Liahona
Profecía y paciencia: 100 años de la Iglesia en Sudamérica
Liahona, diciembre de 2025


“Profecía y paciencia: 100 años de la Iglesia en Sudamérica”, Liahona, diciembre de 2025.

Profecía y paciencia: 100 años de la Iglesia en Sudamérica

“Al igual que el roble crece paulatinamente de una bellota”, la Iglesia en Sudamérica ha crecido de manera constante y significativa en los últimos cien años.

Fotografía del presidente de misión Reinhold Stoof y su esposa, Ella; el élder Ballard; el élder Rey L. Pratt, de los Setenta; y el misionero J. Vernon Sharp

En diciembre de 1925, el élder Melvin J. Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles (centro) dedicó Sudamérica para la predicación del Evangelio. Esta fotografía se tomó en el lugar de la dedicación en Buenos Aires, Argentina, unos seis meses después.

De izquierda a derecha: el presidente de misión Reinhold Stoof y su esposa, Ella; el élder Ballard; el élder Rey L. Pratt, de los Setenta; el misionero J. Vernon Sharp.

“Quiero decirles delante del Señor que concerniente a los destinos de esta Iglesia y reino, no saben más que un infante en los brazos de su madre”, proclamó audazmente el profeta José Smith a una congregación de poseedores del sacerdocio en Kirtland, Ohio, durante la primavera de 1834. “No lo comprenden”.

Apretujados en una pequeña cabaña de troncos, los presentes escuchaban atentamente mientras el Profeta detallaba el crecimiento futuro de la Iglesia restaurada de Jesucristo.

“Lo que ven aquí esta noche no es más que un grupo muy pequeño del sacerdocio”, explicó José, “pero esta Iglesia llenará el norte y el sur de América; llenará el mundo”.

Para los presentes, las palabras del Profeta parecían casi inimaginables. Nunca habían considerado que la Iglesia podría un día cubrir la totalidad de un continente tan distante y vasto como Sudamérica.

El primer intento

Entre los que estuvieron presentes con el Profeta aquel día de 1834 se encontraba el apóstol Parley P. Pratt. A finales de 1851, él se embarcó en una ambiciosa misión con su esposa embarazada, Phoebe, y su compañero de misión, Rufus C. Allen. Motivado por el deseo de ver cumplida la promesa del profeta José, el grupo desembarcó en Valparaíso, Chile, para comenzar la predicación del Evangelio restaurado de Jesucristo en Sudamérica.

La complicada situación económica y política de la época, y el hecho de que el Libro de Mormón no se hallaba disponible en español, dificultaban la obra misional. Además, el hijo recién nacido de los Pratt, Omner, que había nacido en Chile, falleció poco después de su llegada. Después de solo unos meses, Parley llegó a la conclusión de que no era el momento adecuado para que la Iglesia se arraigara en Sudamérica. Sin embargo, seguía convencido de que un día todas las palabras del Señor se cumplirían.

Una oración y una profecía extraordinaria

Aunque Parley nunca regresó a Sudamérica, su nieto Rey L. Pratt desempeñó un papel fundamental en el establecimiento de la Iglesia allí. Él y Rulon S. Wells acompañaron al élder Melvin J. Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, a Argentina en 1925 para abrir una misión. Unos años antes, unos miembros de Alemania se habían establecido en la bulliciosa ciudad de Buenos Aires y habían comenzado a enseñar a sus amigos y vecinos.

Antes de cumplirse una semana de que el élder Ballard y sus compañeros llegaran a la ciudad, bautizaron a los primeros conversos del continente. Entonces, temprano en la mañana de Navidad, se reunieron bajo una arboleda de sauces en un parque. Bajo la dirección de Heber J. Grant, el Presidente de la Iglesia, y mediante la autoridad apostólica que poseía, el élder Ballard ofreció una oración a fin de dedicar Sudamérica para la predicación del Evangelio.

Él oró y dijo: “Doy vuelta a la llave, abro la cerradura y abro la puerta para la predicación del Evangelio en todas las naciones sudamericanas. Además, reprendo y ordeno que se retire todo poder que se oponga a la predicación del Evangelio en estas tierras”.

