hablar en otros idiomas.
Cuando la gente de Jerusalén se enteró de esto, se reunió una gran multitud. Aunque las personas en la multitud eran de muchos países y hablaban diferentes idiomas, cada una escuchaba lo que los apóstoles decían en su propio idioma. ¡El pueblo estaba asombrado!
Pedro se puso de pie y habló a la multitud. Les habló de Jesucristo. Les dio su testimonio de que Jesús es el Salvador y de que había resucitado.
Cuando las personas oyeron esto, sintieron que debían cambiar. Les preguntaron a los apóstoles qué debían hacer.
Pedro dijo: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Aproximadamente tres mil personas se bautizaron y se unieron a la Iglesia ese día.
Más tarde, Pedro y Juan fueron al templo. Ellos vieron a un hombre que no podía caminar. Se sentaba allí todos los días, pidiendo dinero a la gente.
Les pidió dinero a Pedro y a Juan. Se detuvieron y lo miraron fijamente. Pedro dijo: “Míranos”.
Pedro dijo que no tenían plata ni oro. Pero tenían algo mejor. “En el nombre de Jesucristo de Nazaret”, dijo, “¡levántate y anda!”. Pedro le ayudó a levantarse. ¡Por primera vez en su vida, el hombre pudo caminar! Estaba tan feliz que saltaba y entró en el templo con Pedro y Juan.
El pueblo estaba asombrado. Pedro les dijo que no había sido su poder ni el de Juan lo que sanó al hombre. Había sido sanado por el poder de Jesucristo y la fe en Él. Pedro les dijo que se arrepintieran y creyeran en Jesús.
A algunos de los líderes de los judíos no les gustaba lo que Pedro y Juan estaban enseñando. Decían que a nadie se le permitía enseñar acerca de Jesús.
Pedro y Juan dijeron que obedecerían a Dios y que Dios quería que dijeran a las personas lo que sabían acerca de Jesucristo.
Los apóstoles siguieron enseñando el Evangelio del Salvador con gran poder. Más y más personas se unieron a Su Iglesia. Estaban llenas del Espíritu. Se amaban y compartían todo. Vendieron lo que tenían y dieron el dinero a los apóstoles para que se lo dieran a los pobres.