Recordad, recordad
Toda promesa de redención, toda esperanza de resurrección y toda certeza de vida eterna fluyen a través de Jesucristo.
El Domingo de Pascua es la máxima celebración de la misión redentora de Jesucristo, especialmente de Su Resurrección. La época de Pascua de Resurrección invita a los discípulos de Jesucristo no solo a regocijarse, sino a recordar a nuestro Salvador.
¿Qué querría Dios que recordáramos? ¿Cómo nos lo haría saber? ¿Dónde encontraríamos Sus recordatorios? Hace unos diez años, mientras reflexionaba sobre estas preguntas, me vino a la mente un pensamiento claro: Él pondría Sus recordatorios en el Libro de Mormón. Nos repetiría “recuerda, recuerda”, tal como lo harían nuestros padres. El Libro de Mormón contiene cinco versículos que dicen “recordad, recordad”.
1. “Recordad, recordad” (Mosíah 2:41)
“Y además, quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad. ¡Oh recordad, recordad que estas cosas son verdaderas!, porque el Señor Dios lo ha declarado”.
Guardar los mandamientos de Dios es una bendición tanto temporal como espiritual. Si perseveramos hasta el fin, moraremos con Él en un estado de interminable felicidad. ¿No es algo increíblemente maravilloso? Sin embargo, ¿han pensado alguna vez en lo que sucederá si no guardamos Sus mandamientos?
2. “Recordad, recordad” (Alma 37:13)
“¡Oh recuerda, recuerda, hijo mío, Helamán, cuán estrictos son los mandamientos de Dios! Y él ha dicho: Si guardáis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra; pero si no guardáis sus madamientos, seréis desechados de su presencia”.
Dios nos recuerda que Sus mandamientos son firmes y que obedecerlos conlleva las bendiciones prometidas.
El presidente Dallin H. Oaks habló de cómo los mandamientos de Dios guían y dan estabilidad a nuestra vida. Dijo: “Nuestras experiencias en la vida terrenal se asemejan a un niño y su padre que volaban una cometa en un día ventoso. A medida que la cometa se elevaba, el viento tiraba del cordel que llevaba el niño en la mano. Inexperto ante la fuerza de los vientos terrenales, propuso cortar el cordel para que la cometa pudiera subir más. Su sabio padre le aconsejó que no lo hiciera, explicándole que el cordel es lo que sujeta a la cometa en su lugar frente a los vientos terrenales. Si perdemos el control del cordel, la cometa no se elevará más arriba, sino que será llevada por esos vientos e inevitablemente acabará estrellándose contra la tierra”.
Debemos regresar a nuestro Padre Celestial por medio de venir a Jesucristo. Ese fue el plan que acordamos y que hizo que nos regocijáramos (véase Job 38:7).
3. “Recordad, recordad” (Helamán 5:9)
“¡Oh recordad, recordad, hijos míos, las palabras que el rey Benjamín habló a su pueblo! Sí, recordad que no hay otra manera ni medio por los cuales el hombre pueda ser salvo, sino por la sangre expiatoria de Jesucristo, que ha de venir; sí, recordad que él viene para redimir al mundo”.
Jesucristo ocupa el centro mismo del plan de salvación y exaltación de Dios. Toda promesa de redención, toda esperanza de resurrección y toda certeza de vida eterna fluyen a través de Él. Sin Jesucristo, no hay salvación, ni victoria sobre el pecado y la muerte, ni camino de regreso a nuestro Padre Celestial. Él es el fundamento mismo de todo el plan de salvación y exaltación.
4. “Recordad, recordad” (Helamán 5:12)
“Y ahora bien, recordad, hijos míos, recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento, para que cuando el diablo lance sus impetuosos vientos, sí, sus dardos en el torbellino, sí, cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten, esto no tenga poder para arrastraros al abismo de miseria y angustia sin fin, a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, que es un fundamento seguro, un fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán”.
El élder David A. Bednar enseñó cómo podemos asegurar ese fundamento en nuestra vida: “Los sagrados convenios y ordenanzas del Evangelio restaurado del Salvador pueden compararse con los pernos de anclaje y las varillas de acero que se utilizan para conectar el edificio con la roca firme. Cada vez que recibimos, repasamos, recordamos y renovamos fielmente los convenios sagrados, nuestras anclas espirituales se fijan cada vez más segura y firmemente a la ‘roca’ de Jesucristo”.
5. “Recordad, recordad” (Helamán 14:30)
“Así pues, recordad, recordad, mis hermanos, que el que perece, perece por causa de sí mismo; y quien comete iniquidad, lo hace contra sí mismo; pues he aquí, sois libres; se os permite obrar por vosotros mismos; pues he aquí, Dios os ha dado el conocimiento y os ha hecho libres”.
El Libro de Mormón fue escrito para nuestros días y para nuestro futuro. Al estudiar sus páginas, llegamos a conocer la verdad. A medida que comprendemos sus enseñanzas, estas comienzan a moldear nuestro corazón. Conforme interioricemos sus mensajes y nos sumerjamos en sus palabras, seremos guiados para discernir entre el bien y el mal y seremos facultados para usar sabiamente el albedrío que Dios nos ha dado.
¿Todavía recuerdan los cinco grupos de versículos de “recordad, recordad” del Libro de Mormón?
Son estos:
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Podemos morar con Dios en un estado de interminable felicidad si guardamos Sus mandamientos.
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Seremos desechados de la presencia de Dios si no guardamos Sus mandamientos.
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Solo podemos ser salvos por la sangre expiatoria de Jesucristo.
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No caeremos si edificamos nuestro fundamento sobre Jesucristo.
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Se nos dio conocimiento y albedrío para escoger y actuar sabiamente.
Recordemos, recordemos a nuestro Salvador, especialmente en esta época de Pascua de Resurrección. Él ha resucitado; desea que vengamos a Él. Oremos unidos para que guardemos Sus mandamientos, utilicemos nuestro albedrío moral sabiamente cada día y nos preparemos para Su glorioso regreso en Su cuerpo resucitado. En el nombre de Jesucristo. Amén.