Solo en formato digital: Respuestas de un Apóstol
¿Cómo puedo vivir mi vida con optimismo?
Estas son tres cosas que puedes elegir hacer para ser optimista, alegre y de buen ánimo.
Quiero compartir algunos pensamientos sobre ver el lado positivo de la vida. Deseo que cada uno de ustedes sea optimista, feliz, de buen ánimo, y también que se sientan unidos en y por medio del Evangelio de Jesucristo para ser uno con el Salvador.
Vivimos en una época la más descortés, negativa, airada y tumultuosa de toda mi vida. Muchas personas en todo el mundo parecen abatidas y desanimadas.
Mi deseo es que comprendan lo importante que es para ustedes buscar el lado positivo de la vida y también estar unidos a nuestro Salvador.
Ser agradecidos
Ser optimista y tener buen ánimo es una decisión que cada uno de nosotros puede tomar. Esta actitud generalmente comienza con ser agradecido. La gratitud es el primer paso hacia el optimismo y el buen ánimo.
Hay mucho por lo que debemos estar agradecidos. Vivimos en la última dispensación y tenemos el Evangelio restaurado de Jesucristo no solo para guiarnos ahora, sino también para proporcionarnos un futuro brillante y glorioso en el más allá.
Ser uno
La doctrina y la cultura del Evangelio de Jesucristo son optimistas. El plan de felicidad es el plan de un amoroso Padre Celestial para bendecir a todos Sus hijos. No hay limitaciones raciales ni culturales en este plan que nos incluye a todos.
Es mi ruego personal que compartamos el Evangelio más plenamente con todos los hijos de nuestro Padre. También lo es que estemos unidos en la diversidad y que seamos uno con el Salvador.
Me encanta la oración intercesora que el Salvador hizo a nuestro favor. Se produjo literalmente en las horas finales de Su vida terrenal, tal como se registra en el Evangelio de Juan. Aquella oración, dirigida a los seguidores de Cristo, entre quienes nos contamos, fue la petición del Salvador a Su Padre: “para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”. En el versículo siguiente, el Salvador prosigue: “Y la gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno”. La unidad es por lo que rogó Cristo antes de ser traicionado y crucificado.
Al comienzo de la Restauración del Evangelio de Jesucristo se pone de manifiesto un profundo desafío para nuestra dispensación. El Señor establece la senda de la rectitud por medio de principios sencillos, pero eternos: debemos amar a nuestros hermanos y hermanas como a nosotros mismos. Debemos practicar la virtud y la santidad. Debemos ser uno. Si no somos uno, no somos Suyos.
Para ser uno, podemos aprender del pasado y prepararnos para el futuro.
¿De qué maneras podemos hallar paz en este mundo conflictivo y lleno de divisiones?
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Podemos estar en el mundo sin ser del mundo.
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Podemos tomar la determinación de no permitir que la iniquidad, las contenciones y las divisiones del mundo invadan la santidad de nuestro esfuerzo unido por seguir y adorar al Salvador en nuestro hogar y familia.
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Podemos vivir buscando el lado positivo de la vida si nos mantenemos firmes en la senda de los convenios.
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Aunque no podemos controlar a los demás, podemos lograr la paz que proviene de la rectitud personal.
Podemos ser uno en nuestras congregaciones dondequiera que vivamos. El apóstol Pablo era consciente de que los llamamientos, el servicio y las contribuciones de los miembros eran radicalmente diferentes, pero igualmente importantes. También comparó las partes del cuerpo humano con el cuerpo de la Iglesia. Cada parte del cuerpo es importante para todo el cuerpo.
Algunos miembros tienen dificultades para sentir que son importantes y necesarios para el cuerpo de los santos. Lo que quería destacar el apóstol Pablo era que cada miembro es necesario e importante.
Centrarse en el Salvador
En resumen: si centran su vida en el Salvador, estarán viendo el lado positivo de la vida y sentirán gozo.
Como enseñó el presidente Nelson de manera elocuente:
“La vida está llena de desvíos y callejones sin salida, pruebas y dificultades de toda índole. Probablemente cada uno de nosotros ha tenido momentos en los que la aflicción, la angustia y el desaliento casi nos han consumido. ¿Y aun así hemos de tener gozo?
¡Sí! ¡La respuesta es un sí rotundo! […]
“Los santos pueden ser felices en cualquier circunstancia. ¡Podemos sentir gozo aun cuando tengamos un día malo, una semana mala o hasta un año malo! […]
“El gozo que sentimos tiene poco que ver con las circunstancias de nuestra vida, y tiene todo que ver con el enfoque de nuestra vida”.
¡Ese enfoque es en el Salvador!
Testifico que si estamos decididos a ver el lado positivo de la vida, con la luz del Salvador como nuestro enfoque y guía, estaremos en la senda de los convenios. A medida que amemos, sigamos y adoremos al Salvador, tendremos “paz en este mundo, y la vida eterna en el mundo venidero”