Artículo de los líderes del Área Caribe
Dios nos escucha y nos habla
Queridos hermanos y hermanas, es un placer servir con ustedes en la hermosa Área Caribe. Mi esposa y yo estamos encantados de estar aquí. Amamos el Evangelio de Jesucristo y lo que nos enseña.
Una de las hermosas verdades eternas que hemos aprendido por medio de la restauración es que los cielos no están cerrados. Dios no solo escucha nuestras súplicas, sino que puede revelarnos Su voluntad. El profeta José tomó literalmente la indicación de “pedir a Dios” en Santiago 1:5 cuando fue al bosque a orar. Aprendió que los cielos no están cerrados y que nuestro Padre Celestial cuida de Sus hijos de una manera muy íntima y que requiere una comunicación bidireccional con Él. Dios escucha y habla a Sus hijos porque los ama.
Es probable que no tengamos la misma experiencia que José Smith, pero el presidente Russell M. Nelson nos ha pedido que aprendamos cómo nos habla Dios. Afirma que Dios y Su Hijo conocen nuestras circunstancias y están listos para ayudarnos. Él enseña: “Nuestro Padre sabe que lo que más nos ayudará cuando nos rodee la incertidumbre y el temor, es escuchar a Su Hijo”.
Cuando procuremos escuchar —verdaderamente escuchar— a Su Hijo, seremos guiados a saber qué hacer en toda circunstancia. Dado que somos hijos espirituales individuales de nuestro Padre Celestial, tendemos a escucharlo de diferentes maneras. Entonces, ¿cómo podemos aprender a escucharlo mejor?
Estos son algunos principios que todos podemos poner en práctica para ayudarnos a escuchar los suaves susurros del Señor por medio de Su Espíritu:
1. Buscar Su consuelo y Su consejo. Las Escrituras nos alientan a buscar al Señor por medio de la oración. Debemos procurar la sabiduría que necesitamos, pedir el consuelo que deseamos y suplicar la bendición que necesitamos. ¡Nuestro Padre Celestial y Su Hijo están listos y quieren bendecirnos! El primer paso para recibir revelación es tener el deseo de estar en comunión con Dios. No podemos esperar resultados sin esfuerzo de nuestra parte.
2. Prepararse para recibir guía. El presidente Nelson dijo:
“También podemos escucharlo con mayor claridad si refinamos nuestra capacidad de reconocer los susurros del Espíritu Santo. Nunca ha sido más necesario que en este momento, saber cómo el Espíritu Santo les habla. En la Trinidad, el Espíritu Santo es el mensajero. Él les comunicará pensamientos a su mente que el Padre y el Hijo desean que reciban. Él es el Consolador. Él transmitirá un sentimiento de paz a su corazón. Al leer y escuchar la palabra del Señor, Él testifica de la verdad y les confirmará lo que es verdadero”.
Prepararnos y mejorar nuestra capacidad para oír a veces significa eliminar otros ruidos y distracciones. Esas distracciones pueden sobrevenirnos de repente y hacernos cuestionar nuestra fe porque no podemos sentir la influencia del Espíritu.
Podemos planificar y mitigar el riesgo que surge de un mundo que cada vez distrae más y hace más ruido. Permítanme ilustrarlo con una experiencia que tuve hace muchos años.
Volaba en avión desde mi casa en Kalispell, Montana, hasta Las Vegas, Nevada, para recoger a mi suegro de un viaje de negocios. El avión que pilotaba era muy sofisticado y mi copiloto tenía mucha experiencia. Juntos, estuvimos más de sesenta años en las cabinas de diferentes aviones. Revisamos el clima, presentamos un plan de vuelo e hicimos otros preparativos para el vuelo.
El clima en Kalispell era una noche hermosa y despejada, y estábamos preparados para partir justo cuando el cielo se oscureció en el fresco de la tarde de primavera. Estaba emocionado. Estaba pilotando un avión fabuloso, tenía un copiloto que era un querido amigo, teníamos un clima estupendo y existía la posibilidad de otra aventura comercial con mi suegro. Habíamos hecho un plan de vuelo con numerosos puntos de ruta a lo largo de la ruta.