Sin embargo, resultó difícil encontrar más personas interesadas en su mensaje. Los misioneros pasaron incontables horas contactando a las personas en las calles y repartiendo miles de folletos, con la esperanza de atraer gente a sus reuniones.

Tras haber tenido un éxito limitado, el élder Ballard pronunció una notable profecía sobre el futuro de la Iglesia en Sudamérica poco antes de regresar a casa. Testificó a un pequeño grupo de santos que “la obra del Señor a[ll]í avanzar[ía] lentamente por un tiempo, al igual que el roble crece paulatinamente de una bellota”. Pero a diferencia del girasol que brota en un día, que “florece rápidamente y luego muere”, el Evangelio se extendería gradualmente. “Miles de personas se unirán aquí”, declaró él. “La obra aquí nunca será más pequeña de lo que es en este momento”. El élder Ballard predijo además que la misión “se dividir[ía] en más de una misión y ser[ía] una de las más fuertes de la Iglesia”.

Llevar el Evangelio a todas partes

En ese momento, la declaración del élder Ballard sobre el destino de la Iglesia en Sudamérica parecía casi tan increíble como la profecía de José Smith pronunciada décadas antes. Sin embargo, como el élder Ballard profetizó hace cien años, la Iglesia a lo largo de las décadas se ha extendido por todo el continente en el tiempo del Señor.

Con el tiempo, los misioneros de Argentina cruzaron a los países vecinos de Brasil, Chile y Uruguay. A partir de ahí, la obra se expandió a otros países. En lugares como Guyana, Paraguay y Venezuela, los Santos de los Últimos Días de tierras extranjeras contribuyeron decisivamente a la introducción del Evangelio. En otros lugares, el mensaje del Evangelio restaurado logró llegar años antes que los miembros o los misioneros.

Tal fue el caso de la familia Fandiño, que vivía en la costa caribeña de Ciénaga, Colombia. Un día, mientras visitaba el mercado local, Margarita Fandiño encontró y compró un ejemplar usado del Libro de Mormón. Aceptándolo como Escritura, la familia leyó y marcó versículos significativos hasta que Kellys, la hija de Margarita, compartió el libro con el grupo local de estudio de la Biblia para jóvenes. Para su sorpresa, el pastor tomó el Libro de Mormón y lo quemó. No fue sino hasta años después que los misioneros llegarían a la ciudad de Ciénaga y enseñarían a Margarita y a su familia acerca de su amado libro y sobre la Restauración.

En el extremo opuesto del continente, en Ushuaia, Argentina, la ciudad más austral del mundo, la promesa de las familias eternas llamó la atención de Amanda Robledo y su esposo, Ricardo. Tras la muerte de su madre, Amanda visitó diferentes denominaciones con la esperanza de que las enseñanzas de Jesucristo pudieran sanar su corazón. Más tarde, cuando los misioneros encontraron a la pareja y les enseñaron que las familias podían ser selladas, Ricardo sintió el Espíritu Santo y quiso ser bautizado. Amanda se sintió conmovida de manera similar, pero no estaba segura debido a los rumores que había escuchado. Con el tiempo, el amor por su familia y el deseo de estar con ellos para siempre la convencieron de unirse a la Iglesia y de ser sellada a su familia por medio de las ordenanzas del templo.

Sacrificios por las bendiciones del templo

Aun cuando el Evangelio restaurado se extendía por todo el continente, las bendiciones de la Casa del Señor permanecían fuera del alcance de la mayoría de los miembros en Sudamérica. Hasta que se completó el Templo de São Paulo, Brasil, en 1978, solo aquellos que podían viajar a los Estados Unidos o Europa tenían el privilegio de hacer convenios eternos y participar en la obra de las ordenanzas por otras personas. Los santos de toda Sudamérica contribuyeron a la construcción del templo trabajando en el lugar, vendiendo objetos de valor y donando ahorros.

