“Los templos: Un refugio para Sion”, Liahona, junio de 2025.
Perspectivas históricas sobre la Casa del Señor
Los templos: Un refugio para Sion
Nos congregamos en los templos y encontramos refugio de las tempestades de la vida.
Fotografías por Gillian Needham, Martin Hunter y Cameron Spencer/Getty Images
A las 12:51 h del 22 de febrero de 2011, un terremoto de magnitud 6,3 causó severos daños en Christchurch, Nueva Zelanda. Ciento ochenta y cinco personas murieron y varios miles resultaron heridas. El miedo y el caos en la ciudad eran palpables. Me tomó varias horas conducir entre los escombros para recoger a mis hijos de sus escuelas y encontrar a mi esposo, quien había estado en la zona de la ciudad donde se produjeron los mayores daños.
Una vez de vuelta en casa, teníamos que decidir qué hacer. No era seguro quedarse, así que esa misma tarde empacamos apresuradamente algunas pertenencias y comenzamos a conducir hacia el norte. No nos dimos cuenta de que experimentaríamos muchos milagros en el camino.
Al salir de la ciudad, nuestra camioneta estaba casi sin combustible, pero pudimos conseguir gasolina en la primera estación de servicio que volvió a abrir. Nuestra camioneta también tenía problemas mecánicos, así que la dejamos en un taller para que la repararan. Cuando la recogimos, el mecánico no nos cobró y dijo que quería ayudar a quienes se habían visto afectados por el terremoto. Amigos y familiares nos demostraron bondad y nos ayudaron a calmarnos a nosotros y a nuestros hijos.
Finalmente condujimos hasta Hamilton, a más de 800 km al norte de Christchurch. Nuestra joven familia pudo alojarse en una de las residencias estudiantiles de una escuela fuera de servicio junto al Templo de Hamilton, Nueva Zelanda. Fue allí, a los pies del templo, donde tratamos de ayudar a nuestros hijos a sanar del trauma de ser refugiados por el terremoto.
Recuerdo haber mirado la aguja del templo y respirado profundamente antes de entrar, ya que hizo falta valor para convencerme de que no se caería como los muchos edificios que se habían derrumbado en nuestra ciudad natal. En el vestíbulo del templo, el Espíritu nos brindó paz mientras planeábamos nuestros próximos pasos: cómo íbamos a empezar a poner orden en el caos y seguir adelante con nuestra vida.
La autora y su familia en el exterior del Templo de Hamilton, Nueva Zelanda
Un refugio contra la tempestad
Al principio de la Restauración, el Señor declaró: “Os mando edificarme una casa para el recogimiento de mis santos, a fin de que me adoren” (Doctrina y Convenios 115:8). El Señor explicó que ese recogimiento de los santos sería “para defensa y para refugio contra la tempestad” (Doctrina y Convenios 115:6). Después de un terremoto, el Templo de Hamilton fue un lugar de recogimiento y refugio para mi familia.
El Templo de Hamilton se anunció en 1954, seguido de una petición de ayuda para la construcción; los santos neozelandeses respondieron de inmediato. Algunos hombres jóvenes, mujeres jóvenes y matrimonios fueron llamados formalmente como misioneros de construcción; otros fueron reclutados por familiares y amigos. Algunos simplemente se sintieron inspirados a venir y servir proporcionando alimentos o apoyo económico a los que participaban en la construcción.
Después de la dedicación del templo en 1958, muchos santos de toda Nueva Zelanda y del Área Pacífico se congregaron en el templo para recibir su investidura y sellamiento. Por ejemplo, cuando Vaha’i y Sela Tonga, del país de Tonga, se enteraron de que se construiría un templo en Nueva Zelanda, hicieron planes para asistir a la dedicación. A pesar de las dificultades económicas para viajar, Vaha’i y Sela fueron el primer matrimonio en ser sellado en el Templo de Hamilton.
Fotografía del Templo de Hamilton, Nueva Zelanda, por Brent Thomson
Un refugio del mundo
El Templo de Suva, Fiyi, también ha proporcionado refugio a los santos del Pacífico que se han congregado allí. El templo fue dedicado el 18 de junio de 2000, durante una época de disturbios civiles. En la oración dedicatoria, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) dijo: “Nos has favorecido con un templo en esta nación insular. Ya no tendremos que viajar lejos a través de los mares para hacer esa obra que Tú has establecido como sagrada y necesaria para Tus santos en esta dispensación de los últimos días. Has escuchado nuestras oraciones y has dado oído a nuestras súplicas para que esta bendición pueda llegar a nosotros”. Durante una época tensa, los santos de Fiyi hallaron paz juntos dentro de los muros del templo, un refugio literal del conflicto.
El 20 de febrero de 2016, el ciclón Winston destruyó miles de viviendas; fue la tormenta más grande registrada que haya azotado a Fiyi. Al día siguiente, el presidente Henry B. Eyring, en ese entonces Primer Consejero de la Primera Presidencia, rededicó el Templo de Suva, Fiyi, tras una renovación de dieciséis meses de duración. En la oración, dijo: “Te damos gracias por Tus fieles santos en esta hermosa tierra. Invocamos Tus bendiciones sobre ellos, para que sean bendecidos con amor y paz, para que sus tierras sean productivas y para que prosperen y sean protegidos en sus justas acciones. Pedimos que sean protegidos de las tormentas de la naturaleza y de los conflictos de los hombres mientras caminan en obediencia a Tus mandamientos”.
Los templos proporcionan refugio espiritual al conducirnos a Jesucristo. Mantenernos conectados con Él por medio de nuestros convenios puede ayudarnos a sobrellevar las tormentas espirituales, tales como las pruebas y las tentaciones. El presidente Russell M. Nelson ha prometido: “Nada los ayudará más a aferrarse a la barra de hierro que adorar en el templo con la regularidad que sus circunstancias lo permitan. Nada los protegerá más, cuando hagan frente a los vapores de tinieblas del mundo”.
Con muchos más templos anunciados, en construcción o en funcionamiento en todo el mundo, cada vez es más fácil para los santos congregarse y encontrar refugio en los templos. Sin importar la distancia, los seguidores del Señor son atraídos a Su casa cuando necesitan el refugio que Él promete a Su pueblo del convenio. Al ser fieles a los convenios que hemos hecho dentro de la Casa del Señor, siempre encontraremos nuestra mayor paz y refugio por medio de nuestro Salvador, Jesucristo.