2025
Ayudar, dar y amar a la manera del Señor
Liahona, diciembre de 2025


“Ayudar, dar y amar a la manera del Señor”, Liahona, diciembre de 2025.

Ayudar, dar y amar a la manera del Señor

Los miembros de todo el mundo dan libremente de su tiempo y recursos, difundiendo el Evangelio por medio del servicio y la caridad.

Misioneros ayudando a limpiar; una mujer a la que le toman la presión arterial

Izquierda: Misioneros en Suiza ayudan con las labores de limpieza tras fuertes tormentas. Derecha: Uno de los objetivos de la Iglesia es mejorar el bienestar de las mujeres y los niños.

En Jordania, una niña recibió una silla de ruedas pediátrica, una de las más de 1000 sillas de ruedas donadas por la Iglesia.

En México, la Iglesia colaboró con la Cruz Roja Mexicana para actualizar el equipo de diagnóstico por imágenes y apoyó un programa especializado de telemedicina en diabetes con el fin de ayudar a las personas sin acceso a servicios médicos.

En Liberia, los agricultores aprendieron a mejorar el rendimiento de las cosechas y a aumentar sus ingresos con la ayuda de una donación de la Iglesia al Programa Mundial de Alimentos.

En Nevada, EE. UU., los jóvenes de la Iglesia armaron noventa y un camas nuevas para la Misión de Rescate de Las Vegas.

Historias como estas son innumerables en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y ejemplifican los esfuerzos que muchos miembros hacen para vivir su compromiso por convenio de cuidar de los necesitados mediante el servicio y las donaciones.

Estos esfuerzos pueden venir en forma de ayuda de emergencia a poblaciones desplazadas, de ofrecer apoyo mental y emocional, o de prestar servicio en comunidades y hogares. Tales contribuciones de miembros de todo el mundo se destacan en el informe de la Iglesia Cuidar de los necesitados: Resumen de 2024, publicado anualmente unos meses después de finalizar el año.

“Este resumen muestra cómo, juntos, hemos cuidado de los hijos de Dios por medio de iniciativas tales como responder ante emergencias, alimentar al hambriento y velar por el bienestar de las mujeres y los niños”, declara la Primera Presidencia en la introducción del informe.

Alcance mundial

“Es por medio de los esfuerzos diligentes de los miembros y las organizaciones colaboradoras que podemos satisfacer las necesidades locales y crear un impacto duradero”, dijo Blaine Maxfield, director gerente de Servicios de Bienestar y Autosuficiencia. “En todas nuestras labores, nos esforzamos por seguir el ejemplo del Salvador al desarrollar la autosuficiencia conforme satisfacemos las necesidades temporales y servimos como Él lo haría”.

Todas las contribuciones y labores humanitarias son demasiadas para enumerarlas, pero a continuación se presentan algunas de las buenas obras de miembros, de amigos y del alcance mundial de la Iglesia.

Cuidar de las mujeres y los niños

En 2024, la Presidencia General de la Sociedad de Socorro amplió la iniciativa mundial para mejorar la salud y el bienestar de las mujeres y los niños centrándose en la nutrición infantil, el cuidado materno y neonatal, las vacunas y la alfabetización.

“El progreso mundial comienza con la nutrición de los niños y el fortalecimiento de las mujeres”, dijo la Presidenta General de la Sociedad de Socorro, Camille N. Johnson. “Cuando se bendice a una mujer, se bendice a una familia, a una comunidad, a una nación; cuando se bendice a un niño, se invierte en el futuro”.

En colaboración con ocho organizaciones humanitarias mundiales (CARE International, Catholic Relief Services, Helen Keller Intl, iDE, MAP International, Save the Children, The Hunger Project y Vitamin Angels), la Iglesia ayudó a mejorar el bienestar de más de 21 millones de mujeres y niños en todo el mundo, el doble de las proyecciones originales para el año. La Iglesia ha asumido una función de liderazgo al convocar a estas organizaciones y reunir su experiencia en cuatro grupos centrados en beneficiar a las mujeres y a los niños.

“La colaboración sigue siendo la esencia de esta iniciativa; generamos una influencia más grande a través de nuestros esfuerzos conjuntos”, dijo la presidenta Johnson. “Juntos, esperamos tener otro año en el que promovamos futuros más saludables para las mujeres y los niños, y fortalezcamos las comunidades”.

En otros esfuerzos relacionados, la Iglesia apoyó al grupo Caritas Manila en Filipinas al proveer comidas suplementarias, vitaminas y artículos de higiene con el objetivo de detectar y tratar la desnutrición.

En colaboración con Project HOPE, la Iglesia ayudó a financiar capacitación y equipos neonatales y maternales en Colombia y Venezuela. La Iglesia también donó para construir un nuevo centro de maternidad y una sala neonatal totalmente equipada para un hospital en Liberia después de que el edificio anterior fuera destruido en un conflicto civil. Los médicos celebraron la cantidad de vidas de bebés que podrían salvar.

En Malí, UNICEF y la Iglesia trabajaron juntos para proporcionar vacunas a las mujeres, lo cual eliminó del país el potencialmente mortal tétanos neonatal. La Iglesia también apoyó programas de Learning for Life [Aprendizaje para la vida] en la República Democrática del Congo, Kenia, Sudán y Uganda, que ofrecen educación y servicios a unos 140 000 niños.

En Eslovaquia, la Iglesia ayudó a una organización local a enseñar a las mujeres a trabajar como cuidadoras, lo que les permitiría proveer para sus familias y edificar sus comunidades.

Trabajar juntos para brindar alivio

Para tener un mayor impacto en quienes lo necesitan, la Iglesia colabora con muchas organizaciones, entre ellas el Programa Mundial de Alimentos, las agencias de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Muslim Aid, Water for People, UNICEF y Catholic Relief Services, por nombrar algunas.

