Voces de los miembros
Cuando el Señor llama: un testimonio de servicio
Tenía veinticuatro años cuando el Señor me llamó por primera vez. Aquel día, en una reunión de trabajo, sentí un fuerte impulso de salir inmediatamente hacia mi hogar. Sin entender el motivo, obedecí. Segundos después estaba en mi casa, cuando el presidente Schoenfeld llegó para hablar con mi esposa y conmigo. Días más tarde, en representación del Señor, me extendió el llamamiento para ser su consejero en la presidencia de la estaca.
Ese fue el inicio de un viaje de aprendizaje y crecimiento. Durante ese tiempo, nacieron nuestros cuatro hijos, lo que significó equilibrar las responsabilidades familiares con el servicio en la Iglesia. El servicio en el Reino de Dios es una oportunidad de crecimiento, refinamiento y amor. Durante veintitrés años, tuve el privilegio de servir como consejero de estaca bajo la dirección de tres presidentes, cada uno con cualidades excepcionales que marcaron mi vida y mi forma de servir.
Las lecciones de tres grandes líderes
A lo largo de los años, cada uno de los presidentes con los que serví dejó una huella imborrable en mi vida:
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El amor por las personas: De mi primer presidente aprendí a ver a cada miembro con los ojos del Salvador, buscando entender sus necesidades y servirles con empatía.
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El amor por las Escrituras: Mi segundo presidente modeló la importancia de escudriñar las Escrituras, aplicarlas y enseñarlas con poder.
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Liderar con humildad: Finalmente, mi tercer presidente me mostró que el liderazgo eficaz se basa en la humildad, en confiar en el Señor y en inspirar a los demás a servir.
El servicio transforma
Cada día en la obra del Señor me enseñó que el discipulado es un camino de sacrificio y bendiciones. El Señor no solo llama a quienes están preparados, sino que prepara a quienes llama. Testifico que el servicio en Su obra ha sido una de las mayores bendiciones de mi vida. El Evangelio de Jesucristo transforma corazones y servir en Su Reino es un privilegio que nos acerca más a Él.
El Señor nos invita a dedicar nuestra vida a Su servicio, sin importar cuál sea nuestro llamamiento o asignación. Los invito a reflexionar sobre cómo pueden servir mejor a los demás y responder con valentía cuando el Señor llame. No teman dar un paso adelante, confíen en Su guía y entreguen el corazón a Su obra. Como dijo el Salvador: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame”.