2025
La época más feliz de mi vida
Liahona, diciembre de 2025


“La época más feliz de mi vida”, Liahona, diciembre de 2025.

Retratos de fe

La época más feliz de mi vida

Cuando le pregunté a Dios si estaba tomando la decisión correcta al cambiar mi vida, Él respondió enviando a los misioneros de tiempo completo a mi puerta.

Fotografía del autor

Fotografías por Stefan Huysmans

Durante once años fui adicto a la metanfetamina. En mi vida había mucha disfuncionalidad y me sentía muy infeliz. Las personas más cercanas a mí intentaron en vano alejarme de las drogas.

Estaba hundido en la oscuridad, luchando contra una depresión y ansiedad severas, y fumando hasta llegar a la psicosis. Todo se desmoronaba a mi alrededor. Incluso intenté quitarme la vida. Fue un milagro que sobreviviera. Después, lo primero que pensé fue: “No estoy destinado a morir, tengo un propósito”.

Mi adicción afectó todas mis relaciones interpersonales, especialmente la relación con mi hijo Lincoln, de trece años. Un día me preguntó si podía inscribirlo en kickboxing. Le dije que sí, pero él me miró a los ojos y me dijo: “Papá, no te creo”.

“¿Por qué no?”, le pregunté.

“Siempre haces lo mismo”, respondió Lincoln. “Me das esperanzas y nunca cumples”.

Se me rompió el corazón. Me sentí terriblemente mal. Ya no estaba hablando con mi niño pequeño. Estaba hablando con un joven de trece años que sabía lo que estaba pasando, así que prometí cambiar. Me prometí que no volvería a fumar metanfetamina. Todas las noches me repetía: “Tomaré mejores decisiones”.

Pasaron dos semanas mientras me esforzaba por mejorar mi relación con Lincoln. En lugar de comprar drogas, lo inscribí en un gimnasio de kickboxing. Me sentía feliz con el progreso que yo estaba logrando.

Cassidy practicando <i>kickboxing</i> con su hijo

Un día, mientras llovía, Lincoln quiso hornear un pastel de chocolate. Reunió los ingredientes y los mezcló. Mientras lo observaba, el corazón se me henchía de orgullo. Tenía el corazón lleno de gratitud porque nuestra relación había mejorado y había mayor confianza en solo dos semanas.

En ese momento, hice una oración en silencio: “Dios, ¿estoy haciendo lo correcto? ¿Es esto lo que debo hacer?”.

Alguien llama a la puerta

Tan pronto como le hice esa pregunta a Dios, oí que alguien llamaba a la puerta. Miré por la ventana y vi a dos misioneros parados bajo la lluvia. Los reconocí como personas que predicaban sobre Dios, así que los invité a entrar. Fue entonces cuando supe que Dios estaba conmigo. Supe que Él me estaba cuidando.

Los misioneros me hablaron sobre el Libro de Mormón y me invitaron a asistir a la iglesia. Fui y, a partir de entonces, asistí a la iglesia todas las semanas. Sin embargo, no sabía bien por dónde empezar a leer el Libro de Mormón. ¿Debía empezar por el principio, por el final o leer algunas páginas al azar en medio? Cuando pregunté a los misioneros qué debía hacer, me invitaron a leer “El Testimonio del profeta José Smith”, que se encuentra al principio del libro, y a orar.

Una noche, mientras estaba en mi habitación a oscuras, acostado en la cama, tomé mi Libro de Mormón e hice una oración. Le pregunté al Padre Celestial si lo que estaba aprendiendo era verdadero y si Él me ayudaría a saber que lo era.

Empecé a leer el testimonio de José Smith y di vuelta a la página. Las páginas comenzaron a brillar cada vez más. De repente eran tan brillantes que tuve que cerrar los ojos. Bajo mis párpados, vi la estatua del Christus, una silueta de Jesucristo con los brazos extendidos.

Inmediatamente supe que el Libro de Mormón era verdadero. No había manera de negarlo. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días también era verdadera.

Decidí que nunca volvería a dar la espalda al Padre Celestial y a Jesucristo. Unos meses después, fui bautizado. Mis amigos, mi familia y mi barrio se han unido para apoyarme. Esta ha sido la época más feliz de mi vida y mi corazón rebosa de felicidad.

Cassidy y su hijo de pie frente al templo.

“El Padre Celestial me ha ayudado a establecer mejores relaciones interpersonales y de más confianza con los demás, especialmente con mi hijo, Lincoln”, dice Cassidy.

Cuando busqué la ayuda del Padre Celestial, Él me quitó todo mi dolor —la depresión, la ansiedad y la oscuridad— y me dio la fortaleza para vencer mi adicción. Él me ha ayudado a establecer mejores relaciones interpersonales y de más confianza con los demás, especialmente con mi hijo.

Cuando nos “ceñ[imos] con la armadura de la rectitud”, podemos “sacud[irnos] de las cadenas con las cuales est[amos] sujetos […] y levanta[rnos] del polvo” (2 Nefi 1:23). Si buscan un cambio en su vida, Dios les ayudará. Si le piden ayuda para tomar decisiones correctas, Él los bendecirá. El amor del Padre Celestial me dio la fortaleza para vencer mi adicción, arrepentirme y llegar a ser una nueva persona (véase 2 Corintios 5:17).