2025
El milagro que Dios obró en mí
Junio de 2025


Voces de los miembros

El milagro que Dios obró en mí

Desde muy pequeña tuve el deseo de servir en una misión. Mientras crecía, ese deseo nunca disminuyó. En el año 2022, me enfermé y durante mucho tiempo pasé mis días internada en distintos hospitales, donde me realizaron muchos exámenes. Mis lecturas del Libro de Mormón fueron mi fuente de fortaleza en todo ese tiempo. Finalmente, me diagnosticaron con linfoma de Hodgkin, que es cáncer en el sistema linfático. El diagnóstico fue devastador, pero a la vez estaba enteramente agradecida de que era yo la que padecía esa enfermedad y no alguien de mi familia.

Tiempos difíciles

En un abrir y cerrar de ojos, todo cambió y de pronto empecé a perder el cabello. Sin embargo, estoy agradecida por mi familia por los actos de servicio y gestos de amor que tuvieron conmigo. Hubo momentos en los que solo podía caminar una cuadra; luego, mis piernas ya no respondían, ni siquiera tenía una silla de ruedas. En esos días, mi hermana Saríah me cargaba para que pudiera salir. Sin importar cuánto tenía que caminar conmigo sobre su espalda, ella nunca dijo que no.

El tiempo siguió pasando y mi estado empeoró tanto que los doctores dijeron a mis padres que tenían que prepararse para lo peor. Me dolía cada parte de mi cuerpo; era un dolor tan intenso que se me salían las lágrimas. Estaba tan cansada que estaba lista para partir de esta tierra, no tenía miedo y mi alma se llenó de un sentimiento indescriptible de paz que nunca antes había sentido y de una tranquilidad de que estaría bien sin importar lo que pasara. Durante todo ese tiempo, mi mamá nunca se separó de mi lado.

El milagro que Dios obro en mí

Fue gracias a la bondad y amor de Jesucristo y nuestro Padre Celestial que la quimioterapia hizo el efecto que los doctores esperaban. Luego, tuve que empezar con la radioterapia y, gracias a la misericordia de Dios, terminé mi tratamiento. Sabía que Dios me había sanado, así que decidí servirle en una misión de tiempo completo. Lamentablemente, por órdenes del doctor no pude hacerlo en ese momento, pues no me había recuperado completamente. Mi vida y mis pensamientos han cambiado por completo luego del fatídico diagnóstico. Ahora estoy en remisión, pero puedo tener recaídas. Debido a la radioterapia, mi piel está más expuesta a que me dé cáncer de piel; es algo abrumador, pero tengo la fe de no volver a padecer esta enfermedad.

Estoy agradecida por el milagro que Dios obró en mi vida y le serviré hasta el último día. Como Nefi dijo: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles una vía para que cumplan lo que les ha mandado”. Gracias a las nuevas instrucciones podré servir en una misión de servicio.

Aprendí que los misioneros de proselitismo son la voz del Señor y los misioneros de servicio son las manos del Señor. Estoy más que feliz de servir a Dios y a Jesucristo por los próximos dieciocho meses. Yo sé que Jesucristo vive, el Padre Celestial es un Dios de amor y de milagros. Sé sin ninguna duda que esta es la Iglesia verdadera, que el Libro de Mormón es verdadero y que los profetas son llamados por Dios y reciben revelaciones para nuestro progreso.

Nota

  1. 1 Nefi 3:7.