Conferencia General
Gracias a Jesucristo
Conferencia General de abril de 2026


10:60

Gracias a Jesucristo

Centrarse en el Salvador, en Su Expiación infinita y en lo que Él ha hecho por nosotros traerá gozo y claridad a nuestra vida.

Hace años, nuestra familia tuvo una perrita negra, una caniche llamada Lady. Era inteligente, enérgica y le encantaba ir a buscar la pelota. Estaba dispuesta a ir a por una pelota en cualquier momento, en cualquier lugar y durante todo el tiempo que alguien estuviera dispuesto a lanzársela.

La perra de los Renlund, Lady

Un día, después de haber lanzado varias veces la pelota para que me la trajera, decidí lanzar dos pelotas a la vez, una azul y otra amarilla. Lady salió corriendo tras la pelota azul, la recogió y comenzó a correr hacia mí, pero entonces vio la pelota amarilla. Dejó caer la pelota azul, corrió hacia la amarilla, la recogió y comenzó a acercarse a mí. Entonces pareció acordarse de la pelota azul, dejó la amarilla, se dio la vuelta, corrió hacia la azul, la recogió y comenzó a regresar. Al pasar junto a la pelota amarilla, se detuvo, dejó caer la azul, recogió la amarilla y volvió a correr. Entonces dejó caer la pelota amarilla, se dio la vuelta, corrió de regreso a la azul, la recogió y comenzó a correr hacia mí. Cuando Lady pasó de nuevo junto a la pelota amarilla, se detuvo bruscamente. Dejó caer la pelota azul y miró de un lado a otro a ambas pelotas. Al final se rindió, caminó hacia su canasta y se tumbó. Para Lady, dos pelotas eran demasiadas. Se sintió confundida, abrumada y desanimada.

En la vida tenemos que lidiar no solo con las preocupaciones azules y las amarillas, sino también con las rojas y las verdes, las naranjas y las moradas, con las de lunares y las de rayas, y con toda combinación posible. Tal vez nos sintamos como Lady: abrumados y desanimados, y que solo queramos volver a meternos en la cama.

No puedo añadir más tiempo a sus días ni eliminar las muchas preocupaciones que conlleva la vida moderna, pero sí puedo ofrecer este consejo: no todos los asuntos tienen el mismo valor, y mantener una perspectiva eterna nos ayuda a dar prioridad a aquello que tiene mayor valor. En este domingo de Pascua de Resurrección, reflexionemos sobre por qué centrarse en Jesucristo y en la “virtud infinita de Su gran sacrificio expiatorio” es lo más valioso y nos ayuda sin importar cuántas preocupaciones tengamos que afrontar. Su vida, Su misión y los frutos de Su Expiación nos bendicen infinita y diariamente.

Jesús vivió y murió para hacer la voluntad de Su Padre. Su Expiación infinita —la serie de acontecimientos que experimentó desde Getsemaní y Su muerte en la cruz hasta Su gloriosa Resurrección— es fundamental en el plan del Padre Celestial para nuestra salvación. El plan dependía de Jesucristo; no había alternativa. Él completó la Expiación y, al hacerlo, recibió “toda potestad […] en el cielo y en la tierra”.

Gracias a los méritos, la misericordia y la gracia de Jesucristo, podemos regresar al hogar de nuestro Padre Celestial y vivir en Su presencia. Esto solo es posible gracias a Jesucristo. El Salvador mismo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. Jesús, quien nos conduce a la salvación, tiene el poder de hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos gracias a que Él completó Su Expiación.

Reflexionen sobre estas razones por las que celebramos la Pascua. En primer lugar, Jesucristo venció la muerte; literalmente, se levantó de la tumba. Gracias a Él, la resurrección es un don universal e incondicional para todos los que vienen a la tierra. La muerte no es el final, porque el espíritu y el cuerpo volverán a unirse para no separarse jamás.

En segundo lugar, Jesucristo tiene tanto el poder como el deseo de salvarnos de nuestros pecados. Gracias a Jesucristo, cuando nos arrepentimos y lo seguimos, “inmediatamente obrará para [n]osotros el gran plan de redención”. El Redentor padeció el castigo por los pecados, las transgresiones y los errores de todos. Él puede declarar inocentes, y lo hará, a todos los que crean en Su nombre, se arrepientan, sigan la senda de los convenios y se esfuercen por perseverar hasta el fin. “Todo el género humano puede salvarse” gracias a Él y a Su sacrificio expiatorio. Todo significa todos. Si todos, entonces cualquiera. Si cualquiera, entonces incluso uno. Y si incluso uno, entonces incluso ustedes.

