Un ángel libera a Pedro de la cárcel
Dios contesta las oraciones
A un rey llamado Herodes no le gustaban los cristianos. Dio muerte al apóstol Santiago. Luego puso a Pedro en la cárcel. Envió dieciséis soldados para custodiar la prisión.
Cuando los miembros de la Iglesia oyeron eso, oraron y oraron al Padre Celestial por Pedro.
Una noche, Pedro estaba dormido. Estaba atado con dos cadenas entre dos soldados.
De repente, una luz brilló en la prisión y apareció un ángel. “Levántate pronto”, dijo el ángel, y las cadenas cayeron de las manos de Pedro. El ángel le dijo a Pedro que lo siguiera.
Pedro pensó que estaba soñando. Siguió al ángel pasando por delante de los guardias. La puerta de hierro que conducía a la ciudad se abrió sola y Pedro y el ángel caminaron a través de ella.
El ángel se fue y Pedro se dio cuenta de que no estaba soñando. Sabía que el Señor había enviado al ángel para salvarlo.
Pedro fue a la casa de una mujer llamada María, donde muchos miembros de la Iglesia habían ido a orar. Él llamó a la puerta.
Una niña llamada Rode vino a la puerta. Cuando escuchó la voz de Pedro, ¡se sintió muy feliz! Ella corrió a decirles a los demás.
Cuando Rode les dijo a todos que Pedro estaba en la puerta, no le creyeron. Pedro siguió llamando.
Finalmente, abrieron la puerta y vieron que era verdad. ¡Pedro estaba a salvo! El Señor sí había respondido sus oraciones. Pedro les contó a todos cómo el Señor lo había sacado de la cárcel.