Voces de los miembros
Las ventanas de los cielos se abrieron
Este acto de fe precede mi bautismo y marca el inicio de una vida dedicada a la obediencia y al servicio en la Iglesia.
Mientras asistía a la Iglesia para conocer el Evangelio enfrentaba desafíos matrimoniales y labores. Con el escaso dinero que me quedaba, decidimos mudarnos de ciudad para encontrar mejores opciones de trabajo. En una clase del sacerdocio el tema era la ley del diezmo y las promesas asociadas. De inmediato captó mi atención.
En Malaquías 3:10 leemos: “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.
Aunque aún no era miembro, sentí la urgencia de poner a prueba mi fe. Conversé con el obispo y decidí pagar el diezmo, aunque no tenía empleo. Nunca había hecho algo parecido, ni había pasado por mi mente que el sacrificar algo material podía activar bendiciones de Dios.
Durante las semanas posteriores sentí que Dios no abría las ventanas de los cielos. Me arrodillé a orar y pedí con fe a Él que se acordara de mí, le expresé que confiaba en Su tiempo. Aunque inicialmente perdí una oportunidad de trabajo, Dios dirigió mi camino hacia una bendición inesperada. Este acto de fe precede a mi bautismo y fue el inicio de una vida dedicada a la obediencia y al servicio en la Iglesia.
A lo largo de los años, he sido testigo de las bendiciones que acompañan a la fidelidad a la ley del diezmo y de la veracidad de la promesa divina. Mi testimonio es claro, el diezmo no solo es un mandamiento, sino que también es una herramienta divina para fortalecer nuestra fe y recibir las bendiciones del cielo.