Jesucristo tiene una capacidad infinita para perdonar, y promete que “cuantas veces mi pueblo se arrepienta, le perdonaré sus transgresiones contra mí”. Gracias a Jesucristo, los pecados de los que nos hemos arrepentido con sinceridad no dejan ninguna cicatriz, huella ni rastro espiritual. No hay una letra escarlata que llevar en la ropa, ni ahora ni en la eternidad. Cuando nos arrepentimos con verdadera intención, la totalidad del pecado, no solo una parte de él, queda, en sentido figurado, clavado en la cruz y ya no padecemos sus consecuencias espirituales. Después de arrepentirnos no le debemos más a la justicia porque Jesús ha saldado la deuda; Él nos absuelve del castigo que merecíamos. Somos perdonados, nuestro corazón y nuestras manos quedan limpios, y el Señor no se acuerda más de nuestros pecados. El Señor nuestro Dios “¡es poderoso! ¡El salvará! [Y] se regocijará por [nosotros]”.

En tercer lugar, Jesucristo comprende nuestros desafíos, pues tomó sobre Sí no solo nuestros pecados, sino también nuestras aflicciones, enfermedades y flaquezas. Gracias a que soportó y completó el sacrificio expiatorio infinito, Él nos comprende a la perfección. Él puede ser quien “[nos] consuele” y nos dé “la paz que tanto [queremos]”. Él, y solo Él, puede tener en cuenta cada factor que determina quiénes somos: la genética, la capacidad intelectual, las tradiciones, las experiencias, las dolencias mentales y emocionales, y cualquier otra circunstancia que afecte nuestra identidad. Él, y solo Él, finalmente nos juzgará “según [nuestras] obras, según el deseo de [nuestros] corazones”.

Gracias a Jesucristo, todo lo que es injusto en la vida puede corregirse y se corregirá. Él consagrará nuestras aflicciones para nuestro provecho, santificará para nosotros nuestro más profundo pesar, endulzará la copa amarga y nos calmará de manera fiable y constante. Si se lo permitimos, no padeceremos “ningún género de aflicciones que no [sean] consumidas en el gozo de Cristo”.

Centrarnos en el Salvador, en Su Expiación infinita y en lo que Él ha hecho por nosotros traerá gozo y claridad a nuestra vida, sin importar cuántas otras preocupaciones tengamos. Por esa razón los profetas antiguos y modernos siempre nos han dirigido y siempre nos dirigirán a Cristo. Quizás recuerden que el presidente Russell M. Nelson enseñó: “Sean cuales sean las preguntas o los problemas que tengan, la respuesta siempre se halla en la vida y las enseñanzas de Jesucristo”. Y el presidente Dallin H. Oaks, el profeta viviente del Señor en la actualidad, simplemente declaró: “Jesucristo es la senda”.

No es necesario que se sientan como nuestra perrita, Lady —confundidos, desanimados y abrumados— cuando se enfrenten a demasiadas pelotas; no es necesario que se arrastren de vuelta a la cama y se acobarden. En su lugar, mantengan la vista en la pelota, céntrense en el Salvador y procuren “ese don de la grata Expiación”. Entonces podrán cantar con gozo y confianza junto con los niños:

Confiaré en Cristo, seguiré Su voz.

Él no me abandonará, aun en mi error.

Hallo fuerza en Cristo, me consolará;

paso a paso creceré con Su bondad.

Gracias a que Jesucristo completó la Expiación, Él tiene el poder de ayudarlos a ustedes a lo largo de su experiencia terrenal y de redimirlos de la muerte, tanto física como espiritual. Celebren cada día el gozoso mensaje de la Pascua al reflexionar a diario sobre las bendiciones que reciben gracias a Él. “Venid, abrid el alma hoy a vuestro Salvador”.

En esta mañana de Pascua, añado mi testimonio del “grande y maravilloso amor manifestado por el Padre y el Hijo en la venida del Redentor al mundo”. Jesucristo es la Resurrección y la Vida, el Unigénito del Padre, el Cordero digno que fue inmolado, nuestro Redentor, nuestro Salvador, nuestro Intercesor y, con toda certeza, el Señor Resucitado. “[Él] vive aunque muerto fue”. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Véase Dallin H. Oaks, “Bueno, mejor, excelente”, Liahona, noviembre de 2007, págs.104–108.

  2. El Cristo Viviente: El testimonio de los Apóstoles”, Biblioteca del Evangelio.

  3. Véase Traducción de José Smith, Mateo 27:54 (en Mateo 27:50, nota a al pie de página).

  4. Véase Mosíah 15:7–10.

  5. Mateo 28:18.

  6. Véase 2 Nefi 2:8.

  7. Juan 14:6.

  8. Véase Hebreos 2:10, New International Reader’s Version.

  9. Véase Doctrina y Convenios 138:15–17.

  10. Véanse Mosíah 15:8–9; Alma 11:37.

  11. Alma 34:31.

  12. Véase Alma 11:40.

  13. El tercer Artículo de Fe dice: “Creemos que por la expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio”.

  14. Véase Mosíah 26:29–30.

  15. Véase Ezequiel 33:12, 14–16. Si bien padeceremos por los pecados de los que no nos hayamos arrepentido, no sufriremos más castigo por aquellos de los que sí nos hayamos arrepentido (véase Dallin H. Oaks, “El amor divino en el plan del Padre”, Liahona, mayo de 2022, pág. 101).

