Jesús da a Sus apóstoles las llaves del sacerdocio
“Sobre esta roca edificaré mi iglesia”
Un día, Jesús preguntó a Sus discípulos quién pensaba la gente que era Él. Sus discípulos contestaron que algunos decían que Él era Juan el Bautista. Otros pensaban que era un profeta del Antiguo Testamento que había regresado.
Entonces, Jesús preguntó a Sus discípulos quién pensaban ellos que era Él. Pedro dijo: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!”.
Jesús se alegró al oír lo que dijo Pedro. Explicó a Pedro que ninguna persona le había revelado quién era Jesús. Fue el Padre Celestial quien se lo había revelado.
Jesús le dijo a Pedro: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia”. Luego prometió darle a Pedro las llaves del sacerdocio, o sea, la autoridad de Dios para que él y los demás apóstoles pudieran dirigir Su Iglesia sobre la tierra.
Unos días después, Jesús llevó a Pedro, Jacobo [Santiago] y Juan a un monte alto para orar.
Mientras Jesús oraba, Su rostro brillaba como el sol. Incluso Su ropa era brillante.
Aparecieron dos profetas del Antiguo Testamento: Moisés y Elías el Profeta. Hablaron con Jesús acerca de Su muerte y Resurrección, que ocurrirían pronto en Jerusalén. Pedro le dijo a Jesús: “Señor, bueno es que nosotros estemos aquí”.
Mateo 17:3–4; Lucas 9:30–33 (véase la Traducción de José Smith en la nota a al pie de página, en el versículo 31)
Mientras Pedro hablaba, una nube brillante los cubrió. Escucharon la voz de Dios que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; a él oíd”. Pedro, Santiago y Juan tuvieron miedo y cayeron a tierra.
Jesús tocó a Sus apóstoles y les dijo: “Levantaos y no temáis”. Ellos levantaron la mirada. Moisés y Elías el Profeta se habían ido. En ese monte, Pedro, Santiago y Juan recibieron las llaves del sacerdocio que Jesús les había prometido.
Mateo 17:7–9; véase también Doctrina y Convenios 27:12–13