“¿Cómo nos ayudan nuestros convenios a recurrir al poder de Dios?”, Liahona, marzo de 2025.
Mujeres del convenio
¿Cómo nos ayudan nuestros convenios a recurrir al poder de Dios?
Como mujeres del convenio, el poder de Dios nos transforma, nos fortalece y nos da confianza.
Fotografía por Connor Johnson
Cada una de nosotras tiene la oportunidad de hacer convenios sagrados con el mismo Dios del cielo. Hacemos estos convenios al participar en las ordenanzas del sacerdocio. Al guardar estos convenios, Él nos bendice con Su poder.
Recordemos la instrucción profética del presidente Russell M. Nelson en cuanto al modo en que tenemos acceso al poder de Dios: “Todo hombre y toda mujer que participa en las ordenanzas del sacerdocio, y que hace y guarda convenios con Dios tiene acceso directo al poder de Dios”. Este acceso directo al poder de Dios es un don que Él comparte generosamente con Sus hijos.
¿Cómo se manifiesta en su vida cotidiana ese poder que proviene de guardar los convenios que hacemos por medio de las ordenanzas del sacerdocio? ¿Cómo puede una mujer del convenio recurrir a ese poder divino?
Espero que un ejemplo personal les ayude a medida que realicen la obra espiritualmente vigorizante de aprender por sí mismas lo que significa ser investidas con el poder de Dios.
Un día recibí un mensaje de texto de mi nuera, Amy: “Haz una oración por Dottie”.
Mi nieta Dottie no había dormido la noche anterior. Amy había estado despierta toda la noche con ella y me dijo que Dottie tenía fiebre. Amy le había dado un poco de medicina, pero Dottie seguía con fiebre y estaba inquieta, y mi hijo Connor estaba de viaje por trabajo y no tenía programado llegar a casa hasta dos días después.
Cuando por fin llegó la mañana, Amy vio que Dottie tenía los labios morados; sus manos también estaban moradas y frías al tacto. Amy recibió enseguida la siguiente impresión: “Lleva a Dottie al pediatra”. Ella hizo caso a esa impresión, llamó al consultorio del pediatra y le aseguraron que debía llevar a Dottie de inmediato.
Afortunadamente, el consultorio del pediatra está al otro lado de la calle donde vive mi madre, y Amy sintió la impresión de pasar por su casa. Mi madre, que estaba trabajando en el jardín, estuvo encantada de cuidar a Goldie, la hermana de cuatro años de Dottie, mientras Amy llevaba a Dottie al pediatra. Aquella fue la respuesta a la preocupación de Amy sobre tener que estar pendiente de Goldie y atender a Dottie al mismo tiempo.
El pediatra determinó que Dottie tenía neumonía, probablemente por aspirar un poco de agua al bañarla unos días antes. Dottie recibió un tratamiento con antibióticos y pasó el resto del día en los brazos de su madre, a fin de mantenerla erguida para abrir sus vías respiratorias y facilitarle la respiración.
De camino a casa, me ofrecí a recoger algo para cenar. Amy aceptó, por lo que me sentí agradecida. Me pregunté cómo se las habría arreglado Amy después de una noche en vela, con el estrés de tener una niña enferma y la necesidad de atender a Goldie.
Entré en su casa con la bolsa de comida y encontré a Amy y a las niñas en paz. Amy tenía energía y había luz en su rostro. Estaba tranquila, aun cuando se enfrentaba a otra noche a solas con Dottie enferma. Ella no tenía miedo, se sentía confiada. Era una paz que sobrepasaba el entendimiento y lo único que yo deseaba era centrarme en ese momento y disfrutarlo.
Amy se esfuerza por guardar sus convenios con Dios y es bendecida por Su poder fortalecedor. El Espíritu la había inspirado a dar los pasos que dio para cuidar de Dottie, y el poder del Señor aumentó su capacidad para atender las necesidades de su familia con paciencia y amor, y con la serena certeza de que todo estaría bien.
Esta es la bendición del poder de Dios, disponible para nosotras por medio de convenios sagrados y gracias al sacrificio expiatorio del Salvador. Este poder nos transforma, nos fortalece, nos calma, nos da confianza, nos brinda paz y aumenta nuestra capacidad para cumplir con nuestras responsabilidades divinamente señaladas como mujeres.