1 y 2 Timoteo
Cartas a Timoteo
Pablo aconseja a su joven amigo
Timoteo era un joven con una fe firme en Jesucristo. Su madre, Eunice, y su abuela, Loida, también eran mujeres de gran fe. Le enseñaron a Timoteo de las Escrituras, incluso cuando era niño.
Timoteo y Pablo eran buenos amigos. Habían trabajado y viajado juntos, sirviendo al Señor y compartiendo Su Evangelio. Pablo amaba a Timoteo como a un hijo.
Filipenses 2:19–22; 1 Timoteo 1:2
Pablo le pidió a Timoteo que dirigiera la Iglesia en Éfeso. Pablo tenía que ir a otra ciudad. Mientras estaba ausente, le escribió una carta a Timoteo para ayudarlo.
Más tarde, cuando Pablo estaba en prisión en Roma, le escribió otra carta a Timoteo. Le advirtió a Timoteo que vendrían tiempos difíciles. Algunas personas se apartarían de la verdad y amarían las cosas del mundo más que a Dios. Enseñarían cosas que no son ciertas.
Pablo le dijo a Timoteo que no tuviera miedo. Él dijo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor”. Pablo le dijo a Timoteo que continuara haciendo las cosas que había aprendido. Las Escrituras lo conducirían a Jesucristo.
Pablo sabía que su vida pronto terminaría, pero no tenía miedo a morir. Pablo le dijo a Timoteo que, aunque había pasado por muchos desafíos en su vida, había mantenido su fe fuerte. Confiaba en que el Padre Celestial y Jesucristo le darían la vida eterna.