Las llaves, los convenios y la Pascua de Resurrección
Las llaves que entregaron los profetas de la antigüedad al profeta José Smith en el Templo de Kirtland son una parte esencial del Evangelio restaurado de Jesucristo.
Ha sido una bendición especial que la sesión del domingo de la conferencia general coincida con el día en que celebramos la Pascua de Resurrección. Nuestro énfasis en la Pascua de Resurrección comprende los acontecimientos, con efecto eterno, que ocurrieron en el Jardín de Getsemaní, en la cruz del Calvario, y en el Sepulcro del Huerto, donde Jesucristo resucitó.
Testifico que Su Expiación llevó a cabo el plan de salvación de Su Padre y proporciona la vía para que todos los que hayan vivido sean libres de la muerte sin condición alguna y del pecado si se arrepienten. Por tanto, nuestro Señor y Salvador Jesucristo ha llevado a cabo las trascendentales doctrinas de la Resurrección y la Expiación.
Este domingo de Pascua de Resurrección también coincide con la gloriosa visión del Salvador que ocurrió en el Templo de Kirtland el domingo de Pascua de Resurrección de 1836, hace 190 años, solo una semana después de que se dedicara el templo. Ese día, al igual que hoy, fue una de las ocasiones en que la Pascua de Resurrección y la Pascua judía han coincidido.
La aparición del Salvador al profeta José Smith y a Oliver Cowdery, y las llaves entregadas por Moisés, Elías y Elías el Profeta son fundamentales para la restauración del Evangelio de Jesucristo en los últimos días. La función de Elías el Profeta en la restauración de las llaves del sacerdocio del poder para sellar es crucial en nuestro trayecto de regreso a nuestro Padre como pueblo del convenio.
Un poco de historia de la Iglesia ayudará a poner en perspectiva esos acontecimientos.
Durante la noche del 21 de septiembre de 1823, el ángel Moroni se apareció a José Smith, de diecisiete años, en una pequeña cabaña de troncos cerca de Palmyra, Nueva York. El ángel Moroni lo visitó tres veces durante esa noche, y otra vez por la mañana. Él enseñó y volvió a enseñar información crucial relacionada con el desarrollo de futuros acontecimientos de la restauración del Evangelio de Cristo.
Le dijo a José que había planchas de oro ocultas en la ladera de una colina cercana. Además, citó profecías del Antiguo Testamento. La segunda sección de Doctrina y Convenios contiene las palabras de Moroni a José Smith en relación con Elías el Profeta:
“He aquí, yo os revelaré el sacerdocio, por conducto de Elías el Profeta, antes de la venida del grande y terrible día del Señor.
“Y él plantará en el corazón de los hijos las promesas hechas a los padres, y el corazón de los hijos se volverá hacia sus padres.
“De no ser así, toda la tierra sería totalmente asolada a su venida”.
Si yo hubiese sido alguien de diecisiete años y solo hubiera tenido acceso a la Biblia, habría estado muy confundido. ¿Quién era Elías el Profeta? ¿Y qué sacerdocio revelaría? ¿Por qué la tierra sería totalmente asolada si los hijos no volvían el corazón hacia sus padres y recordaban las promesas hechas a ellos?
Elías el Profeta fue un extraordinario profeta que poseía las sagradas llaves del sacerdocio y por medio de quien se efectuaron grandes milagros. Los cristianos, los musulmanes y los judíos de todo el mundo aceptan a Elías el Profeta como profeta. Los musulmanes creen que Elías el Profeta fue un profeta enviado por Dios (Alá) para llamar al pueblo a apartarse de la adoración de ídolos —en especial, de la adoración de Baal— y a volver a la adoración del único Dios verdadero.
Los judíos han estado esperando el regreso de Elías el Profeta durante más de dos mil novecientos años, como precursor de la venida del Mesías.
Antes del ministerio terrenal de Jesucristo, Elías el Profeta ejerció el poder para sellar del Sacerdocio de Melquisedec.
Me resulta notable que Elías el Profeta también haya aparecido, con Moisés, en el momento de la transfiguración de Cristo. Elías el Profeta confirió las llaves del sacerdocio del poder para sellar a Pedro, Santiago y Juan.
También es significativo que cuando Cristo visitó al pueblo en el continente americano, Él les recitó específicamente las palabras del Antiguo Testamento que están en Malaquías concernientes a Elías el Profeta y su función en la unión de las familias por la eternidad antes de la Segunda Venida de Cristo.
Gracias a la Restauración, entendemos la importante y crucial función que Elías el Profeta ha tenido en la salvación del género humano. Elías el Profeta entregó a José Smith las llaves del sacerdocio correspondientes al poder para sellar a fin de atar ordenanzas y convenios sagrados en la tierra y en los cielos. Eso incluye las ordenanzas vicarias de salvación y exaltación que deben efectuarse aquí, en la tierra, en los templos del Señor. Las ordenanzas de sellamiento tienen validez después de esta vida y en las eternidades, para sellar a esposo y esposa, padres e hijos. Sin esas llaves, no hay familias eternas y “toda la tierra sería totalmente asolada”.
