Él los conoce por su nombre
El nombre que más influencia eterna tiene en nosotros es el sagrado nombre de Jesucristo.
Hace años, al acercarme nervioso al púlpito para hablar en una conferencia de estaca, mi hija, tratando de calmar mis nervios, me dijo: "Papá, no te preocupes por cometer un error. De todos modos, aquí nadie recordará nuestro largo apellido".
Mi apellido, Matswagothata, es de Botsuana. En mi lengua materna significa “salir de una situación difícil” o “alguien que hace cosas difíciles”. Aunque no siempre creo que pueda hacer cosas difíciles, mi apellido me recuerda que el Salvador puede y nos guiará en cada etapa de la vida, sobre todo en momentos difíciles.
Todos necesitamos recordatorios así durante nuestro trayecto terrenal. Tal vez es por eso por lo que nuestro amoroso Padre Celestial nos da la oportunidad cada semana de hacer un convenio con Él como parte de la ordenanza de la Santa Cena. Nos invita a tomar sobre nosotros el nombre de Su Hijo, a recordarlo siempre y a guardar Sus mandamientos. Nos da poder para vencer los desafíos de la vida mortal.
Recuerden quiénes son
Aunque mi apellido le ha brindado esperanza y resiliencia a mi familia, me regocijo más en el nombre de Jesucristo, porque mediante este, quienes vienen a Él, pueden ser salvos. Aun cuando Jesucristo nos invita a recordarlo siempre y tomar sobre nosotros Su nombre, Él también nos recuerda y nos conoce por nuestro nombre.
En el Antiguo Testamento, el Señor enseñó a Moisés esta verdad: “Te he conocido por tu nombre”.
En el Jardín de Edén, llamó a Adán.
En el sepulcro vacío, llamó a María.
En el camino a Damasco, llamó a Saulo.
Y en la Arboleda Sagrada, llamó a José.
Él los llamó a todos por su nombre.
Él los conoce y los llama a ustedes por su nombre también, desde ciudades concurridas a pueblos tranquilos, en el idioma que hablen. Él los escucha, los ve y los conoce.
Él conoce sus alegrías y se regocija con ustedes. Él conoce sus pesares y puede socorrerlos y elevarlos. Gracias a Su Expiación, Él conoce sus cargas, dolores y lágrimas silenciosas. El profeta Alma enseñó que, mediante Su Expiación, Jesucristo “tomar[ía] sobre sí los pecados de su pueblo”.
Alma también enseñó que “él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y […] tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo […], a fin de que […] sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos”.
Otros se pondrán en su camino
Hermanos y hermanas, muchos cargan en silencio dolores, enfermedades, soledad, ansiedad u oraciones sin respuesta aparente. Otros afrontan conflictos, pobreza o aislamiento que muy pocos de nosotros comprendemos plenamente.
Cuando la vida parezca injusta y confusa, en los momentos oscuros cuando se vean tentados a preguntar: “Oh Dios, ¿en dónde estás?” recuerden esta poderosa verdad: Él los conoce. Él quien “descendió debajo de todo” sabe cómo sanar su corazón quebrantado y restaurarlos a ustedes nuevamente. Confíen en Su promesa de que el sol saldrá de nuevo, y que mañana será mejor que hoy.
Aprendí esto de manera más profunda en una época difícil de mi vida. Cuando era un joven presidente de estaca y mi esposa, Busi, y yo criábamos a nuestra familia, parecía venir un desafío tras otro. Acabábamos de enterrar a mi madre. Dos semanas después, volvimos a estar junto a una tumba, esta vez con mi consejero, llorando la muerte de su hijo adolescente. Las presiones del trabajo me abrumaban y me preguntaba si estaba a la altura para enfrentar los desafíos de la vida en casa, en el trabajo y ante el Señor.
La canción de la Primaria expresaba bien mis oraciones: “Padre Celestial, dime, ¿estás ahí? ¿Y escuchas siempre cada oración?”.
