“Revisa la puerta”, Liahona, marzo de 2025.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Revisa la puerta
Mientras servía en una hacienda, aprendí una valiosa lección sobre seguir siempre las impresiones del Espíritu Santo.
Fotografía del autor en una hacienda por Shaun Sutton
Cerca del final de mi período como misionero joven de servicio, seguí la impresión de servir dos días a la semana en una hacienda vacacional para familias de militares y familias de militares fallecidos. No tenía absolutamente ninguna experiencia en nada relacionado con el trabajo en las haciendas, pero estaba emocionado.
Al comienzo del período que estuve allí, me pidieron que limpiara las cuadras de los caballos. A mi buen amigo y compañero con quien iba a enseñar por las tardes, el élder Saltern, se le asignó que me mostrara lo que tenía que hacer.
Un día, al llegar a la última cuadra que debía limpiar, seguí al élder Saltern hacia adentro. En mi mente recibí la delicada impresión de preguntar si podíamos cerrar la puerta que estaba detrás de nosotros, pero ignoré esa idea y me puse a trabajar en la limpieza.
El caballo de la cuadra, Shrek, era uno de los más grandes de la hacienda. Shrek empezó a moverse nerviosamente mientras limpiábamos y de repente salió corriendo de la cuadra a través de la puerta abierta y pasó frente a los otros caballos que estaban afuera en los corrales.
Afortunadamente, una empleada experimentada de la hacienda agarró un balde de avena y rápidamente atrajo al caballo de regreso. Mientras ella volvía a poner a Shrek en su cubículo, me miró y preguntó con una actitud divertida: “¿Qué aprendimos?”.
La lección obvia era cerrar siempre la puerta. Recordé un pasaje de las Escrituras que había leído esa misma mañana que me enseñó a someterme “al influjo del Santo Espíritu” (Mosíah 3:19).
Cuando el élder Saltern y yo entramos en el cubículo de Shrek, yo había ignorado la impresión del Espíritu Santo de cerrar la puerta. Había limitado al Espíritu suponiendo que solo podría aconsejarme en lo que yo pensaba que eran cosas “espirituales” relacionadas con las Escrituras o los mandamientos. Esa experiencia me enseñó humildad. Me di cuenta de que el conocimiento del Espíritu era mayor de lo que yo había pensado, ¡incluso en lo que respecta al trabajo en haciendas!
El presidente Thomas S. Monson (1927–2018) enseñó: “Recuerden que esta obra no es de ustedes ni mía solamente. […] Cuando estamos al servicio del Señor, tenemos derecho a recibir Su ayuda”.
Tal vez no había estado enseñando el Evangelio en la hacienda, como lo haría aquella tarde con el élder Saltern, pero tenía derecho a recibir ayuda y guía divinas, incluso mientras limpiaba las cuadras de los caballos.