“Dios me dio paz”, Liahona, septiembre de 2025.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Dios me dio paz
La conexión que disfruté con el Padre Celestial me ayudó a superar un momento muy difícil.
En 2018, cuando nos preparábamos para cantar durante una sesión dedicatoria del Templo de Concepción, Chile, todos los miembros del coro de jóvenes adultos que yo dirigía tenían la misma meta: hacer el esfuerzo musical y espiritual necesario para entregarle a Dios nuestra mejor ofrenda.
Junto con los miembros del coro de dos estacas de la ciudad de Chillán, me dediqué a ser lo más pura posible. Quería reflejar la luz de Cristo en mi vida. Quería que la ofrenda que le diéramos a Dios en Su santa casa fuera lo más perfecta posible. Sabía que si hacíamos nuestra parte, el Padre Celestial nos ayudaría y cantaríamos como Él quería que cantáramos.
Durante la dedicación, cantamos con la voz y con el corazón. Creo que los ángeles cantaron con nosotros. El sonido del coro fue perfecto. Sentimos que la gracia de Dios estaba con nosotros y que Él estaba complacido con nuestra ofrenda. Ese sentimiento permaneció conmigo por mucho tiempo.
Después de la dedicación del templo, me sentí nutrida espiritualmente y unida al Padre Celestial. Sentía una conexión con Él más fuerte que nunca. Esa conexión era tan fuerte que me sentía guiada espiritualmente en cuanto a lo que debía pedir cuando oraba (véase 3 Nefi 19:24).
En el momento de la dedicación del templo, yo estaba embarazada de cinco semanas. Unos meses después, tuve un aborto espontáneo y perdí a mi bebé. Fue una época horrible. Me sentí muy triste, sobre todo cuando me enteré de que tal vez no podría tener más hijos.
Sin embargo, esa experiencia difícil sucedió en el momento en que me sentía más fuerte espiritualmente. Comprendí que había sido preparada para ese momento por medio de la ofrenda que habíamos presentado en el templo. La fortaleza espiritual que había experimentado me ayudó a superar esa prueba porque el Padre Celestial estaba conmigo y me dio paz.
Poco tiempo después, Dios nos bendijo a mi esposo y a mí con un milagro. Nos alegramos muchísimo cuando nuestro hijo, Arturo, recibió una hermanita, Daniela.
No habría podido sobrellevar esa experiencia sin la estrecha conexión que había disfrutado con el Padre Celestial. Sabía que todo saldría bien y de acuerdo con Su voluntad. El recordar esas cosas todavía me llena el corazón de gozo y gratitud.