El gozo y la senda de los convenios
La senda de los convenios ciertamente es una senda de amor redentor.
Light and Life [La Luz y la Vida], por Mandy Williams
Cuando Israel Barlow y Elizabeth Haven Barlow salieron de Nauvoo, Illinois, hacia el valle del Lago Salado en 1848, tuvieron que dejar a su bebé, que estaba sepultado en un pequeño cementerio de Nauvoo. El pequeño James Nathaniel Barlow, su primer hijo, había muerto poco después de nacer en mayo de 1841.
Es probable que Israel y Elizabeth nunca esperaran volver a contemplar la tumba de su hijo, pero cuando a Israel se le llamó a una misión en Inglaterra unos años más tarde, pasó por Nauvoo. A petición de Elizabeth, se detuvo para localizar la tumba de su hijo y trasladarla al cementerio principal.
Después de que Israel encontró la tumba, vio que estaba descuidada y rota. En una carta a su esposa, Israel escribió que había decidido dejar la sepultura y regresar en el futuro.
No había andado sino unos pocos metros de la tumba, cuando escuchó una voz en su mente que le dijo: “Papi, no me dejes aquí”. Israel regresó a la sepultura decidido a trasladar a su hijito, después de todo.
Mientras Israel estaba junto a la tumba, le dijo a Elizabeth: “Sentí el deseo de dedicarme a mí mismo y a todo aquello que pudiera poseer y ponerlo en las manos del Señor, para que se me considere digno de ser levantado con [James] en la mañana de la primera resurrección”.
La devoción de Israel al Evangelio de Jesucristo y el honrar los convenios sagrados hacen posible para él la vida eterna, la mayor de todas las bendiciones, y bendicen a su familia, tanto a sus antepasados como también a su posteridad.
Lo mismo sucede con todos nosotros.
Promesas sagradas
Tu Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo te aman más allá de lo que puedas imaginar. Ellos desean acercarte más a Ellos, y ayudarte a aprender y a crecer en fe y entendimiento. Quieren bendecirte con poder, sanación y paz celestiales en un mundo donde tales bendiciones pueden ser difíciles de encontrar. Quieren que experimentes gozo en esta vida y en la vida venidera.
A partir de ese amor perfecto, Ellos ofrecen a todos la oportunidad de establecer un vínculo por convenio con Ellos mediante el bautismo y en la Casa del Señor. Tenemos la bendición de volver a comprometernos con esos convenios semanalmente durante la reunión sacramental.
Cuando participamos de la Santa Cena, tomamos sobre nosotros el nombre de Jesucristo. Lo recordamos a Él y a Su amor por nosotros, que se manifiesta mediante el don de Su Expiación. También mostramos nuestra disposición a guardar Sus mandamientos (véase Doctrina y Convenios 20:77, 79).
El presidente Russell M. Nelson ha dicho: “Oigo con frecuencia la expresión de que participamos de la Santa Cena para renovar los convenios que hicimos al bautizarnos. Si bien eso es cierto, es mucho más que eso”. El presidente Nelson dijo que cada vez que tomamos la Santa Cena hacemos un nuevo convenio “y, a cambio, [el Señor] declara que siempre tendremos Su Espíritu con nosotros. ¡Qué bendición!”.
Cuando nos arrepentimos y participamos de la Santa Cena con un corazón puro, recibimos el Espíritu Santo y somos “limpios del pecado como si volviéramos a ser bautizados. Esto constituye la esperanza y la misericordia que Jesús ofrece a cada uno de nosotros”.
¡Qué gozo es poder arrepentirnos y ser perdonados mediante el amor redentor de Cristo!
Su casa de gozo
Desde que llegó a ser presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el presidente Nelson ha hablado a menudo sobre la senda de los convenios. Entramos en esa senda mediante el “arrepentimiento y el bautismo en el agua” (2 Nefi 31:17), y “luego entramos más completamente en ella en el templo”.
Nuestra vida terrenal no es más que un momento de nuestra existencia, pero ese momento, a veces muy difícil, es de importancia eterna. Para que nuestra vida sea hermosa y esperanzadora, nuestro Padre Celestial ha provisto un Salvador. Mediante Su amor y sacrificio expiatorio, Él ha experimentado todo lo que afrontaremos en la vida y lo ha sanado. Y gracias a Su santa casa, Su casa de gozo, todo estará bien a pesar de la adversidad.
Templo de San Pedro Sula, Honduras
La senda de los convenios ciertamente es una senda de amor redentor. Al hacer convenios en el templo y luego honrarlos, recibirás bendiciones de mayor poder, mayor amor, mayor misericordia, mayor comprensión y mayor esperanza.
Recogerlos de regreso a casa
La hermana Kearon y yo sentimos un afecto especial y una gran compasión por Israel y Elizabeth Barlow. Nuestro primer hijo, un varón de nombre Sean, murió durante una cirugía cardíaca cuando solo tenía tres semanas de nacido. Fue una pérdida devastadora para nosotros. En ese momento, nos preguntábamos si podríamos sobrevivir. Lo enterramos en una tumba dolorosamente pequeña en Inglaterra. Quince años después, se le pidió a nuestra familia que nos mudáramos de nuestro hogar en el Reino Unido para servir a tiempo completo en la Iglesia, y dejamos aquella pequeña tumba al partir.
Alcanzamos a comprender un poco lo que los Barlow pasaron. La tumba de nuestro bebé está muy lejos, sin embargo, al igual que los Barlow, tenemos una fe inquebrantable en la Resurrección de Jesucristo y en la naturaleza eterna de nuestra familia por medio del santo convenio del sellamiento.
Todos tenemos antepasados y otros seres queridos más allá de la tumba que nos dicen: “No me dejes aquí”. Gracias a los convenios del templo, nadie tiene por qué quedarse atrás. Nuestro deber es amarlos, servirles y ayudar a recogerlos de regreso a casa.
Es por eso que tenemos ordenanzas. Es por eso que hacemos convenios. Es por eso que construimos templos. Es por eso que el Padre Celestial envió a Su Hijo a romper las ligaduras de la muerte para que un día podamos derramar lágrimas de gozo en las reuniones eternas con nuestros seres queridos que nos esperan y en la presencia del Padre y del Hijo.
Nuestro Padre Celestial nos ama, a ustedes y a mí. Ruego que podamos hallar gozo y paz al guardar nuestros convenios y unirnos al Señor en Su gloriosa obra de salvación.