2025
Quiero ser como tú
Septiembre de 2025


“Quiero ser como tú”, Liahona, septiembre de 2025.

Voces de los Santos de los Últimos Días

Quiero ser como tú

Sentí una ansiedad abrumadora que provenía del temor a la ineptitud —hasta que oré.

Ilustración de una madre hablando con sus hijos

Ilustración por David Malan

Después de un día largo y difícil, lleno de las dificultades que conlleva el cuidar de tres niños pequeños, todo lo que quería hacer era ducharme e irme a la cama.

Respiré hondo y fui a mi habitación para relajarme. Fue entonces cuando llegó nuestra hija de cinco años a recordarme que era su turno de tener las entrevistas personales mensuales que mi esposo y yo habíamos comenzado a tener con ella y nuestro hijo de tres años. Les hacíamos preguntas sobre sus cosas favoritas y lo que les gustaba del jardín de infantes o de la iglesia. Luego les recordábamos que eran hijos de Dios y que los amábamos.

A mí me gustaban esas charlas, pero no me sentía con ánimo en ese momento, ni física ni mentalmente. Comencé a decirle a mi hija que tendríamos esa conversación la noche siguiente, pero me di cuenta de lo importante que eran nuestras charlas para ella.

“Está bien”, dije cansada, “vamos a buscar a papá”.

Los tres nos sentamos en la cama y comenzamos nuestra charla. Después de que mi esposo salió de la habitación por un momento, le pregunté a nuestra hija: “¿Qué quieres ser cuando seas grande?”.

No estaba preparada para su respuesta: “Como tú”.

Los ojos se me llenaron de lágrimas y el corazón se me desbordó de emoción. Me conmovió la forma en que mi hija me veía, pero sentí una ansiedad abrumadora que provenía del miedo a la ineptitud. Pensé en todas las razones por las que yo no era un ejemplo ideal para mis hijos y era muy consciente de mis defectos.

Más tarde esa misma noche, mientras oraba, le pedí fervientemente al Padre Celestial que me ayudara a llegar a ser un ejemplo mejor para mi hija y más digna de su admiración. De repente, me inundó un sentimiento de consuelo, esperanza y amor. Me di cuenta de la gratitud que mi Padre Celestial y mi Salvador sentían por mí, simplemente por ser una madre que estaba tratando de mejorar. Ellos reconocieron mis esfuerzos y estuvieron allí para ayudarme a llegar a ser la madre y la hija que ven en mí.

Sé con todo el corazón que Dios nos conoce y nos ama y que, mediante “el poder habilitador de la Expiación del Salvador”, podemos convertirnos en quienes esperamos llegar a ser.