Poco después de la dedicación del templo, Efraín y María Ondina Rodríguez, de Arequipa, Perú, emprendieron el viaje a São Paulo. Las complicaciones en los cruces fronterizos internacionales y el estallido de una revolución convirtieron su viaje en una travesía de casi un mes. A pesar de afrontar muchas dificultades, mediante la fe y la determinación fueron unidos como compañeros eternos. Para otras personas, asistir al templo requería vadear ríos embravecidos y cruzar la imponente cordillera de los Andes a fin de ser selladas para siempre como familias.

Viajar a la Casa del Señor también exigía grandes sacrificios para los Santos de los Últimos Días en Brasil. Manaos, ubicada a orillas del río Amazonas, estaba a una semana de viaje de São Paulo. Llegar al templo implicaba un viaje costoso y largo a través de la selva en bote durante tres o cuatro días, y luego tres días más en autobús. A lo largo del camino, los santos de Manaos afrontaron escasez de alimentos y agua, averías en los vehículos e incluso robos, desafíos que solo lograron superar mediante milagros y la ayuda de otros miembros. Para aquellos que hicieron el viaje, la paz espiritual que recibieron fue mayor que cualquier contratiempo sufrido.

A medida que los convenios sagrados del templo se han vuelto más accesibles, estas y otras experiencias se han convertido en un valioso legado de fe para todos los santos de Sudamérica.

El crecimiento del reino

Las profecías sobre la Iglesia en Sudamérica se están cumpliendo ante nuestros ojos. El reino ciertamente se ha extendido por todo el continente, tal como lo previó el profeta José Smith. En Sudamérica hay más de cuatro millones de miembros y hay congregaciones en todos los países. En la actualidad hay más de treinta templos en funcionamiento, con muchos más anunciados o en construcción.

La semilla plantada por el élder Melvin J. Ballard hace un siglo ciertamente ha dado fruto. La Misión Sudamérica que él predijo que se dividiría algún día se ha convertido en más de cien misiones diferentes. Al igual que un roble con raíces profundas, la Iglesia en Sudamérica tiene ahora un tronco fuerte que le permitirá extender sus ramas aún más. Al considerar en retrospectiva los últimos cien años en Sudamérica, se demuestra cómo el Padre Celestial continúa cumpliendo Sus promesas hechas por medio de Sus profetas.

Notas

  1. Como informó Wilford Woodruff, en Conference Report, abril de 1898, pág. 57; se estandarizaron la ortografía y la puntuación.

  2. Véase Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días, tomo II, Ninguna mano impía, 1846–1893, 2020, pág. 459.

  3. Véase A. Delbert Palmer y Mark L. Grover, “Hoping to Establish a Presence: Parley P. Pratt’s 1851 Mission to Chile”, BYU Studies Quarterly, tomo XXXVIII, nro. 4 (invierno de 1999), págs. 115–138.

  4. Melvin J. Ballard, “Prayer Dedicating the Lands of South America to the Preaching of the Gospel”, Improvement Era, abril de 1926, pág. 576; véase también Melvin R. Ballard, Melvin J. Ballard, Crusader for Righteousness, 1966, pág. 81.

  5. Véase Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días, tomo III, Valerosa, noble e independiente, 1893–1955, 2022, págs. 262–264, 275–278.

  6. Véase la entrevista a Kellys S. Fandiño, Lima, Perú, 4 de junio de 2018, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  7. Véase Michael R. Morris, “Encontrar fe en los extremos de la tierra”, Liahona, agosto de 2012, págs. 36–37.

  8. Véase Efraín Rodríguez, “De costa a costa: Nuestro viaje al templo”, Liahona, marzo de 2018, págs. 44–47.

  9. Véase “Sellados en el templo: La caravana desde Manaus al templo”, history.ChurchofJesusChrist.org; véase también “The Drive behind Why Brazilian Saints Traveled by Bus and by Boat for Decades to Attend the Temple”, Church News, 30 de julio de 2018, thechurchnews.com.

  10. El Templo de Antofagasta, Chile, y el Templo de Bahía Blanca, Argentina, se dedicaron en 2025.

  11. El total de miembros corresponde a datos obtenidos a mediados de 2025. Véase “Datos y estadísticas”, noticias.LaIglesiadeJesucristo.org.