2025
Vale la pena cualquier sacrificio
Liahona, diciembre de 2025


Voces de los miembros

Vale la pena cualquier sacrificio

María de Los Santos Pérez Rodríguez vivía en la provincia de Colón, Panamá. En una ocasión, tuvo la oportunidad de escuchar dos himnos que tocaron profundamente su corazón: “Loor al Profeta” y “Oración al Profeta”, ambos en inglés. Aquellos himnos despertaron en ella un fuerte deseo de conocer más sobre la Iglesia.

En Colón solo existía una pequeña rama de habla inglesa por lo que decidió visitar otra rama en la ciudad de Panamá, conocida como Rama Pacífico, que más adelante se convertiría en la Capilla de Balboa. Ella recuerda: “Todas las semanas me esforzaba por recolectar el costo del pasaje para llegar a la ciudad, solo con el deseo de escuchar la reunión en español”.

Aprendió del Evangelio a través de dos misioneros: el élder Scott y el élder Hall. Fue bautizada el 28 de enero de 1961. Trabajaba en el aeropuerto cuando conoció a quien sería su esposo, Doroteo Pascual, entre los años 1967 y 1968, aproximadamente. Él no era miembro de la Iglesia y ella le puso una condición: si deseaba conocerla mejor, debía acompañarla a las reuniones. Así fue como él comenzó a asistir, conoció el Evangelio y decidió bautizarse.

Una vez casados, y con la llegada de los hijos, la hermana tuvo que dejar de trabajar. Su esposo se convirtió en el único sustento del hogar. Él sentía temor de que, si pagaban el diezmo, sus pequeñas hijas no tendrían qué comer. Pero ella, con fe, lo animaba a confiar en el Señor. Le dijo que, si permanecían fieles, serían bendecidos incluso en medio de las tribulaciones.

El 13 de agosto de 1991, tomaron sus investiduras y fueron sellados en el Templo de Guatemala. Para lograrlo, tuvieron que venderlo todo. Al regresar con las manos vacías, comenzaron de nuevo: ella vendiendo gelatinas y él manejando un taxi. Con esfuerzo, y después de un año y medio, lograron ahorrar lo suficiente para comprar su propio taxi.

El hermano Pascual, perdió a su madre a los cinco años por una mordedura de serpiente y al crecer huérfano no tuvo la oportunidad de obtener una educación formal. Sin embargo, el Señor vio su corazón y su potencial. En 1999 fue llamado como Patriarca en Tocumen, servicio que prestó hasta 2024. Cuando el Templo de Panamá abrió sus puertas en 2008, fue llamado como sellador, entre otros llamamientos. La hermana testifica: “El Señor ha sido muy bondadoso con nosotros y ambos sabemos sin ninguna duda que el Evangelio es verdadero. Miré muchas veces la mano del Señor cada vez que mi esposo bendecía a nuestros hijos al inicio del año escolar o en el día de sus cumpleaños. El Evangelio es hermoso y vale la pena cualquier sacrificio”.

Con la colaboración de Jessenia Contreras de Paredes.