2025
Aceptar el llamado de servir en una misión
Agosto de 2025


Voces de los miembros

Aceptar el llamado de servir en una misión

Un par de misioneras visitaron a mis abuelos maternos en mi natal Chiantla, Huehuetenango, y les dejaron un folleto denominado “El testimonio del profeta José Smith”. Un día, cuando los visité, mis tíos me dijeron que podía quedarme con el folleto; a ellos no les interesaba. Me sentí muy impresionado con el contenido del folleto. Poco tiempo después, me trasladé a la ciudad de Quetzaltenango para iniciar mis estudios universitarios. Allí, un día, al ir por una calle, vi a dos caballeros de camisa blanca y corbata; rápido los asocié con el folleto. Tres meses después, fui bautizado.

Al poco tiempo, mi obispo me invitó a considerar la posibilidad de servir en una misión de tiempo completo. Le dije que a corto plazo no lo estaba considerando, que primero debía graduarme.

El Señor siempre nos muestra el camino

Un día fui invitado a una charla de Seminarios e Institutos en el centro de estaca. Mientras escuchaba cada mensaje, me invadió un sentimiento muy poderoso; había algo que me decía que debía servir como misionero de tiempo completo. Al ir de regreso a la casa donde estaba hospedado, un vehículo se paró y ofreció llevarme. El hermano que conducía me preguntó qué me había parecido la charla. Le comenté sobre el sentimiento que me embargaba. Él me dijo que esa era la voz del Espíritu Santo, que bien haría en considerarla.

A la siguiente semana llegó al lugar donde me hospedaba el secretario de la presidencia de estaca. Él me dijo que el presidente de estaca lo había enviado para iniciar el proceso del llenado de mi papelería para la misión. Quedé sorprendido; le dije que yo no tenía planes de ir a la misión. Cuando se estaba despidiendo, no pude evitar decirle que iniciáramos el proceso, y así lo hicimos.

El Señor siempre proporciona los medios para cumplir Sus mandamientos

Al poco tiempo, recibí mi llamamiento para servir en la Misión Honduras Tegucigalpa. Al ver la lista de lo que se necesitaba, me di cuenta de que lo único que tenía era un traje, una camisa blanca y una corbata. El presidente de estaca me proporcionó un lote de camisas que podría vender para tener una ganancia. Un hermano zapatero me dio un par de zapatos, una hermana me proporcionó una maleta, otra hermana una cámara y, cuando me di cuenta, había completado la lista; fue una gran bendición.

El tiempo en la misión fue muy especial. ¡Predicar el Evangelio de Jesucristo a los hijos de Dios es lo mejor! Estoy sumamente agradecido con aquel coordinador de Seminarios e Institutos que me preguntó qué había sentido en aquella charla de estaca. Lejos estaba yo de imaginarme que veintitrés años después, cuando él se jubiló, yo tomaría su lugar.

Invito a los que están considerando servir en una misión de tiempo completo a que confíen en el Señor y sean instrumentos en Sus manos para llevar a cabo Su obra. Él bendice grandemente a quienes le sirven.