La respuesta me llegó de forma inesperada.
Un domingo, mientras iba a una conferencia de barrio, derramé mi corazón al Señor. Al llegar al centro de reuniones, un alegre niño de la Primaria me detuvo y me dijo: “Tenemos que hablar”. Con una expresión muy seria, preguntó, casi con voz de regaño: “¿Cuándo dejará de ser un niño travieso?” Yo sabía que estaba en problemas. Antes de que pudiera responder, él agregó: “Cada mañana y cada noche, mis padres nos piden que oremos por usted”.
Nunca podré describir por completo lo que sentí mientras permanecí allí de pie. Me sentí visto, me sentí amado, sentí que me conocían y que no estaba solo. Y al mirar al niño a los ojos, sentí la calidez del amor del Salvador.
Para Él, nunca estamos perdidos entre la multitud. Él sabe cómo comunicarse con nosotros por medio de un himno, una sonrisa, una palabra amable y, a veces, personas inesperadas. Así como esa familia oró por mí, hay alguien orando por ustedes.
Recuerden: su dolor no es una señal de que Dios no los ama. Él realmente los ama. El presidente D. Todd Christofferson enseñó: “En medio de este fuego purificador, en lugar de enojarte con Dios, acércate a Él”.
Se nos invita a andar con Él
El Salvador no solo los conoce, sino que también desea que ustedes lleguen a conocerlo a Él y a Su Padre. En Su Oración Intercesora, Jesús declaró: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.
Él es el Buen Pastor que nos conduce a pastos verdes y aguas de reposo. Él es la Luz del mundo que ilumina nuestra senda para que no andemos en tinieblas.
La pregunta no debería ser: “¿Andará conmigo el Salvador?”. Él lo hará. La verdadera pregunta es: “¿Andaré yo con Él?”.
Al escoger andar con Jesucristo, todo comienza a cambiar. Él ya no es un conocido casual, sino un leal amigo celestial. Los invito a que decidan recordarlo y seguirlo, no de forma casual ni ocasional, sino deliberadamente y siempre. Ruego que lleguemos a ser la clase de discípulos que se fijan, tienden la mano y elevan, como lo hizo el Salvador.
Testifico que, al escuchar Su voz en las Escrituras, seguir las enseñanzas de los profetas y apóstoles vivientes, arrepentirnos a diario y oír Su invitación de “ven, sígueme”, hallaremos paz en este mundo tumultuoso.
Sentiremos Su Espíritu y tendremos gozo aun en los momentos más difíciles. Hallaremos fortaleza para confiar en Él y en Sus promesas de un mañana mejor.
“Salir de una situación difícil” es más que un apellido para mí. Es un testimonio de una realidad eterna: que mediante la fe en Jesucristo y al tomar sobre nosotros Su nombre gracias a los convenios que hicimos en el bautismo, la Santa Cena y en Su Santa Casa, nos da acceso a Su poder habilitador que puede y cambiará nuestra vida. Sé que, en Su tiempo y a Su manera, siempre hay una manera de avanzar. Porque Él no solo conoce el camino; Él es el camino.
Ya sea que su nombre represente a la primera generación en la Iglesia o a un legado multigeneracional de fe, el nombre que más influencia eterna tiene en nosotros es el sagrado nombre de Jesucristo. Honramos a los que nos precedieron, pero sobre todo lo honramos a Él, porque en Su nombre estamos unidos mediante la identidad por convenio.
Testifico que Jesucristo restauró Su Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Lleva Su nombre y contiene la plenitud de Su Evangelio, con ordenanzas y convenios que nos unen a Él. Testifico que Jesús es el Cristo, el Príncipe de Paz. Él renovará nuestra fortaleza y nos brindará gozo, porque Él viene “con sanidad en sus alas”. Él nos tiende la mano una y otra vez porque desea guiarnos a casa, uno por uno, por nombre. En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.