La gente quiere castigar a una mujer que pecó
“Vete, y no peques más”
Una mañana temprano, Jesucristo fue al templo de Jerusalén. Muchas personas se reunieron alrededor de Él para escucharlo enseñar.
Mientras Jesús enseñaba, algunos líderes judíos llevaron a una mujer ante Él. La habían sorprendido quebrantando uno de los mandamientos de Dios. Según la ley, la mujer debía ser condenada a que las personas le arrojaran piedras hasta que muriera.
Los hombres le preguntaron a Jesús qué se debía hacer con ella. Estaban tratando de engañar a Jesús, pues sabían que Él no quería que se le hiciera daño a la mujer. Pero si Jesús diría que la mujer no debía ser castigada, entonces ellos podrían decir que Él no estaba obedeciendo la ley.
Pero Jesús no les respondió. Se inclinó en el suelo y escribió en la tierra. Los hombres le preguntaron otra vez lo que debían hacer.
Finalmente, Jesús se puso de pie y miró a los hombres a su alrededor. Dijo que si alguno de ellos nunca había pecado, podía ser el primero en lanzarle una piedra.
Entonces Jesús se inclinó de nuevo y continuó escribiendo en la tierra. Todos los hombres sabían que ellos también tenían pecados. Uno a uno, se marcharon.
Jesús miró a Su alrededor y solo vio a la mujer que estaba allí, de pie. Le preguntó a dónde se habían ido todas las personas que querían castigarla. Ella le dijo que todos se habían ido. Jesús le dijo a la mujer: “Vete, y no peques más”. A partir de ese momento, la mujer creyó en Jesús.
Juan 8:9–11, Traducción de José Smith, Juan 8:11, en Juan 8:11, nota c al pie de página.