2025
Confía en Él
Agosto de 2025


Voces de los miembros

Confía en Él

“No te des por vencido. Sigue caminando. Sigue tratando. Habrá ayuda y felicidad más adelante”.

Desde que mi familia y yo nos unimos a la Iglesia, siempre tuve el deseo de servir en una misión y esperaba con anhelo tener diecinueve años para poder servir; por fin había llegado ese momento. Durante el proceso de mi solicitud, mi hermana menor empezó a presentar problemas de salud, por lo que estuvo algunos meses internada en el hospital y finalmente fue diagnosticada con lupus.

Momentos de duda

Me sentía demasiado triste. Las cosas no estaban pasando como yo esperaba y opté por parar todo el proceso para servir en una misión. Quería apoyar a mi hermana y a mi familia. En una ocasión, una hermana me dijo que debía seguir con el proceso de mi carpeta misional antes de que mis exámenes médicos vencieran y pensé que era muy desconsiderado de su parte pensar solo en eso cuando sabía por la prueba que mi familia estaba pasando. Le dije que creía que ya no serviría en una misión. Ella me dijo: “¿Le has preguntado al Señor?”. Esa pregunta me impactó mucho y medité mucho en ella durante el resto de la semana.

Consultemos al Señor

Un domingo, después de haber vuelto a casa de la iglesia, decidí abrir el Libro de Mormón y encontré este versículo: “Mas he aquí, os digo que debéis orar siempre, y no desmayar; que nada debéis hacer ante el Señor, sin que primero oréis al Padre en el nombre de Cristo, para que él os consagre vuestra acción, a fin de que vuestra obra sea para el beneficio de vuestras almas”. Esa misma noche oré e hice un convenio con el Señor de que, si Él nos ayudaba en el proceso de recuperación de mi hermana, yo iría a la misión.

Tiempo después, mi hermana se recuperó y le dieron de alta. No puedo describir el sentimiento de gratitud que sentí hacia el Señor porque me escuchó y me ayudó cuando más lo necesitaba. Así que seguí con el proceso y recibí mi llamamiento.

Finalmente logré cumplir uno de mis sueños: poder ayudar al Señor en el recogimiento de Israel. Meses después, mientras estaba en el campo, mi hermana fue internada nuevamente, pero confiaba en las promesas del Señor. Los días pasaban, pero mi hermana no mejoraba. Oramos mucho al Padre para que se hiciera Su voluntad. Siete meses después de haber iniciado mi servicio misional, en la madrugada de un 3 de enero, mi hermana falleció.

Confiemos en Él

Me sentía profundamente triste, pensaba que tal vez mi fe no fue lo suficientemente grande como para ver un milagro. Me pregunté si realmente el Señor me amaba; todo esto me parecía injusto. Yo estaba sirviéndole como misionera, ¿por qué no me ayudó? En medio de todos estos sentimientos de duda y frustración, decidí orar y encontré la paz que necesitaba, por lo que decidí terminar mi misión.

En los días subsiguientes, todavía era difícil para mí escuchar testificar a las personas sobre los grandes milagros en su vida, que yo no tuve. Sin embargo, nuevamente pude sentir el amor de Dios en mi vida a través de la oración, el estudio de las Escrituras y el ayuno. Al perderme en Su obra y compartir Su Evangelio con otras personas, pude incrementar mi testimonio acerca del plan de salvación y recordé que, gracias a la Expiación de nuestro Salvador, iba a poder reunirme con mi hermana otra vez. Terminé la misión, convirtiéndose en una de las mejores etapas de mi vida.

Sé y testifico que nuestro Padre Celestial siempre está ahí tendiendo Su mano para ayudarnos a salir de las profundidades de donde nos encontramos. Jesucristo vive y nos ama; Él conoce cada una de nuestras aflicciones y dificultades, y siempre estará dispuesto a ayudarnos. Testifico que las familias pueden ser eternas y, si nos esforzamos por ser diligentes en esta tierra, nos reuniremos con ellas nuevamente y esta vez para siempre.

Con la ayuda de Homar Argüello.

Notas

  1. Vëase élder Jeffrey R. Holland, “Sumo sacerdote de los bienes venideros”, Conferencia General de octubre de 1999.

  2. 2 Nefi 32:9.