Después de volar durante aproximadamente una hora y media, el control de tráfico aéreo nos dio instrucciones de descenso hacia el área de Las Vegas. Descendimos en medio de una tormenta sobre la que habíamos estado sobrevolando cómodamente durante algún tiempo. De repente, la electricidad estática de la tormenta desbordó las radios y ya no podíamos hablar con los controladores en tierra. Estábamos volando en uno de los espacios aéreos más concurridos del mundo, sin la capacidad de ver nada fuera de la aeronave y sin la capacidad de hablar con los controladores en tierra, cuyo trabajo era mantener la aeronave separada de otros aviones.
Ninguno de nosotros había experimentado nunca una tormenta como esta. Sin embargo, sabíamos exactamente qué hacer. La FAA (organismo rector de todos los vuelos en los EE. UU.) tiene una regla. Si un piloto pierde la comunicación con la tierra, debe volar la “última autorización y luego la ruta del plan de vuelo”, lo que significa hacer lo que el controlador le dijo por última vez y luego mantener el plan que ha hecho.
Pronto salimos volando de la tormenta. Cuando finalmente contactamos al control de tráfico aéreo, nos dijeron: “Podíamos escucharlos. Simplemente no podían oírnos”. No podíamos oír porque la estática había desbordado nuestras radios, pero al seguir nuestro plan, pudimos mantenernos a salvo.
Puede haber ocasiones en las que acudamos a Dios en busca de guía, pero debido a nuestras circunstancias personales, no podemos escuchar Sus respuestas. Si elaboramos un plan espiritual para nosotros mismos y nos ceñimos a ese plan, podemos estar seguros sabiendo que Él nos escucha, aunque por un momento no podamos escucharlo. Ese plan debe incluir cosas tales como hacer y guardar convenios sagrados y renovarlos siempre que sea posible. Debe incluir un plan para el estudio personal y la oración.
3. Estar en lugares sagrados. Al prepararnos, es importante que nos coloquemos y permanezcamos en lugares sagrados. Estos lugares sagrados pueden ser diferentes para cada persona, dependiendo de sus circunstancias individuales. Los lugares sagrados pueden inspirarlos y ayudarlos a cultivar una conexión con el Salvador y nuestro Padre Celestial. Para algunos, es servir en la Casa del Señor; para otros, es el estudio intenso de las Escrituras y la oración, o la contemplación y meditación en silencio. Para la mayoría, crear un lugar sagrado física, mental, emocional y, en especial, espiritualmente incluye todas estas actividades. El lugar sagrado del que hablo no es necesariamente un lugar físico, sino un estado del ser. Esas cosas nos ayudarán a superar la tormenta, a seguir nuestro propio plan espiritual y a estar a salvo.
4. Ser pacientes. Esto puede ser difícil para muchos de nosotros, pero es importante. La impaciencia puede alejar al Espíritu de nosotros, ya que a menudo está arraigada en nuestro propio orgullo y deseos en lugar de la voluntad de Dios.
En las secciones 121 y 122 de Doctrina y Convenios, se nos permite leer una conversación sagrada entre el profeta José y el Salvador. Nadie podría culpar al profeta por ser impaciente después de haber soportado cuatro meses en una prisión oscura e inmunda, temiendo por la seguridad de sus seres queridos. Se encontraba en circunstancias terribles, sufriendo horriblemente, cuando clamó: “Oh Dios, ¿en dónde estás”? (Doctrina y Convenios 121:1). Entonces finalmente oyó la voz del Señor que le decía: “Hijo mío, paz a tu alma” (Doctrina y Convenios 121:7).
No sabemos por qué el Señor decidió esperar. No sabemos lo que José aprendió en el proceso. Sí sabemos que los caminos del Señor no son nuestros caminos y que Su tiempo no es nuestro tiempo. Sí sabemos que algún día, cuando se corra el telón, veremos claramente que el Señor siempre actúa para nuestro bien.
Sé que nuestro Padre Celestial y Su Hijo nos conocen y nos aman. Sé que Ellos desean ayudarnos en esta vida. Ellos no han cerrado los cielos, sino que los han abierto ampliamente para todos nosotros. Testifico de estas cosas en el nombre de Jesucristo. Amén.