2025
El Padre Celestial desea hablarles
Marzo de 2025


“El Padre Celestial desea hablarles”, Liahona, marzo de 2025.

El Padre Celestial desea hablarles

Permitan que su fe en el Padre Celestial y en Su Hijo Amado les ayude a descorrer el velo y a recibir la voz del Padre.

Una joven orando

Somos hijos e hijas de Dios, compartimos juntos la tierra lejos de nuestro hogar celestial. Esta es nuestra vida terrenal, un tiempo para recibir un cuerpo, elegir el bien en lugar del mal, “pr[obar] lo amargo para saber apreciar lo bueno” (Moisés 6:55), aumentar la fe en el Salvador Jesucristo y Su sagrada Expiación, y aceptar el plan de felicidad de nuestro Padre. Estamos aquí para llegar a ser más como nuestro Padre Celestial.

Al no tener un recuerdo de la vida preterrenal, a veces nos sentimos solos debido al mundo que dejamos atrás. Nuestro Padre nos ha dado un don espiritual para permanecer conectados con Él y recibir guía, dirección y consuelo de Él. Conocemos muy bien ese don: es la oración.

Oren a su Padre Celestial

A Adán y a Eva, y a todos los que vendrían después, un ángel instruyó: “Te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás” (Moisés 5:8).

Jesús enseñó: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). “Cuando ores […], ora a tu Padre […] en secreto” (Mateo 6:6). “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9).

Jesús oraba continuamente a Su Padre. “Él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios” (Lucas 6:12). “Y […] se fue al monte a orar” (Marcos 6:46). “Y llegaron al lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entretanto que yo oro” (Marcos 14:32). Estando en la cruz, Jesús oró por los soldados que lo crucificaron: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Las Escrituras nos aconsejan “ora[r] en todo tiempo” u “orar siempre” (Lucas 21:36; 2 Nefi 32:9; 3 Nefi 18:15; Doctrina y Convenios 10:5; 19:38; 20:33; 31:12). “Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien” (Alma 37:37). Además, “d[amos] todas las gracias y alabanza que [nuestra] alma entera es capaz de poseer” (Mosíah 2:20), reconociendo todo lo que nuestro Padre hace por nosotros.

El presidente Russell M. Nelson explicó: “La autoestima espiritual comienza con la comprensión de que cada nueva mañana es un regalo de Dios. […] Él nos preserva día tras día y nos sustenta momento tras momento (véase Mosíah 2:21)”.

Nefi dijo: “Si escuchaseis al Espíritu que enseña al hombre a orar, sabríais que os es menester orar; porque el espíritu malo no enseña al hombre a orar, sino le enseña que no debe orar” (2 Nefi 32:8).

Vista de perfil del Salvador

Detalle de Christ Raising the Daughter of Jairus [Jesús levanta de la muerte a la hija de Jairo], por Greg K. Olsen

Con el ejemplo de nuestro Salvador y el consejo de ángeles y profetas a lo largo de los siglos, sabemos con claridad que debemos orar a diario para expresar gratitud por nuestras bendiciones, y que constantemente hemos de tener una oración en el corazón. Tenemos la responsabilidad de comunicarnos con nuestro Padre.

Sin embargo, lo más glorioso es que nuestro Padre Celestial responde nuestras oraciones. Una pregunta que debe hacernos reflexionar en este mundo terrenal es: ¿cómo recibimos y comprendemos mejor las respuestas, la dirección y el consuelo que provienen de nuestro Padre?

A lo largo de mis más de siete décadas de vida, sé que nuestro Padre nos habla. No estamos solos. Hay seres celestiales que velan por nosotros y nos ayudan a medida que procuramos seguir al Salvador.

El recibir respuestas a nuestras oraciones comienza con nuestra fe en nuestro Padre Celestial y en Su Hijo, Jesucristo. Jesús dijo: “No temas, cree solamente” [Marcos 5:36]. Confiamos en Él, hacemos todo lo posible por guardar los mandamientos y buscamos Su mano en todas las cosas. “En nada ofende el hombre a Dios […] sino […] aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas y no obedecen sus mandamientos” (Doctrina y Convenios 59:21).

La mano de Dios en nuestra vida no significa que Él ocasione el mal ni las terribles tragedias que hay en este mundo, pero sí significa que, en los momentos de dificultad e injusticia, Él estará con ustedes, fortalecerá sus capacidades, los consolará y “consagrará [sus] aflicciones para [su] provecho” (2 Nefi 2:2).

Escuchen Su voz

Al tener fe en Él y guardar Sus mandamientos, aprendemos de manera natural a escuchar mejor Su voz.

En septiembre de 1993, mi primer año como Autoridad General, el presidente James E. Faust (1920–2007), en aquel entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, nos invitó a mi esposa, Kathy, y a mí a asistir con él a un devocional de la Universidad Brigham Young. Recuerden, 1993, antes de que los teléfonos inteligentes, las redes sociales e internet estuvieran ampliamente disponibles.

En su discurso, titulado “The Voice of the Spirit [La voz del Espíritu]”, el presidente Faust advirtió: “En su generación, los acosarán multitudes de voces diciéndoles cómo vivir, cómo satisfacer sus pasiones, cómo tenerlo todo. Tendrán hasta quinientos canales de televisión con tan solo mover un dedo. Habrá todo tipo de programas de computación, módems informáticos interactivos, bases de datos y tablones de anuncios; habrá autoedición, receptores de satélites y redes de comunicación que los sofocarán con información […]. La voz a la que deben aprender a prestar atención es la voz del Espíritu”.

