“La obra de Dios brinda propósito y paz”, Liahona, junio de 2025.
La obra de Dios brinda propósito y paz
Podemos participar en la obra de Dios de traer a Sus hijos a casa para que vivan con Él.
Un recuerdo que atesoro de mi infancia en la ciudad de Nueva York es pasar la Navidad con mi familia. Mis padres, mis tres hermanos mayores, mi hermana menor y yo disfrutábamos de compartir los alimentos e intercambiar regalos. A pesar de lo ocupados que estaban mis padres porque trabajaban, la Navidad era nuestra época especial para pasar tiempo juntos.
La Navidad nunca volvió a ser la misma cuando ellos se divorciaron. Yo tenía once años y nunca más volvimos a estar juntos de esa manera.
A los diecisiete años escuché por primera vez sobre el Evangelio de Jesucristo y quise aprender más cuando me enteré de que las familias pueden estar juntas para siempre. Me sorprendió descubrir que Dios tiene un plan de salvación y exaltación (véase Moisés 1:39).
El plan de Dios, en palabras del presidente Russell M. Nelson, es “fabuloso”. Dios desea que todos Sus hijos sean guiados a salvo a casa para vivir con Él nuevamente. Él ha dicho: “Puedo ejecutar mi propia obra” (2 Nefi 27:21), pero nosotros tenemos la maravillosa oportunidad de participar en Su obra junto con Él. Eso me ha brindado un sentido de dirección, propósito, paz y esperanza a lo largo de mi vida.
Servir con amor
En nuestros días, el Señor ha revelado:
“Oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza […].
“De modo que, si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra” (Doctrina y Convenios 4:2–3).
Dios desea que le sirvamos con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y que lo amemos con la misma intensidad (véase Doctrina y Convenios 59:5). Nuestro amor por Dios habilita, da poder y realza nuestros deseos de servir. Al actuar de acuerdo con esos deseos, se fortalece nuestra capacidad de servirle y amarlo a Él y a nuestro prójimo. Entonces, el poder de Dios llega y podemos ver Su mano en nuestra vida.
Conforme sirvo a Dios, porque lo amo, puedo sentir Su amor y la certeza de que Él ama a todos Sus hijos y desea que regresemos a casa para vivir con Él nuevamente. Él tampoco desea que regresemos solos; desea que llevemos a nuestra familia y a los demás al Evangelio al servir con amor por Él y por Sus hijos.
Andar con Dios
Participamos más eficazmente en la obra de Dios cuando contamos con Su ayuda. Al hacer nuestra parte y buscar inspiración, el Espíritu Santo puede guiarnos en la obra. Cuando el Señor llamó a Enoc a ser un profeta, le dijo: “He aquí, mi Espíritu reposa sobre ti; por consiguiente, justificaré todas tus palabras; y las montañas huirán de tu presencia, y los ríos se desviarán de su cauce; y tú permanecerás en mí, y yo en ti; por tanto, anda conmigo” (Moisés 6:34).
Obtenemos ayuda adicional al recibir las ordenanzas del templo y al hacer y guardar los convenios. Cuando pasamos de solo asistir al templo a adorar en la Casa del Señor, llegamos a comprender que las ordenanzas y los convenios nos conectan con el Padre Celestial y Jesucristo de una manera poderosa e íntima.
El presidente Nelson ha enseñado que esta relación por convenio “hace que todo en la vida sea más fácil”. No hace que la vida sea fácil, pero el unirnos al Padre Celestial y a Jesucristo nos otorga acceso a Su fortaleza, la cual aumenta nuestra capacidad para participar en Su obra. Al avanzar, podemos caminar lado a lado con Ellos y sentir Su poder e influencia en nuestra vida.
Recordar el porqué
La obra de Dios no siempre es fácil. Cuando tengo días en los que me siento desanimado o decepcionado, me recuerdo a mí mismo el “porqué” de hacer Su obra, que es que sé que Dios vive y que Jesús es el Cristo. El Espíritu Santo me lo ha atestiguado y confirmado una y otra vez. Nunca podré negarlo. Debido a que amo al Padre Celestial y a Su Hijo, procuro complacerlos al participar con Ellos en Su gran obra.
Si alguna vez se sienten inadecuados o que no tienen las habilidades correctas para esta obra, ¡bienvenidos al equipo! La mayoría de nosotros nos sentimos así de vez en cuando. En esos momentos debemos ser como Nefi y ser “guiado[s] por el Espíritu, sin saber de antemano lo que tendr[emos] que hacer” (1 Nefi 4:6). Si seguimos adelante con fe y hacemos lo que podamos, el Señor nos guiará, nos ayudará y multiplicará nuestros esfuerzos, tal como lo hizo con los cinco panes y los dos peces (véase Marcos 6:41–44). Cualquier cosa que le llevemos al Señor, Él la usará para hacer avanzar Su obra de salvación y exaltación.
Otra razón por la que se nos ha invitado a participar en la obra de salvación y exaltación de Dios es que Él y Su Hijo Jesucristo desean que lleguemos a ser santos, tal como Ellos lo son. Al trabajar junto a Ellos, aprendemos más acerca de cómo podemos llegar a ser semejantes a Ellos.
En esta obra invitamos a los demás a llegar a ser como Jesucristo al descubrir el gozo del arrepentimiento. El presidente Nelson ha dicho que el arrepentimiento es un proceso “de actuar y de ser un poco mejor cada día”. Es una oportunidad de cambiar, de crecer espiritualmente y “llegar a ser más semejantes a Jesucristo”.
Podemos ayudar a los demás a hacer que su hogar se sienta como el cielo para que algún día el cielo se sienta como su hogar y puedan estar preparados para la vida venidera.
Hallar gozo
¡Hay gozo en esta obra! El presidente Nelson ha enseñado que “independientemente de lo que esté sucediendo —o no esté sucediendo— en nuestra vida”, podemos hallar gozo cuando nos centramos en el plan del Padre Celestial y en nuestro Salvador, Jesucristo. El plan del Padre Celestial es posible solo por medio de Su Hijo. Jesucristo estuvo dispuesto a hacer la voluntad de Su Padre y a sacrificarlo todo por nosotros. De lo contrario, nos habríamos perdido para siempre. Él sabía que era la única manera de que pudiéramos regresar a casa para vivir con el Padre Celestial y de hallar gozo. El presidente Nelson enseñó: “El gozo proviene de [Jesucristo], y gracias a Él. Él es la fuente de todo gozo”.
Qué maravillosa bendición y oportunidad es para nosotros ayudar en esta importante obra de salvación y exaltación y ayudar a los demás a regresar a salvo a casa, donde nuestro Padre Celestial y Jesucristo anhelan que estemos.