“¿Qué hace que un barrio o una rama estén unidos?”, Liahona, junio de 2025.
¿Qué hace que un barrio o una rama estén unidos?
Tres relatos muestran maneras de hacer que su barrio o rama esté más unido en Jesucristo.
En los primeros días de la Iglesia restaurada, el Señor dio este importante mandamiento a los santos: “Sed uno; y si no sois uno, no sois míos” (Doctrina y Convenios 38:27).
Cada rama y cada barrio en todo el mundo procura seguir esa instrucción y llegar a ser uno, “teniendo entrelazados sus corazones con unidad y amor” (Mosíah 18:21). Aunque las circunstancias varían según las personas y los lugares, todos confiamos en Jesucristo para lograr la unidad. El élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, nos ha recordado que “solo en Jesucristo podemos llegar a ser uno en verdad”.
Los siguientes relatos de una rama de Mozambique, un barrio de los Estados Unidos y un barrio de Irlanda del Norte demuestran maneras exitosas de llegar a ser “uno en Cristo” (Gálatas 3:28).
“Pensamos en los hermanos y hermanas que no han ido a la iglesia […]. Luego le preguntamos a la persona si podemos tener una noche de hogar de rama en su casa”. —Ernesto Gabriel Manhique, presidente de la Rama Homoine
Ilustraciones por Dilleen Marsh
Unidad por medio de las actividades
Menos de un año después de unirse a la Iglesia, Ernesto Gabriel Manhique fue llamado como presidente de la recién creada Rama Homoine, en Inhambane, Mozambique. En ese momento, la rama tenía dos años y contaba con la asistencia de unos veinte miembros.
El presidente Manhique quería que el amor fuera el fundamento de la rama. “Debido a mis experiencias”, dijo, “decidí ser un líder que cultivara la amistad con los miembros y demostrara amor por ellos”.
El presidente Manhique dijo que sus reuniones de consejo de rama se centraban en tender una mano para que aquellos que habían dejado de asistir a la iglesia porque tenían dificultades se sintieran amados y valorados. Esas conversaciones condujeron a una actividad que llamaron “Noches de hogar de rama los viernes por la noche”.
“Lo planificamos así: pensamos en los hermanos y hermanas que no han ido a la iglesia el domingo anterior o que no han ido durante algunos domingos”, dijo el presidente Manhique. “Luego le preguntamos a la persona si podemos tener una noche de hogar de rama en su casa esa semana”.
La rama se reúne en la casa del miembro y se invita a todo el vecindario. El presidente Manhique explicó que esto ayuda a la persona o a la familia a sentirse amados, valorados y queridos.
“A menudo, el miembro [que fue anfitrión] regresa acompañado de vecinos, quienes disfrutaron de la noche de hogar de la rama y decidieron asistir a la iglesia”, dijo el presidente Manhique. La Rama Homoine cuenta ahora con más de 250 miembros. La mayoría asiste a la iglesia con regularidad.
A medida que los barrios y las ramas planifiquen y lleven a cabo actividades edificantes de forma sistemática, sus miembros crecerán en unidad y amor. El élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “En muchos lugares de la Iglesia, si se hicieran más actividades de barrio, por supuesto, planificadas y llevadas a cabo con un propósito del Evangelio, podríamos entrelazarnos con un sentido de pertenencia y una unidad aún mayores”.
Al trabajar y servir juntos, el sentimiento en el Barrio Eagle Valley cambió. La tristeza se disipó y hallaron gozo en el servicio.
Unidad por medio de la ministración
Hace unos años, el Barrio Eagle Valley, Colorado, EE. UU., experimentó muchas pruebas de fe. Varios miembros del barrio estaban muriendo y sus familias necesitaban fortaleza y apoyo. Los sentimientos de tristeza podrían haber ensombrecido al barrio, pero en vez de ello hallaron gozo en la ministración.
“Servir a los demás nos ayudó a salir adelante”, dijo Karie Grayson, la presidenta de la Sociedad de Socorro en ese momento. Un día, mientras visitaba la casa de una hermana enferma, la hermana Grayson recibió una revelación sobre cómo elevar a esa hermana con el amor de su barrio.
“Mientras mi presidencia y yo estábamos sentadas en el salón conversando con ella, cada una de nosotras pensó: ‘¿Qué más podemos hacer?’”, dijo la hermana Grayson. “Se me ocurrió una idea. Supe en ese mismo momento lo que debíamos hacer”.
A esta hermana le encantaban las flores, por lo que el barrio dio vida a su jardín que estaba cubierto de maleza. Todos los martes por la mañana, los miembros del barrio se presentaban para cuidar del jardín.
El entusiasmo por servir creció no solo en el Barrio Eagle Valley, sino también en la comunidad. Personas y empresas de toda la zona ayudaron a proporcionar tierra, flores y un sistema de riego.
“Siento que lo que hicimos fue dirigido por el Padre Celestial”, dijo la hermana Grayson. “Había mucho trabajo por hacer, pero hubo muchas risas al estar todos juntos. Fue muy divertido”.
