“Cómo puede ayudarnos Dios a elegir qué camino tomar”, Liahona, agosto de 2025.
Tomado de la Publicación semanal para jóvenes adultos
Cómo puede ayudarnos Dios a elegir qué camino tomar
Cuando las cosas no me estaban saliendo bien en la vida, acudí a Dios.
Por mucho tiempo, parecía que nada me salía bien en la vida.
Tengo trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y siempre tuve dificultades en la escuela, así que no sabía qué hacer con mis estudios o mi trabajo. También me había alejado de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; sentía que no pertenecía a ningún lugar.
A menudo pensaba: “¿Por qué nada sale bien? Todo el mundo parece tener la vida resuelta”.
Un camino diferente
Acudí a Jesucristo en mi peor momento. A medida que llegué a conocerlo mejor y experimenté Su amor, desarrollé un profundo deseo de seguirlo. Comencé a hacer cosas que me acercaban más a Él, como leer el Libro de Mormón a diario, orar e ir a la iglesia todos los domingos. Me esforcé por vivir de acuerdo con normas más elevadas, aun cuando se requirió de mucho valor para vivir de manera diferente a mis amigos.
Cuando decidí poner a Cristo en primer lugar, todo lo demás comenzó a encajar.
Por ejemplo, descubrí un curso que me enseñó principios de administración de negocios y me dio el valor para iniciar mi propio negocio. Mi fe, que acababa de renacer, me ayudó a tener la fuerza para probar un nuevo camino y superar mi temor al fracaso.
El Padre Celestial me guio en mis relaciones interpersonales. Perdí algunas amistades, pero tuve la bendición de hacer nuevos amigos en la Iglesia. Me acerqué más a mis padres y hermanos menores, y también tuve mejores experiencias al salir en citas. Experimenté la veracidad de la promesa del Señor: “Sed creyentes, y todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien” (Doctrina y Convenios 90:24).
Compartir la Luz
Sentía que finalmente estaba satisfecha con mi vida: mi negocio iba muy bien, encontré un buen apartamento para vivir y mis relaciones interpersonales mejoraron.
Sin embargo, al pensar en lo mucho que Dios me había ayudado, no podía evitar el sentimiento de que quería hacer más para compartir Su Evangelio con los demás. Consideré servir en una misión, pero ¿y si perdía todo lo que tanto me había costado construir?
Un domingo oré y ayuné en cuanto a servir en una misión. Dios me había ayudado a saber qué camino tomar en la vida y confiaba en que podría ayudarme de nuevo.
Asistí a la Iglesia con mi primo en un barrio muy alejado de donde vivía. Me sorprendió ver allí a una misionera de la que me había hecho amiga un año antes. Sabía que no era una coincidencia que me hubiera encontrado con ella mientras ayunaba.
Después de las reuniones le expresé mis temores de perder todas las cosas que me iban bien en la vida. Mi amiga dijo: “Estuve en una situación similar antes de mi misión. Todo parecía demasiado perfecto como para irme, pero sabía que el Señor quería que sirviera”.
Después de nuestra conversación, la impresión de servir se hizo más fuerte. Sentí que el Padre Celestial me estaba ayudando a saber una vez más qué camino tomar; solo tenía que actuar y confiar en Él. Así que, al día siguiente, comencé a trabajar en mi solicitud misional.
Confiar en la senda que conduce a Él
Algunas personas podrían pensar: “¿Por qué tiras todo por la borda para servir en una misión?”. Sin embargo, yo tengo fe en que si hago lo que el Padre Celestial pide, Él me ayudará a resolver todo.
Cuando pongo toda mi confianza en Dios, Él me ayuda a encontrar mi camino en la vida. He aprendido que soy Su hija excepcional y que me da oportunidades excepcionales para acercarme más a Él. Debido a que sé que soy Su hija, no tengo que seguir el camino que el mundo tiene para mí: sé que Dios tiene uno mejor.
El élder Patrick Kearon, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Nuestro amoroso Padre supervisó la Creación de esta tierra con el propósito específico de brindarnos a ustedes y a mí la oportunidad de […] utilizar el albedrío moral que Dios nos ha dado para escogerlo a Él, aprender y crecer, cometer errores, arrepentirnos, amar a Dios y a nuestro prójimo, y un día volver a casa con Él”.
Me asombra la forma en que Dios ha guiado mi vida. Al utilizar mi albedrío para seguir este nuevo camino y servir en una misión, he sentido que la luz y el amor de Jesucristo calman mis temores. Sé que cuando regrese a casa podré tomar más decisiones con confianza si sigo confiando en Ellos.
Cuando te esfuerces por seguir al Padre Celestial, Él te ayudará a confiar en tu albedrío, sin importar qué camino tomes, siempre y cuando ese camino te lleve de regreso a Él.