Voces de los miembros
Mis sentimientos sobre la conferencia general
Nos conmovió de manera especial la invitación a ser como niños pequeños, de poder maravillarnos con cada milagro, cada detalle de la creación, y de ser capaces de reconocer la mano de Dios en lo cotidiano.
Cada uno de los discursos de la conferencia tocó nuestro corazón de manera profunda. Una de las enseñanzas que más nos impactó fue el recordatorio de que nuestro valor individual no depende de cuán obedientes seamos, porque somos hijos de un Padre Celestial perfecto que nos va a amar siempre. Sin embargo, también comprendimos que, al esforzarnos por ser obedientes y dignos, abrimos nuestro corazón para recibir Sus bendiciones con mayor plenitud.
También nos conmovió de manera especial la invitación a ser como niños pequeños, de poder maravillarnos con cada milagro, cada detalle de la creación, y de ser capaces de reconocer la mano de Dios en lo cotidiano. Despertó en nosotros el deseo de hacer de nuestro hogar un lugar más sagrado, similar al templo.
Aunque no siempre es fácil, con tres hijos pequeños y un embarazo en curso, sentimos un deseo sincero de asistir regularmente al templo. Hemos hecho un plan para poder ir al menos dos veces al mes y nos sentimos felices de poder cumplirlo. Sabemos que en el templo encontraremos paz, revelación y renovaremos nuestra fuerza.
Nuestro mayor anhelo es que nuestros hijos puedan desarrollar la confianza necesaria para que compartan el Evangelio en sus aulas de una manera natural. Que reconozcan la voz del Espíritu y defiendan su fe con firmeza. El estudio de “Ven, sígueme para la familia” es una parte esencial para que ellos puedan lograr eso, pero ver la conferencia fortaleció aún más su testimonio. Nada me llena de más gozo que escuchar a mis hijos, cada primer domingo del mes, expresar con sus voces sinceras sus sentimientos más puros sobre el amor del Salvador. Sé con certeza que Jesucristo vive, que Él dirige Su Iglesia y que Su Espíritu puede morar en nuestros hogares, si lo invitamos y lo honramos.