El gozo de una relación por convenio con Dios
Dondequiera que se encuentren ahora, sea lo que sea que estén pasando en su vida, pueden sentir el amor infinito de Dios manifestado por medio de Su Hijo Jesucristo.
Mis amados hermanos y hermanas, me siento humilde por el privilegio de dirigirme a ustedes en este domingo de Pascua de Resurrección. Ruego que el Espíritu del Señor esté con ustedes y conmigo en este momento sagrado y que continúe enseñándonos e inspirándonos al estar reunidos como discípulos de Jesucristo para adorarlo.
En algunas partes del mundo, las personas tienen una forma única y especial de intercambiar saludos en la mañana de la Pascua de Resurrección. El saludo pascual, también conocido como la aclamación de Pascua o saludo del día de Pascua, es una costumbre entre muchos cristianos.
El que saluda dice: “Cristo ha resucitado”.
La otra persona responde: “En verdad ha resucitado”.
Esto es más que un simple saludo o declaración; es una celebración del don divino que el Padre Celestial nos ofrece. Comprender lo que Jesucristo ofrece por medio de Su Expiación y Resurrección nos brinda consuelo, paz y seguridad a todos. Sin la Expiación infinita de Jesucristo, nadie tendría la esperanza de regresar a nuestro Padre Celestial. Y sin Su Resurrección, la muerte sería el fin.
El Salvador Jesucristo confirmó el propósito divino de Su Expiación cuando dijo: “Si venís a mí, tendréis vida eterna. He aquí, mi brazo de misericordia se extiende hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré; y benditos son los que vienen a mí”.
“Venid a mí” es una invitación divina que significa que dondequiera que se encuentren ahora, sea lo que sea que estén pasando en su vida, pueden sentir el amor infinito de Dios manifestado por medio de Su Hijo Jesucristo.
Ciertamente, nuestro Padre Celestial tiene un amor especial por cada persona que hace convenio con Él en las aguas del bautismo. Ese amor divino se profundiza a medida que se hacen convenios adicionales en la Casa del Señor y se guardan fielmente.
Nathalie y yo experimentamos ese amor divino durante una época muy difícil de nuestra vida como esposo y esposa, y como compañeros eternos. Hemos sido bendecidos con diez hijos. Cuando menciono esto, muchos jóvenes preguntan: “¿Cómo?”. Y yo respondo: “Simplemente así son las cosas”.
Sufrimos la muerte de cuatro de nuestros hijos al comienzo de nuestro matrimonio. Después del fallecimiento de tres de nuestros hijos, Nathalie y yo nos cuestionamos y nos hicimos muchas preguntas, como las que el profeta José Smith hizo en la cárcel de Liberty: “Padre Celestial, ¿en dónde estás? ¿Escuchas nuestros clamores y oraciones?”.
Pronto sabríamos que ese no era el final de nuestras pruebas, cuando falleció Allan Mutombo, nuestro bebé de nueve meses. Lo encontré en su cuna. Sosteniendo su cuerpo en mis brazos, lloré ese día, suplicando un milagro. Sin embargo, como saben, el plan de Dios para nosotros es perfecto y, ese día, Él decidió llevar a Allan de regreso con Él. Mis oraciones no cambiaron Su designio ni Su voluntad.
Para agregar más desafíos, después del funeral, nuestros parientes se reunieron y decidieron, sin consultarnos, que la tradición requería que Nathalie y yo nos separáramos, y me pidieron que sacara las pertenencias de mi esposa de la casa porque habíamos perdido a muchos hijos.
Fui a la casa y oré pidiendo fortaleza para afrontar esa adversidad. Me vinieron a la mente las palabras de este maravilloso himno escrito por Emma Lou Thayne: “¿Dónde hallo el solaz?”.
También recordé las palabras de nuestro sellamiento en el templo y las promesas que hicimos a Dios y entre nosotros. Sentí mucha paz y la seguridad de que Nathalie y yo somos hijo e hija de un Padre Celestial amoroso que nos cuida.