Conforme trabajaban y servían juntos, el sentimiento en el Barrio Eagle Valley cambió. La tristeza se disipó y hallaron gozo en el servicio.
El obispo Greg Adair dijo: “Al participar todos juntos, el barrio comenzó a sentirse como una familia. Este período fue una prueba para nuestro barrio, pero nos unimos y nos ayudamos unos a otros”.
La hermana Grayson dijo que el barrio se unió por medio del servicio, no por una obligación, sino por un deseo; al hacerlo, encontraron sanación en sus propios desafíos. “Había un sentimiento poderoso en el barrio”, dijo ella. “Cuando hay un cambio en el corazón de las personas del barrio, hay un cambio en el corazón del barrio”.
Los miembros del Barrio Eagle Valley estaban “dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que [fueran] ligeras […]; y […] a llorar con los que lloran; […] y a consolar a los que necesitan de consuelo” (Mosíah 18:8–9).
“Servir juntos nos acerca más”, dijo el obispo Adair. “Fue fácil ministrar porque todos nos conocíamos bien. Cristo nos enseña a amar a Dios y a nuestro prójimo, y cuando tratamos de hacer cualquier llamado que se nos pida, nos unimos en amor”.
Unidad por medio de la adoración en el templo
Cuando el obispo Ernest White, del Barrio Holywood Road, en Belfast, Irlanda del Norte, vio a sus dos hijos correr una maratón, esperaba que su hijo David, que había estado entrenando durante meses, terminara la carrera mucho más rápido que su hijo Peter, que estaba menos preparado. El obispo White se sorprendió cuando David permaneció al lado de Peter hasta la línea de meta.
“Te estoy retrasando. Sigue sin mí”, le dijo Peter a su hermano.
“No te voy a dejar”, respondió David.
Esa experiencia llevó al obispo White a pensar en los miembros de su barrio. Muchas de ellos son hermanas mayores y les resulta difícil viajar al templo más cercano en Preston, Inglaterra. El obispo White imaginó a cada una de estas hermanas diciendo: “Vayan al templo sin mí. Los estoy retrasando; no me esperen”.
A pesar de las dificultades, el obispo White y otros líderes del barrio no querían dejar atrás a esas hermanas. Decidieron organizar un viaje anual del barrio al templo y ayudar a cada miembro del barrio que deseara asistir a disfrutar de las bendiciones del templo.
El obispo White reconoce que, aunque el viaje es costoso y difícil de planificar, “genera una gran unidad”.
El viaje anual hace que todos los miembros del barrio participen de diferentes maneras. Los adultos ayudan a programar las citas y a hacer los arreglos de viaje. Los jóvenes ayudan a los miembros mayores a utilizar la tecnología para hacer investigación de historia familiar y preparar tarjetas con nombres de familiares. Las generosas donaciones de algunos miembros ayudan a cubrir los costos de alojamiento de todos los participantes que viajan al templo.
“El mensaje que hemos transmitido con éxito a nuestros miembros, a cada uno de ellos, es que si se han comprometido a seguir la senda de los convenios y avanzar, ninguno de ellos se quedará atrás”, dijo el obispo White. “Se los necesita, se los ama y no nos retrasan”.
En los dos primeros viajes anuales, los miembros del barrio volaron a Inglaterra. Sin embargo, en 2024 algunos miembros ya no podían subir las escaleras hasta los aviones, así que el barrio decidió ir por tierra; para ello era necesario tomar un transbordador que cruzara el mar de Irlanda.
Más de treinta miembros viajaron para asistir al templo el pasado mes de agosto. Durante una semana, participaron juntos en las ordenanzas del templo. Esas experiencias les recordaron a los miembros que cada uno de ellos forma parte de una amorosa familia de barrio.
“Significa mucho para nosotros cuando cruzamos juntos las puertas del templo”, dijo el obispo White. “Cuando nos vemos todos juntos en el salón celestial, es como un pedacito de cielo en la tierra”.
Aunque llevar a todo el Barrio Holywood Road al otro lado del mar de Irlanda para visitar el templo no es fácil, vale la pena para los miembros y sus seres queridos. “Eso es lo que el Salvador desea que hagamos”, dijo el obispo White. “Él no querría que nadie se quedara atrás. Quiere que todos avancemos juntos, así que eso es lo que estamos tratando de hacer”.
Llevar a todo el Barrio Holywood Road a través del Mar de Irlanda para visitar el templo no es fácil, pero vale la pena.
Unidad por medio de Jesucristo
Si bien cada uno de estos relatos muestra un principio diferente para desarrollar la unidad, todos muestran cómo Jesucristo nos ayuda a llegar a ser uno con nuestros barrios y ramas. Él guiará a los miembros de la Iglesia a medida que planifiquen actividades, ministren a los necesitados, adoren en los templos y realicen otros esfuerzos por estar unidos. El amor y las enseñanzas del Salvador hacen posible que cada congregación sea “perfeccionad[a] en un[a]” (véase Juan 17:23).