  16. La letra escarlata es una novela de 1850 escrita por Nathaniel Hawthorne ambientada en la Nueva Inglaterra puritana del siglo XVII (una estricta comunidad religiosa en la América colonial). La protagonista, Hester Prynne, es condenada por adulterio y obligada a llevar una letra escarlata “A” en la ropa. La letra sirve como un símbolo visible de vergüenza, un castigo público.

  17. Véanse “Reina paz en mi ser”, Himnos — Para el hogar y la Iglesia, Biblioteca del Evangelio; Colosenses 2:13–15.

  18. Véase “En Ti pensamos”, Himnos — Para el hogar y la Iglesia, Biblioteca del Evangelio.

  19. Doctrina y Convenios 58:42–43 incluye el siguiente criterio: “Por esto podréis saber si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y los abandonará”. Moroni enseñó que los líderes de la Iglesia respondieron a la manera que el Señor había indicado: “Mas cuantas veces se arrepentían y pedían perdón, con verdadera intención, se les perdonaba” (Moroni 6:8).

  20. Sofonías 3:17.

  21. Véase Alma 7:11–12; véase también Dallin H. Oaks, “Fortalecidos por la expiación de Jesucristo”, Liahona, noviembre de 2015, págs. 61–64.

  22. “¿Dónde hallo el solaz?”, Himnos, nro. 69.

  23. Véase M. Russell Ballard, “Lo que sabemos y lo que no sabemos sobre el suicidio”, Liahona, marzo de 1988, pág. 16.

  24. Doctrina y Convenios 137:9; véase también 2 Nefi 9:41.

  25. Véase “El plan de salvación del Padre Celestial”, en Predicad Mi Evangelio: Una guía para compartir el Evangelio de Jesucristo, 2023, pág. 48.

  26. Véase 2 Nefi 2:1–2.

  27. Véase “Qué firmes cimientos”, Himnos, nro. 40.

  28. Véase “Savior, Redeemer of My Soul”, Hymns, nro. 112.

  29. Véase “¿Dónde hallo el solaz?”, Himnos, nro. 69.

  30. Alma 31:38.

  31. El presidente Russell M. Nelson enseñó:

    “El gozo que sentimos tiene poco que ver con las circunstancias de nuestra vida, y tiene todo que ver con el enfoque de nuestra vida.

    “Si centramos nuestra vida en el Plan de Salvación de Dios […] y en Jesucristo y Su Evangelio, podemos sentir gozo independientemente de lo que esté sucediendo —o no esté sucediendo— en nuestra vida. El gozo proviene de Él, y gracias a Él” (“El gozo y la supervivencia espiritual”, Liahona, noviembre de 2016, pág. 82).

  32. En esta dispensación, el profeta José Smith explicó: “Los principios fundamentales de nuestra religión […] concernientes a Jesucristo [son]: que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas […] son únicamente apéndices de ello” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 51–52).

  33. Russell M. Nelson, “La respuesta siempre es Jesucristo”, Liahona, mayo de 2023, pág. 127.

  34. “‘Jesucristo es la senda’, afirma el presidente Oaks en su primera entrevista como presidente de la Iglesia”, Church News, 16 de octubre de 2025, thechurchnews.com.

  35. A finales del siglo XIX, la frase “mantener la vista en la pelota” era un consejo literal para los jugadores de deportes como el béisbol o el cricket. Para batear con éxito, estos debían observar atentamente la pelota que se dirigía hacia ellos. Más tarde, la frase pasó a utilizarse en sentido figurado, sirviendo para advertir a las personas que se mantuvieran centradas y no perdieran de vista el objetivo principal. Este uso idiomático ha sido habitual en inglés durante más de un siglo.

  36. “Agua viva, pan de vida”, Himnos — Para el hogar y la Iglesia, Biblioteca del Evangelio.

  37. “Andaré con Cristo”, Himnos — Para el hogar y la Iglesia, Biblioteca del Evangelio.

  38. Véase Dallin H. Oaks, “¿Qué ha hecho nuestro Salvador por nosotros?”, Liahona, mayo de 2021, págs. 75–77.

  39. “Mirad las marcas de Jesús”, Himnos — Para el hogar y la Iglesia, Biblioteca del Evangelio.

  40. Doctrina y Convenios 138:3.

  41. “Yo sé que vive mi Señor”, Himnos, nro. 73.