“El COVID casi arruinó su sueño de cantar con el Coro del Tabernáculo”, Liahona, septiembre de 2025.
El COVID casi arruinó su sueño de cantar con el Coro del Tabernáculo
El aislamiento de la cuarentena nos enseñó una profunda lección: el amor cristiano por los que se sienten solos.
En el otoño de 2024, poco después de que se la llamara como asesora de organizaciones de Área en el Área Europa Central, Laura Echarri Hermoso viajó más de 8047 km (5000 millas) desde su casa en Pamplona, España, para cantar como invitada en El Coro del Tabernáculo de la Manzana del Templo.
Llevaba solo tres días en Salt Lake City, Utah, EE. UU., cuando su prueba de COVID-19 dio positivo y ella misma se puso en cuarentena. Su oportunidad de cantar en el Coro durante la siguiente conferencia general parecía inalcanzable.
En la soledad y el aislamiento de su habitación de hotel, se arrodilló y oró. Ella esperaba ser sanada y anhelaba poder cantar. Ella se aferró a su fe.
Un año antes
En un momento difícil de pérdida, cuando los tratamientos de fertilidad no tenían éxito y su madre sufría de Alzheimer, la hermana Echarri no conseguía encontrar fuerzas para cantar tanto como lo había hecho antes. Era difícil porque la música siempre había sido una parte importante de su vida. “Es una necesidad que siempre he tenido, desde que era una niña”, dijo ella.
La hermana Echarri (izquierda) con su madre, María.
Mientras oraba, se le ocurrió que tenía que cantar con más personas. Una semana después, una autoridad de la Iglesia se puso en contacto con ella y la entrevistó. “Habló de un proyecto musical que la Iglesia estaba iniciando y que buscaban cantantes”, dijo la hermana Echarri.
No le dijo cuál era el propósito específico, pero después de una segunda entrevista, la autoridad reveló que la Iglesia quería cantantes invitados para el Programa mundial de participantes del Coro del Tabernáculo a fin de que cantaran en la conferencia general.
“Comencé a llorar porque no sabía lo que iba a pasar, pero sentí que el Señor estaba allí y que estaba al tanto de mí, y fue algo que no me esperaba en absoluto”, declaró ella.
El camino hasta la conferencia general
Aquella entrevista fue solo preliminar y después tuvo una segunda entrevista con otras personas. La hermana Echarri también tuvo que grabarse cantando y enviar varias grabaciones. Luego tuvo una entrevista virtual y definitiva con Ryan Murphy, el director musical adjunto del Coro del Tabernáculo. “Estaba supernerviosa”, dijo ella.
Finalmente, fue elegida, junto con otras trece personas de todo el mundo para cantar en la conferencia general y en septiembre de 2024 se subió a un avión rumbo a los Estados Unidos. Al llegar, le diagnosticaron COVID-19 y fue entonces cuando comenzó su cuarentena.
El aislamiento en solitario y lejos de casa le enseñó una profunda lección: el Salvador le brindaría consuelo en sus momentos más solitarios (véase Juan 14:26–27). “Pensé que no lo lograría”, dijo ella. “Estaba muy desanimada, pero tenía fe. Al mismo tiempo, no me sentía bien. Uno de mis principales objetivos ahora es buscar a aquellos que puedan sentirse solos para tratar de brindarles alivio”.
Después de ocho días de aislamiento, recuperó la salud y la voz, y practicó con el Coro. Unió su voz a cientos de personas en el estrado del Centro de Conferencias y cantó en la Conferencia General de octubre de 2024.
“Dios vive y está al tanto de nosotros, de cada uno”, dijo ella. “La música es sanación, tiene un poder sanador. Necesitamos llenar nuestra vida de música. Es muy importante y siento que es algo que el Señor trata de decirme: ‘Llena tu vida de música’”.