El presidente Boyd K. Packer (1924–2015), Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó acerca de la voz suave y apacible del Espíritu al relatar una experiencia que tuvo el naturalista John Burroughs mientras caminaba con amigos por un parque abarrotado de gente. Estas son las palabras del presidente Packer:

“[El señor Burroughs] oyó, entre los ruidos de la vida urbana el canto de un pájaro.

“Se detuvo para escuchar, pero los que estaban con él no lo habían oído. Miró a su alrededor. ¡Nadie más lo notó!

“Le molestó sobremanera que las demás personas se perdieran algo tan hermoso.

“Sacó una moneda de su bolsillo y la dejó caer. Cuando esta chocó contra el pavimento, produjo un sonido no más intenso que el del canto del pájaro. Todos se volvieron; ¡eso sí habían oído!

“Es difícil aislar el canto de un pájaro entre todos los demás ruidos de una gran ciudad con su agitado transitar; pero uno puede escucharlo con absoluta nitidez si se capacita para ello”.

Las enseñanzas del presidente Packer acerca del Espíritu Santo datan de 1979, una época en la que la vida era mucho más tranquila y el ruido del mundo era mucho más reducido que en la actualidad.

El presidente Nelson enseñó: “Si les están prestando más atención a las publicaciones de las redes sociales que a los susurros del Espíritu, entonces se están poniendo en riesgo espiritual”.

El presidente Faust dijo: “Si hemos de escuchar la voz del Espíritu, debemos también aguzar el oído y mirar con fe hacia la fuente de la voz, y con resolución poner la mira en el cielo”.

Esa voz del Espíritu llega tanto a nuestro intelecto como a nuestros sentimientos. “Hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón” (Doctrina y Convenios 8:2). Escuchen a su conciencia, la revelación a menudo comienza allí.

El élder Andersen habla a un grupo de personas

Durante una visita al complejo Girls’ Home Boys’ Town en la ciudad de Marikina, Filipinas, en febrero de 2024, el élder Andersen enseñó a los jóvenes que son hijos de Dios: “Él los ama, y pueden recurrir a Él. Él escuchará sus oraciones”.

Oren con un corazón creyente

Las respuestas e impresiones no se pueden forzar. Oramos y esperamos con un corazón creyente. Algunas respuestas no llegarán en esta vida, pero el Señor siempre enviará Su paz a los justos (véase Juan 14:27). A menudo, las respuestas llegan cuando oramos para ayudar a quienes nos rodean. A veces llegan “línea sobre línea, precepto tras precepto” (Doctrina y Convenios 98:12).

La voz del cielo puede llegar a nosotros en momentos y lugares inesperados, pero nuestras oportunidades más extraordinarias las encontramos en los espacios tranquilos y en los lugares sagrados. Encuentro bendiciones inusuales en la quietud de mis oraciones y meditaciones matutinas. La lectura diaria, personal e ininterrumpida de las Escrituras, aunque a veces sea rutinaria, trae consigo la voz del Espíritu al corazón como fuego en otras ocasiones.

A veces, esas impresiones provienen específicamente de lo que estamos leyendo; otras veces, las cosas en las que meditamos brindan respuesta a alguna inquietud muy diferente. Recuerden las palabras del élder Robert D. Hales: “Si deseamos hablar con Dios, oramos; y si deseamos que Él nos hable, escudriñamos las Escrituras”.

A medida que el ruido y las distracciones del mundo se arremolinan a nuestro alrededor, el Señor ha mandado a Su profeta que construya más y más templos. En estas sagradas Casas del Señor se nos enseñan las verdades de la eternidad cuando dejamos afuera los desafíos, pero entramos con nuestras oraciones e inquietudes.

Hace un año, el presidente Nelson nos dio esta extraordinaria promesa: “Mis queridos hermanos y hermanas, esta es mi promesa: Nada los ayudará más a aferrarse a la barra de hierro que adorar en el templo con la regularidad que sus circunstancias lo permitan. Nada los protegerá más cuando hagan frente a los vapores de tinieblas del mundo. Nada reforzará más su testimonio del Señor Jesucristo y de Su Expiación, y nada los ayudará más a entender el magnífico plan de Dios. Nada calmará más su espíritu en los momentos de dolor. Nada abrirá más los cielos. ¡Nada!”.

Cada conferencia general trae abundantes bendiciones adicionales. En el próximo mes de abril, una vez más, nos reuniremos en la conferencia general para escuchar la voz del Señor. Vamos a la conferencia general después de haber orado y prepararnos. Cada uno de nosotros tiene preocupaciones apremiantes y preguntas sinceras. Venimos para renovar la fe en nuestro Salvador Jesucristo y fortalecer nuestra capacidad de resistir la tentación. Venimos para que se nos enseñe de lo alto. Les prometo que, al prepararse y acudir a las sesiones de la conferencia general con espíritu de oración, encontrarán respuestas a sus inquietudes y sabrán que “la influencia del cielo” está sobre ustedes.

Tengan fe en que su Padre Celestial les está hablando a ustedes. ¡Lo hace! Permitan que la fe de ustedes en Él y en Su Hijo Amado les ayude a descorrer el velo y recibir la voz de su Padre. Testifico que Él está allí y los ama más de lo que las palabras pueden expresar.