De la Publicación semanal para jóvenes adultos
Mi familia ya no cree en Cristo, pero yo sigo hallando gozo en el Evangelio
Jesucristo me recuerda que no estoy sola, aunque nadie más en mi familia crea en Su Evangelio.
Fotografía tomada con una modelo
Ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en un mundo que no busca a Jesucristo puede ser difícil a veces. Las cosas pueden complicarse aún más cuando los miembros de tu familia no apoyan tu fe.
A veces me pregunto: “¿Cómo puedo aferrarme a mi fe cuando nadie más en mi familia cree en Cristo?”.
Hallar esperanza en Cristo
Crecí siendo católica y mis padres siempre adoraron a Jesucristo. Pero hace unos años, mi padre encontró mucho material anticristiano. Con el tiempo, mis padres escucharon esos mensajes y dejaron de creer en Él o en cualquier religión.
Durante ese tiempo, me hice amiga de miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me invitaban a actividades y siempre trataba de asistir cada vez que tenía la oportunidad.
Un día, durante el ensayo del coro de la iglesia, se estaban repartiendo folletos de Para la Fortaleza de la Juventud y mi amiga me entregó uno. Mientras leía sus mensajes sobre cómo fortalecer mi relación con Jesucristo, sentí que se encendía en mí un deseo ferviente de conocer la verdad.
Quería saber más sobre Él y sobre Su Evangelio. Mi amiga me dio un Libro de Mormón y me invitó a preguntarle al Padre Celestial si sus enseñanzas eran verdaderas, así que acepté su invitación.
Cuando leí 2 Nefi 27:23, sentí un gran consuelo: “Porque he aquí, yo soy Dios; y soy un Dios de milagros; y manifestaré al mundo que soy el mismo ayer, hoy y para siempre; y no obro entre los hijos de los hombres sino de conformidad con su fe”.
Este pasaje de las Escrituras me mostró cuán poderoso puede ser tener fe en Jesucristo. Quería volver a creer en Él. Al terminar el libro, sentí que el Espíritu me testificaba que Jesucristo vive y que el Libro de Mormón es verdadero. Fui bautizada poco tiempo después y comencé a vivir de manera muy diferente a mi familia.
Gracias al Espíritu Santo, no estoy sola
A veces, ser la única miembro de la Iglesia en mi familia hace que las cosas sean difíciles, pero agradezco que el Padre Celestial me haya bendecido con amigos fieles, líderes de la Iglesia y miembros del barrio que me fortalecen cuando me siento sola.
Desde que fui bautizada, he estado muy agradecida por el don del Espíritu Santo y realmente siento al Salvador conmigo.
El élder Takashi Wada, de los Setenta, enseñó recientemente: “Al entrar en el convenio del bautismo con Dios prometemos que estamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo, guardar los mandamientos de Dios y servirle por el resto de nuestra vida. Nuestro Padre Celestial, a Su vez, nos promete que siempre podremos tener Su Espíritu con nosotros: la guía continua del Espíritu Santo”.
Vivir de tal manera que mantenga al Espíritu conmigo siempre me recuerda que no estoy sola en mi trayecto, aunque esté sola en mi familia.
Las bendiciones de ser alguien que guarda los convenios
A veces me siento triste por las decisiones de mis padres, pero por medio de la oración he sentido la seguridad de que hay esperanza de que algún día vuelvan a creer en el Salvador.
Hace poco recibí mi investidura e hice convenios con el Padre Celestial que han cambiado mi vida. Estoy aprendiendo que, con Su ayuda, toda prueba y desafío que afrontemos en la tierra puede tener un propósito y ayudarnos a sentir Su paz y gozo. Cuando me siento sola en mi familia, busco a Jesucristo y siento gratitud por Él y Su Evangelio más que nunca.
El presidente Russell M. Nelson ha enseñado: “La recompensa por guardar los convenios con Dios es poder celestial, un poder que nos fortalece para soportar mejor nuestras pruebas, tentaciones y pesares”.
Sé que el Padre Celestial y Jesucristo tienen un gran plan para cada uno de nosotros y nuestro gozo es la esencia de ese plan (véase 2 Nefi 2:25). Si te encuentras en circunstancias similares a las mías, debes saber que no estás solo. Cada vez que acudes al Salvador y decides guardar tus convenios, Su Espíritu está contigo. Independientemente de lo que tu familia decida hacer o no, Dios te conoce, te ve y te ama.