“La meta que tenemos en común es mitigar el sufrimiento de los hijos de Dios. Todo esto es parte de la obra de Dios para Sus hijos”, dijo el presidente Dallin H. Oaks, Primer Consejero de la Primera Presidencia.

Los miembros de la Iglesia también se unen entre sí y con sus comunidades para servir a quienes lo necesitan. Ya sea un cuórum de élderes trabajando en el jardín de una miembro del barrio lesionada, jóvenes adultos solteros preparando comida para los necesitados en una conferencia o jóvenes preparando camas para un refugio de personas sin hogar, los esfuerzos mancomunados brindan alivio a muchos.

Alimentar al hambriento

Julio nació prematuro en Guatemala. Su madre lo llevó a un evento de revisión nutricional organizado por la Iglesia y recibió suplementos nutricionales para su desarrollo. Al igual que muchas otras personas bendecidas por miembros voluntarios en el programa de la Iglesia centrado en la nutrición infantil, Julio ha superado la desnutrición aguda.

Apoyo a las necesidades de vivienda

A causa de disturbios civiles, Kaltoumi y sus hijos pequeños tuvieron que huir de su hogar en busca de seguridad, solo con la ropa que llevaban puesta. Después de llegar al campo de refugiados de Minawao, en Camerún, Kaltoumi recibió una tienda de campaña para su joven familia proporcionada por ShelterBox y la Iglesia.

Apoyo a las poblaciones vulnerables

Mujer cocinando afuera de un refugio temporal

Una mujer de Siria preparando comida afuera de su refugio temporal. La Iglesia apoya programas de ayuda destinados a empoderar a las personas desplazadas.

Fotografía cortesía de ShelterBox

Mujeres y niños de Yemen, Siria y Líbano se vieron obligados a huir de sus hogares en 2024. La Iglesia apoyó varios programas de alivio para ayudar a empoderar a esas personas y a las organizaciones locales.

Por ejemplo, la Iglesia donó 150 ovejas a Al Jahuth para crear una granja de ovejas lecheras en Jordania. La organización enseña cómo producir lácteos y generar ingresos para cuidar de sí mismas a las personas en los campamentos de reasentamiento. La Iglesia también colaboró con Rahma Worldwide en Líbano, la Iglesia Ortodoxa Copta en Egipto y otras organizaciones para ofrecer apoyo alimentario urgente a poblaciones vulnerables.

Respuesta en casos de emergencia

Cuando varias catástrofes azotaron Filipinas en 2024, entre ellas un supertifón, la erupción de un volcán, incendios y sequías, la Iglesia y los servicios de respuesta ante emergencias del país proporcionaron socorro. Los miembros locales de la Iglesia dedicaron tiempo y esfuerzo a empaquetar, organizar y entregar artículos.

Misioneros ayudando a descargar suministros de emergencia de un avión

Misioneros ayudando a descargar suministros de emergencia de un avión tras una grave inundación en Río Grande del Sur, Brasil.

Fotografía cortesía de Divulgação Azul.

La Iglesia proporcionó ayuda crucial a las víctimas de las inundaciones en Río Grande del Sur, Brasil, donde las graves inundaciones desplazaron a 200 000 personas y causaron más de noventa muertes. La Iglesia estableció veintiún refugios, distribuyó paquetes de alimentos y entregó seis toneladas de suministros de emergencia. Los miembros y los misioneros también participaron en las labores de limpieza.

Después de que el huracán Beryl devastara muchas zonas del Caribe, los miembros de la Iglesia viajaron a la isla Unión para entregar suministros muy necesarios, como alimentos y kits de higiene, y ayudaron a limpiar los escombros de las carreteras.

Seguridad alimentaria

En Nicaragua, la Iglesia contribuyó a una iniciativa del Programa Mundial de Alimentos que proporcionó comidas escolares a los niños. El proyecto también incluyó mejoras en la infraestructura y las cocinas de escuelas de todo el país.

Apoyo para la educación

En Argentina, la Iglesia apoyó el Plan Emaús de Caritas para otorgar becas a estudiantes. Estas becas beneficiarán a muchos estudiantes necesitados en todo el país, lo que aumentará sus futuras oportunidades laborales y los ayudará a ser autosuficientes.

Alumnos sentados en pupitres con computadoras

La Iglesia ayudó a entregar 1000 computadoras a estudiantes en Mongolia.

En Mongolia, la Iglesia trabajó con el Ministerio de Educación para entregar 1000 computadoras a escuelas secundarias. Estas bendecirán a unos 43 000 alumnos con mejores oportunidades educativas.

Muchos miembros utilizan los cursos de autosuficiencia facilitados por voluntarios en sus barrios y áreas para mejorar su vida. Muchos también reciben préstamos y becas a través del Fondo Perpetuo para la Educación de la Iglesia para ayudar a costear sus estudios.

Amar al prójimo

Nuestro Salvador, Jesucristo, nos enseñó a seguir los dos grandes mandamientos: amar a Dios y amar a nuestro prójimo (véase Mateo 22:37–39). En palabras del presidente Russell M. Nelson: “Cuando amamos a Dios con todo el corazón, Él nos vuelve el corazón hacia el bienestar de otras personas en un bello círculo virtuoso”.

Hoy en día, la Iglesia y sus miembros procuran seguir los pasos del Señor al cuidar de las personas necesitadas por medio de las iniciativas de bienestar y autosuficiencia, los esfuerzos humanitarios mundiales y el servicio voluntario. Como dijo el presidente Oaks: “La Iglesia de Jesucristo tiene el compromiso de servir a los necesitados y también el compromiso de colaborar con los demás en ese empeño”.