Voces de los miembros
Reflexiones sobre el viaje al Templo de Belém
Mi esposo, Daan, y yo recientemente tuvimos el privilegio de visitar el Templo de Belém, Brasil, del 10 al 21 de septiembre de 2024. Este viaje fue un fuerte recordatorio de que cuando me preparo para entrar en el templo, estoy lista para recibir la plenitud del Evangelio de Jesucristo. Sentí esa verdad profundamente mientras me encontraba dentro de las paredes del templo, sacando fuerzas de las enseñanzas de Doctrina y Convenios 35:12: “Y no hay quien haga lo bueno salvo aquellos que están dispuestos a recibir la plenitud de mi evangelio, que he enviado a esta generación”.
El templo es más que un edificio, es un lugar de poder y bendiciones. Mientras estuve allí, fui investida con poder de lo alto, como leemos en Doctrina y Convenios 38:32: “Y allí os daré mi ley, y allí seréis investidos con poder de lo alto”.
Mis experiencias en la Iglesia, ya sea a través de lecciones, actividades o reuniones, me han preparado para las ordenanzas sagradas disponibles en el altar. Allí recibí la ordenanza del sellamiento, la cual ha aclarado el propósito del plan de nuestro Padre Celestial para nuestra felicidad y progreso eternos.
He llegado a reconocer que las ordenanzas del templo son las ordenanzas más elevadas y sagradas que tenemos a nuestro alcance. Han enriquecido mi alma, guiándome para llegar a ser una mejor persona. En el templo, he obtenido el conocimiento y la certeza de mi existencia eterna y del poder infinito de los convenios que he hecho con el Padre Celestial.
Mi esposo Daan y yo hemos decidido sellarnos en el Santo Templo y continuar asistiendo al templo como recordatorio de esos convenios eternos. Al edificar nuestra vida sobre esos convenios, se nos asegura una relación eterna, unidos a nuestro Padre Celestial y a nuestra familia en gozo eterno, tal como se enseña en Mosíah 2:41:
“Y además, quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad. ¡Oh recordad, recordad que estas cosas son verdaderas!, porque el Señor Dios lo ha declarado”.
Esa certeza se arraiga profundamente en nuestro corazón, confirmada por el Espíritu Santo.
Testifico de la bondad de Dios para con el hombre. Ninguna otra obra nos da mayor crecimiento y fortaleza espiritual, ni nos llama a una norma más elevada de rectitud que nuestro trabajo en el templo. Nuestros convenios del templo nos proporcionan un escudo y protección. Sé que Cristo vive, que mediante Su Expiación podemos regresar a nuestro Padre Celestial, que Él está allí para nosotros en todo momento y nos perdonará si nos arrepentimos de toda iniquidad con un corazón sincero. Estoy muy agradecida por el Evangelio de Jesucristo.