Una de las muchas experiencias espirituales especiales que tuve con mi querido amigo y amado compañero de misión, y luego mi Presidente de Cuórum, el presidente Jeffrey R. Holland, se relaciona con Elías el Profeta.
Desde el año 2009, el presidente Holland y yo tuvimos el privilegio de acompañar a diversos grupos de personas —entre ellas, líderes rabínicos reformistas, conservadores y ortodoxos, así como líderes judíos seculares— en recorridos de programas de puertas abiertas de templos aquí, en Utah.
En la pila bautismal, tuve la oportunidad de explicarles la doctrina del bautismo por nuestros antepasados fallecidos. Eso se relaciona directamente con las promesas de Malaquías de volver el corazón de los hijos hacia sus padres fallecidos. Les leí 1 Reyes 7:25, donde se describe el templo de Salomón. La pila bautismal descansa sobre las ancas de doce bueyes que representan las doce tribus de Israel. Eso provocó en algunos tanto reconocimiento como lágrimas. Se dieron cuenta de que, en esencia, estaban observando ciertos aspectos del templo de Salomón, el cual tiene una sagrada importancia tanto para los judíos, como para los musulmanes.
Cuando entramos en la sala de sellamientos, el élder Holland se sintió sumamente conmovido y, con lágrimas en los ojos, les explicó que no quería ofenderlos, pero que se sentía obligado a compartir algo. Luego, de una manera espiritualmente poderosa, explicó que Elías el Profeta en efecto había venido y restaurado las sagradas llaves que permiten el sellamiento eterno de esposo y esposa y la familia de ambos. Explicó que la sala de sellamientos, donde estábamos reunidos, es un lugar donde se ejercen las llaves restauradas. Nuestros amigos judíos apreciaron el hecho de que la historia de profetas de las Escrituras del Antiguo Testamento estuviese presente de modo tan prominente en nuestros templos y doctrina.
Pocos años después, algunos líderes judíos solicitaron que celebráramos el aniversario número 175 de la histórica dedicación de Orson Hyde de la Tierra Santa, en Jerusalén. El élder Holland y yo tuvimos la bendición de representar a la Iglesia en esa celebración.
Dos experiencias posteriores a aquel evento fueron particularmente significativas para mí. Primero, llegué a entender la historia del élder Holland en lo concerniente a Jerusalén. El élder Holland tenía unos treinta años cuando, en representación del presidente Spencer W. Kimball y otros líderes de la Iglesia, encabezó los esfuerzos por establecer el Centro Jerusalén en el monte de los Olivos. Él trabajó durante casi quince años con muchas otras personas para lograr la mayoría de lo edificado por la Iglesia en Jerusalén y trabajó incansablemente con líderes tanto palestinos como judíos.
Al élder Holland le encantaba estar en los lugares donde el Salvador efectuó milagros y llevó a cabo la Expiación.
Segundo, durante la visita a Jerusalén hubo tiempo para que el élder Holland y yo, con nuestras esposas, Pat y Mary, nos reuniéramos junto al Sepulcro del Huerto y leyéramos los preciados versículos de cada uno de los cuatro Evangelios que narran los últimos días del ministerio terrenal del Salvador, el cual culminó con Su sacrificio expiatorio y Su gloriosa Resurrección.
¿Se imaginan cómo se sintieron dos excompañeros de misión, que en ese entonces servían como Apóstoles, y nuestras dulces esposas, al tener la oportunidad de andar por donde Jesús anduvo, de leer de sagradas Escrituras sobre los últimos días de Su ministerio terrenal, y sentir el espíritu de esos milagrosos acontecimientos?
Permítanme asegurarles que no tienen que visitar Jerusalén físicamente para sentir las mismas cosas que nosotros sentimos ese día y que hemos sentido muchas veces desde entonces.
Pueden tener ese conocimiento y esa confirmación mediante el Espíritu cuando estudian la vida de nuestro Salvador, la restauración del sacerdocio, y el regreso de las llaves para sellar por Elías el Profeta, las cuales unen a nuestras familias por la eternidad. Pueden sentir, mediante la certeza de la confirmación espiritual, que nuestro Salvador llevó a cabo el plan del Padre. Él expió nuestros pecados y rompió las ligaduras de la muerte para que nosotros pudiéramos regresar al Padre y al Hijo en el Reino Celestial.
Les prometo en este Día de Pascua de Resurrección que a medida que se ciñan a Sus ordenanzas, convenios y mandamientos, su relación con nuestro Salvador será más estrecha, así como su aprecio y gratitud por las llaves para sellar que se han restaurado en esta dispensación.
Testifico que las llaves que entregaron los profetas de la antigüedad al profeta José Smith en el Templo de Kirtland son una parte esencial del Evangelio restaurado de Jesucristo.
Como Apóstol, doy mi testimonio seguro y certero de Jesucristo, el Salvador del mundo, quien dirige Su Iglesia. Testifico de Su Expiación y Resurrección, y me regocijo con ustedes en este domingo especial de Pascua de Resurrección por todo lo que el Salvador ha llevado a cabo para que nosotros podamos tener la vida eterna. En el nombre de Jesucristo. Amén.