2025
Sentada en el camino del Salvador
Agosto de 2025


“Sentada en el camino del Salvador”, Liahona, agosto de 2025.

Voces de los Santos de los Últimos Días

Sentada en el camino del Salvador

Al enfrentarme a una grave enfermedad, no sabía cómo seguir adelante hasta que hube experimentado la sanación del Salvador.

Mujer con flujo de sangre toca el manto de Cristo

Hace tres años me diagnosticaron la enfermedad de Parkinson, un trastorno que causa temblores y rigidez progresivos. Fue una noticia abrumadora y pensé que mi vida había terminado.

En los meses siguientes caí en un pozo de oscuridad, ansiedad y depresión. Tenía miedo de los desafíos que me esperaban. Pensé que no podría vivir mucho tiempo con el dolor continuo en los brazos y los temblores en las manos. ¡Cuánto anhelaba sentarme en el camino del Salvador y tocar Su manto, como lo hizo la mujer con flujo de sangre!

“Porque decía: Si tocare tan solo su manto, quedaré sana” (Marcos 5:28).

A pesar del tratamiento médico y de las muchas oraciones suplicando alivio, la cura no llegó. Un día, al abrir mi corazón al Padre Celestial, obtuve un entendimiento más profundo. El Señor me estaba sanando, pero no con la sanación física que yo esperaba, sino con la que necesitaba: la sanación espiritual.

Fue entonces cuando me di cuenta de que mi confianza en la “guía espiritual” de Dios iba en aumento. Mis oraciones y empatía por los demás se volvieron más fervientes. Comencé a dedicar tiempo todos los días a meditar y alejarme de las distracciones, buscando las lecciones que podía aprender de mis desafíos. La Expiación de Jesucristo cobró un nuevo significado y mi necesidad de arrepentirme se hizo más urgente.

En medio de mi dolor, cuando sentía que no tenía nada más que aportar, me sorprendió recibir un llamamiento para servir como presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio. El olvidarme de mis problemas mientras servía a otras mujeres fue una bendición de un Padre amoroso, como si me estuviera diciendo que aún confiaba en mí. A cambio, he recibido el amor y el cariño de hermanas bondadosas que comprenden mis dificultades.

Hoy siento que estoy sentada en el camino del Salvador. Mientras lo espero, mis desafíos me están refinando.

El Señor puede sanar nuestro dolor, ya sea físico, emocional o espiritual, pero debemos ejercer fe en Su sanación y esperar con paciencia. En algún lugar del camino, el Salvador estará tan cerca que podremos tocar Sus vestiduras y escucharlo decir: “Hija, tu fe te ha sanado; ve en paz y queda sana de tu aflicción” (Marcos 5:34).