Jesús sana a una mujer y levanta a la hija de Jairo
“No temas, cree solamente”
Un hombre llamado Jairo vivía con su esposa y su hija en un pueblo cerca del mar de Galilea. Jairo era un líder en la sinagoga, donde los judíos iban a adorar a Dios.
La hija de Jairo, quien solo tenía doce años, enfermó gravemente y estaba a punto de morir. Jairo sabía que ella necesitaba ayuda. También sabía que Jesús estaba en su pueblo.
Jairo salió de su casa y encontró a Jesús. Se arrodilló a los pies de Jesús y le pidió que fuera a sanar a su hija. Jairo sabía que si Jesús bendecía a su hija, ella viviría. Jesús siguió a Jairo a su casa. Multitudes de personas lo siguieron.
Una mujer, del mismo pueblo, también necesitaba la ayuda de Jesús. Ella había estado muy enferma por doce años. Había gastado todo su dinero en médicos, pero nadie podía curarla, simplemente estaba cada vez peor. Ella sabía que Jesús podía sanarla. Pero, ¿cómo llegaría a Él a través de la multitud?
La mujer creyó que, si tan solo pudiera tocar la ropa de Jesús, ella sanaría. Ella se acercó a Jesús mientras Él pasaba. Tan pronto como ella tocó el borde de Su manto, su enfermedad fue sanada.
Mateo 9:20; Marcos 5:27–29; Lucas 8:44
De inmediato, Jesús dejó de caminar. Había sentido que salió poder de Él. “¿Quién me ha tocado?”, preguntó Él. Sus discípulos estaban confundidos. Muchas personas lo habían tocado, estaban rodeados de personas. Jesús miró a su alrededor para ver quién lo había tocado.
Jesús vio a la mujer que había tocado Su manto. Ella le contó a Jesús acerca de su enfermedad y que Jesús la había sanado. Jesús le dijo que recibiera consuelo. Ella había sido sanada gracias a su fe en Él. “Ve en paz”, le dijo.
Entonces, llegó un hombre de la casa de Jairo. Le dijo que era demasiado tarde: la hija de Jairo ya había muerto. Jairo no debería molestar más a Jesús.
Tan pronto como Jesús escuchó esto, le dijo a Jairo: “No temas, cree solamente”. Luego fueron a casa de Jairo.
Jairo y su esposa llevaron a Jesús a donde yacía su hija. Jesús tomó la mano de la muchacha y le dijo: “Levántate”.
Inmediatamente, la hija de Jairo se levantó de la cama. ¡Ya no estaba muerta! Jesús les pidió a Jairo y a su esposa que le trajeran algo de comer. Ellos estaban asombrados de lo que Jesús hizo por su hija. Él les pidió que no hablaran a otras personas sobre ese milagro.