Ha resucitado
Jesucristo vence la muerte por todos
Los discípulos de Jesús pusieron Su cuerpo en el sepulcro. Querían hacer más para preparar Su cuerpo, pero ya casi era día de reposo. Pensaban regresar después del día de reposo para terminar de hacerlo.
Temprano por la mañana del tercer día después de la muerte de Jesús, María Magdalena y otras personas fueron al sepulcro.
Cuando llegaron, vieron que se había quitado la piedra que cubría la entrada del sepulcro. Entraron al sepulcro, pero el cuerpo de Jesús no estaba allí.
María corrió a decirles a Pedro y a Juan que alguien se había llevado el cuerpo de Jesús. Pedro y Juan corrieron al sepulcro.
Cuando llegaron al sepulcro, Pedro y Juan entraron y vieron que el cuerpo de Jesús no estaba. Los lienzos con los que lo habían envuelto seguían allí.
Pedro y Juan regresaron a casa, pero María se quedó llorando junto al sepulcro. Miró dentro del sepulcro y vio a dos ángeles. Ellos le preguntaron por qué lloraba. Les dijo que alguien se había llevado el cuerpo de Jesús y que no sabía dónde estaba.
Entonces vino Jesús, pero María no sabía que era Él. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras?”. María creyó que Él era el hortelano. Le preguntó si sabía dónde estaba el cuerpo de Jesús.
Jesus le dijo: “¡María!” y ella se dio la vuelta. ¡Ahora sabía que era Jesús! Ella le dijo: “¡Maestro!”. Jesús le pidió que les dijera a los otros discípulos que Él debía ir a Su Padre Celestial. María buscó a los otros discípulos y les dijo que había visto a Jesús ¡y que estaba vivo de nuevo!
Esa noche, muchos de los apóstoles estaban juntos. Cerraron las puertas, pues tenían miedo de que los líderes de los judíos intentaran buscarlos. De pronto, vieron a Jesús de pie entre ellos. Al principio, tuvieron temor. Pensaban que era un espíritu. Jesús les dijo: “¡Paz a vosotros!”.
Jesús invitó a los apóstoles a tocarle las manos y los pies. Quería que supieran que Él tenía un cuerpo y no era solamente un espíritu. Incluso comió pescado y un panal de miel con ellos. ¡Los discípulos estaban muy felices de verlo!
Luego Jesús ayudó a Sus apóstoles a entender las Escrituras que enseñaban acerca de Su muerte y Resurrección. Él quería que enseñaran a todos que, gracias a Él, podían arrepentirse y ser perdonados. Los Apóstoles serían Sus testigos.
El apóstol Tomás no estaba cuando Jesús había venido. Dijo que no creería que Jesús estaba vivo a menos que pudiera ver las marcas de los clavos en Sus manos.
Ocho días después, los discípulos estaban reunidos. Jesús se apareció de nuevo. Esta vez, Tomás estaba presente.
Jesús invitó a Tomás a tocar las heridas de Sus manos y Su costado. Él le dijo a Tomás: “No seas incrédulo, sino creyente”. Tomás dijo: “¡Señor mío y Dios mío!”. Ahora Tomás sí creía que Jesús había resucitado. Jesús dijo que las personas que creen a pesar de no haberlo visto son bienaventuradas.