“Mi camino hacia la perseverancia paciente”, Liahona, marzo de 2025.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Mi camino hacia la perseverancia paciente
Me preguntaba por qué debía servir con todo mi corazón y alma si el hacerlo solo me traía pruebas.
Fotografía de la autora por Shaun Sutton
Cuando regresé a casa en el sur de Filipinas en 2016 después de servir en una misión honorablemente en el norte de Filipinas, esperaba con ansias asistir a la Universidad Brigham Young–Hawái y experimentar todas las demás aventuras que aguardan a los jóvenes adultos.
Sin embargo, de repente comencé a perder peso. Mi doctora me diagnosticó hipertiroidismo y me asustó con las consecuencias de no tratar la enfermedad.
A pesar de realizar el tratamiento, mi cuerpo empezó a cambiar, mis ojos comenzaron a hincharse y llegué a estar muy delgada. Evitaba que me tomaran fotografías o mirarme en el espejo debido a mi apariencia.
Poco a poco, la medicación comenzó a ayudar, pero tres años después, me diagnosticaron una segunda enfermedad: un trastorno depresivo. Esas dos enfermedades me robaron la confianza en mí misma. Me costaba levantarme de la cama para ir a estudiar y me sentía incapaz de servir en la Iglesia.
Estaba enojada porque Dios había permitido que me sucediera eso. Me preguntaba por qué debía servir con todo mi corazón y alma si el hacerlo solo me traía pruebas. Sin embargo, encontré consuelo en estas palabras del presidente Jeffrey R. Holland, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles: “Las mentes quebradas se pueden curar de la misma manera que se curan los huesos y los corazones rotos”. Lloré al oír esas palabras. Tenía una mente quebrada que necesitaba curar.
Crecí en un hogar fiel y mi fe en el Padre Celestial y en Jesucristo permaneció intacta a pesar del dolor y la incertidumbre. Poco a poco, fui aceptando y adaptándome a mis nuevas circunstancias.
Ahora, ocho años después, mis enfermedades ya no me frenan, las acepto como parte de la vida. Me siento sana, puedo servir y vivir la vida plenamente, aunque los problemas de salud puedan continuar toda mi vida. He aprendido que perseverar con paciencia es parte de la vida terrenal (véase Doctrina y Convenios 121:7–8). Estoy aprendiendo a beber mi amarga copa y a permanecer fuerte.
En la actualidad, trabajo en el departamento de personal de una empresa de inteligencia artificial y tomo clases en línea por la noche en la Universidad Brigham Young–Pathway Worldwide. He dejado de preguntar “¿Por qué yo?” y he empezado a preguntarme “¿Qué puedo aprender? ¿Cómo puedo beneficiarme de esta experiencia?”.
Al mirar atrás, veo que el Padre Celestial y Jesucristo estuvieron conmigo todo el tiempo. En el futuro, sé en quién puedo confiar (véanse Proverbios 3:5–6; 2 Nefi 4:34).