Sentí el amor del Salvador y Su mano elevándome.
Salí con las manos vacías y dije a las personas que estaban allí: “Lo siento, pero Nathalie es mi compañera eterna. Nos estamos esforzando juntos por edificar una familia eterna y el Salvador nos está ayudando a lograrlo”.
Se opusieron a mi decisión, pero ejercer mi fe en Jesucristo me hizo más fuerte.
Al enseñar acerca de nuestro discipulado y nuestra relación por convenio con nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador Jesucristo, nuestro profeta, el presidente Dallin H. Oaks, dijo: “Seguir a Cristo no es una práctica casual ni ocasional, sino una dedicación continua y una manera de vivir que debe guiarnos en todo tiempo y en todo lugar. Sus enseñanzas y Su ejemplo definen la senda para todo discípulo de Jesucristo”.
Guardar los convenios “exigiría a los seguidores [del Salvador] dejar atrás lo que Él llamó ‘lo que los hombres tienen por sublime’ (Lucas 16:15) y ‘la tradición de los hombres’ (Marcos 7:8)”.
El milagro por el que Nathalie y yo oramos ocurrió después de defender la verdad y la luz que hay en Jesucristo. Recibimos una fuerte confirmación de que Cristo obra milagros de acuerdo con nuestra fe en Él. A veces las cosas no salen como esperamos en la vida terrenal y, a veces, necesitamos la fe en Jesucristo de que todo saldrá bien al final.
Ahora tal vez ustedes digan: “Yo no estoy afrontando el mismo desafío; ¿cómo se aplica eso a mí?”. Durante esta vida terrenal, cada uno de nosotros afrontará sus propios días oscuros, momentos en los que las cosas no suceden como se espera. Cuando afronten esta oscuridad de dolor, recuerden ese día oscuro cuando Jesucristo fue humillado y magullado, maltratado, vilipendiado y levantado en la cruz por ustedes y por mí.
Ese día estuvo lleno de un pesar devastador y devorador que carcomió las almas de quienes amaban y honraban a Jesucristo. Pero el pesar de aquel día no fue para siempre. La desesperación no perduró porque, el domingo, el Salvador resucitado venció las ligaduras de la muerte. Así que, no importa cuán oscuros sean sus días, recuerden que el domingo llegará si guardan fielmente los convenios que hicieron con el Señor.
El plan de nuestro Padre Celestial para nosotros es felicidad ahora y gozo para siempre en Su presencia. Él nos da leyes y mandamientos, y hace convenios con nosotros para bendecirnos. Su deseo, propósito y gloria son que regresemos a Él puros, habiendo probado que somos dignos de una eternidad de gozo en Su presencia.
Nosotros conocemos el objetivo del adversario. Él busca que todos “sean miserables como él”. Él quiere que quebrantemos nuestros convenios para traer tristeza sobre nosotros. Él está comprometido a destruirnos. El programa de Satanás a menudo se describe como “juega ahora y paga después”; también trata de enseñar que nunca hay consecuencias ni responsabilidad por nuestras acciones.
El presidente Ezra Taft Benson enseñó:
“La gran prueba de la vida es la obediencia a Dios […].
“La gran labor de la vida es averiguar cuál es la voluntad del Señor y luego obedecerla.
“El gran mandamiento de la vida es amar al Señor”.
Podemos crecer en humildad y fortalecer nuestra relación por convenio con nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador Jesucristo si cambiamos nuestra naturaleza para volvernos como un niño, si edificamos nuestra vida sobre la roca, que es el Salvador Jesucristo, si nos rendimos con fe en Él y si respondemos a la guía del Espíritu Santo de guardar fielmente los convenios hechos con el Señor en nuestro bautismo y en la casa del Señor.
Sé que Dios vive y testifico que Jesús es el Cristo. Testifico que el presidente Dallin H. Oaks es el profeta de Dios sobre la tierra.
Cristo ha resucitado. En verdad ha resucitado. En el nombre de Jesucristo. Amén.