“Prácticas espirituales y personales para la salud mental”, Liahona, junio de 2025.
Prácticas espirituales y personales para la salud mental
Dios puede ayudarnos a encontrar fortaleza interior para afrontar los desafíos de salud mental.
Ilustraciones por David Green
¿Adónde acudimos cuando afrontamos problemas de salud mental? Como discípulos de Jesucristo, sabemos que Él es la fuente suprema de ayuda y sanación. Dios también nos ha bendecido con recursos externos, tales como materiales de la Iglesia, personas que nos apoyan y asesoramiento profesional, así como con recursos internos que nos fortalecen desde nuestro interior. Este artículo explorará algunos recursos internos y prácticas personales que pueden ayudarnos a superar desafíos de la salud mental.
Modelos de pensamiento
Cuando lidiamos con problemas de salud mental, podemos caer en modelos de pensamiento dañinos, como el temor, la desesperación o la autocrítica. Pero el Señor desea ayudarnos a tener pensamientos de fe, esperanza y autocompasión.
“Sea consciente de su propia voz interior”, dijo Nicole De Klerk, terapeuta de Servicios para la Familia en Sudáfrica. “Muchos de nosotros somos nuestros peores críticos; háblese a sí mismo como le hablaría el Salvador, quien lo ama profundamente”. En lugar de juzgarnos o culparnos por nuestros problemas mentales, podemos esforzarnos por mostrar compasión, misericordia y bondad hacia nosotros mismos. Podemos utilizar nuestro albedrío para elegir pensamientos que sean bondadosos, verdaderos, alentadores y útiles.
También podemos tratar de cultivar otros modelos de pensamiento saludables, tales como establecer expectativas realistas, centrarnos en la gratitud y reflexionar sobre la vida y el amor de Jesucristo. Él ha dicho: “Mirad hacia mí en todo pensamiento” (Doctrina y Convenios 6:36).
Pruebe esto: El curso de resiliencia emocional de la Iglesia recomienda reconocer los modelos de pensamiento incorrectos y procurar reemplazarlos con “pensamientos más precisos y verídicos”.
Prácticas espirituales
También podemos fortalecer nuestra salud mental al encontrar prácticas sencillas que nos conecten con Dios. “La oración es una de las mejores herramientas para nuestro bienestar mental y espiritual”, agregó Katarina Alhovuori, terapeuta de Servicios para la Familia en Finlandia. “La oración puede ayudarnos a articular nuestras emociones y examinarlas junto con Dios”.
Otras prácticas espirituales que pueden apoyar la salud mental son la asistencia a la iglesia y la adoración en la Casa del Señor.
Los problemas de salud mental pueden hacer que sea difícil encontrar la energía o la motivación para participar en estas actividades edificantes, pero incluso nuestros esfuerzos “pequeñ[o]s y sencill[o]s” pueden gradualmente producir “grandes cosas” (Alma 37:6). Susana Neiva, terapeuta Santo de los Últimos Días de Portugal, dijo: “Sugeriría prácticas espirituales que pudieran resultar más accesibles en momentos de dificultades emocionales, tales como escuchar música edificante, escuchar o leer pasajes reconfortantes de las Escrituras o literatura inspiradora, o participar en actos de servicio”.
Si bien es posible que nuestros desafíos no desaparezcan, podemos enfrentarlos con más fortaleza y esperanza a medida que nos acercamos más a Dios.
Pruebe esto: Planifique una actividad agradable que pueda hacer esta semana. Muchas personas encuentran fortaleza en actividades sanas, tales como pasar tiempo al aire libre, socializar con sus seres queridos, participar en pasatiempos creativos, investigar la historia familiar personal, comer alimentos nutritivos y hacer ejercicio.
Descanso
De las muchas prácticas personales que pueden ayudarnos, una de las más importantes podría ser descansar adecuadamente el cuerpo y la mente. El presidente Jeffrey R. Holland, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “La fatiga es un enemigo común para todos nosotros, así que disminuyan el ritmo, descansen, repongan energías y recobren fuerzas”.
¿Qué cosas contribuyen a la fatiga en su vida? Ya sea que esté agotado por las exigencias del trabajo, las presiones de los estudios, el estrés financiero, el contenido de internet u otros factores, tomar un descanso puede ayudar. Tal como aconsejó el Señor: “No corras más aprisa, ni trabajes más de lo que tus fuerzas y los medios proporcionados te permitan” (Doctrina y Convenios 10:4).
Carolina Perego, terapeuta de Servicios para la Familia en Chile, dijo: “Si tenemos angustia, tristeza, agotamiento o fatiga, debemos considerar descansar”.
El día de reposo proporciona una oportunidad especial cada semana para descansar y renovar nuestro espíritu. El Señor dijo: “Este es un día que se te ha señalado para descansar de tus obras y rendir tus devociones al Altísimo” (Doctrina y Convenios 59:10). El día de reposo es un día para adorar, para renovar convenios, para “elevar nuestra visión: de las cosas del mundo a las bendiciones de la eternidad”.
Si tiene un llamamiento con grandes exigencias de tiempo los domingos, puede que no sienta que el día de reposo es un día de descanso físico o mental. Es posible que desee reservar algo de tiempo en otros días para descansar y recuerde que, mientras está ocupado con su llamamiento, el Señor está complacido con sus esfuerzos por servirle a Él y a Sus hijos. Recuerde la promesa del Señor para aquellos que están cansados: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). El presidente Russell M. Nelson ha enseñado que nuestra conexión con el Señor por medio de los convenios nos ayuda a “vencer las plagas espiritual y emocionalmente agotadoras del mundo”.
Pruebe esto: ¿Cómo podría mejorar su horario de sueño? El Señor prometió bendiciones como resultado de un sueño adecuado: “Acostaos temprano para que no os fatiguéis; levantaos temprano para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados” (Doctrina y Convenios 88:124).
Fe en Jesucristo
Nuestra fe en el Salvador puede ser nuestro mayor recurso cuando afrontamos problemas de salud mental. Aunque es posible que nuestras dificultades no se resuelvan de inmediato, Jesucristo puede darnos fortaleza y sanación a medida que ejercemos fe en Él.
El élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó que el Salvador “comprende de manera profunda cada uno de nuestros dolores, aflicciones, enfermedades, penas y sufrimientos por la separación […]. Él ayuda a sanar a los quebrantados y menospreciados, a reconciliar a los enojados y divididos, a consolar a los solitarios y aislados, a animar a los inseguros e imperfectos y a hacer milagros que son posibles solo para Dios”.
Jesucristo también nos asegura que nunca estamos solos. Él nos conoce perfectamente, comprende todo nuestro dolor y está listo para levantarnos.
La hermana Alhovuori dijo: “A menudo he pensado en Pedro, quien tuvo el valor de caminar sobre las aguas hacia Jesús [véase Mateo 14:28–31] […]. Testifico que [Jesucristo] desea alentarnos y tomarnos de la mano siempre, tal como lo hizo con Pedro. Él también se deleita en cada paso de fe que damos”.
Los problemas de salud mental son reales y difíciles, pero no tienen por qué definirnos ni derrotarnos, y no tenemos que enfrentarlos solos. El Señor nos ha proporcionado fuentes de fortaleza a las que podemos recurrir, tales como los recursos de la Iglesia, las relaciones que brindan apoyo y la ayuda profesional. Si confiamos en Jesucristo y en esos recursos, podremos afrontar nuestros desafíos con fortaleza y esperanza.