Voces de los miembros
El diezmo: una ley de fe y provisión
Cuando fui bautizada, me enseñaron sobre la obediencia y también sobre la ley del diezmo. Al principio pensé que era algo difícil de cumplir. Sentí que se requería mucho y que ese dinero podía usarlo para suplir otras necesidades. Y más aún cuando mi esposo estaba desempleado y nuestros ingresos eran limitados.
Sin embargo, con el tiempo pude comprender y poner en práctica esta ley. Desde ese momento, las ventanas de los cielos se abrieron al grado de que, hasta el día de hoy, no nos ha faltado el trabajo y hemos podido suplir cada una de nuestras necesidades.
Testifico que, si somos obedientes y pagamos un diezmo íntegro, con amor y con todo nuestro corazón, nunca nos faltará el trabajo ni el pan de cada día. Sé que esta es la Iglesia verdadera y que Jesucristo la dirige.