2025
El personaje principal de la historia de la Iglesia
Abril de 2025


“El personaje principal de la historia de la Iglesia”, Liahona, abril de 2025.

El personaje principal de la historia de la Iglesia

La historia de la Iglesia no consiste solo en nombres y fechas. Si buscamos la mano del Señor, la historia de la Iglesia revela el ministerio moderno del Cristo viviente.

Un retrato de Cristo vestido con túnica blanca

Christ’s Image [Imagen de Cristo], por Heinrich Hofmann

¿Qué le viene a la mente cuando piensa en la historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días? Tal vez recuerde algún relato inspirador sobre alguien que vivió hace mucho tiempo; o tal vez piense en algunos nombres, fechas y lugares. Otros podrían centrarse en las experiencias de sus propios antepasados; para algunos, la historia de la Iglesia puede parecer confusa o incluso difícil.

Cuando piensa en la historia de la Iglesia, ¿con qué frecuencia piensa en Jesucristo?

Nuestro Redentor viviente es la figura central de la Restauración continua, pero a veces lo pasamos por alto en ella. Cuando tenemos ojos para ver al Salvador y Su obra, podemos verlo como el eje de la historia de la Iglesia y aprender sobre Su manera de proceder con los hijos de Dios.

Árboles de la Arboleda Sagrada

El Padre Celestial y Jesucristo guiaron los acontecimientos de la Restauración, incluida la Primera Visión en 1820.

The Sacred Grove [La Arboleda Sagrada], por Greg Olsen

La historia de la Iglesia es Su historia

Yo trabajo con registros y relatos de la historia de la Iglesia todos los días, pero una experiencia que tuve hace unos años me ayudó a ver nuestra historia bajo una luz diferente. Cuando el presidente Russell M. Nelson leyó “La Restauración de la plenitud del Evangelio de Jesucristo: Una proclamación para el mundo en el bicentenario” en la Conferencia General de abril de 2020, escuché como un alumno en un salón de clases de historia. Lo escuché referirse a una serie de acontecimientos: la Primera Visión en 1820, las visitas de mensajeros celestiales, la traducción del Libro de Mormón y la organización de la Iglesia en 1830.

Unos meses después, como parte de mi estudio diario del Evangelio, me senté a leer una copia impresa de la proclamación. En mi mente, esperaba repasar una cronología histórica, así que me sorprendió lo que vi. Un destello de entendimiento, casi como un relámpago, me iluminó la mente y me mostró algo totalmente nuevo para mí. Estaba tan sorprendido que comencé a escribir en el papel, subrayando y encerrando las palabras en círculos y con asombro.

Lo que me llamó tanto la atención ese día fue que el Padre Celestial y Jesucristo eran el tema de casi cada oración y los participantes principales en cada acontecimiento:

  • En 1820, “Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo se aparecieron a José”.

  • Los mensajeros celestiales no vinieron solos, sino “bajo la dirección del Padre y del Hijo”.

  • El Señor bendijo a José Smith con “el don y el poder de Dios” para traducir un registro de Su propio “ministerio personal” en las Américas.

  • El Señor autorizó a José Smith a organizar Su Iglesia.

  • “Jesucristo ha llamado de nuevo a apóstoles y les ha dado la autoridad del sacerdocio”.

  • “Dios está dando a conocer Su voluntad para con Sus amados hijos e hijas”.

Al reflexionar, comencé a ver al Salvador en el centro de otros acontecimientos de la Restauración. Jesucristo perdonó los pecados de José Smith (véase Doctrina y Convenios 110:5). La voz del Salvador se escucha en las revelaciones que ahora se preservan en Doctrina y Convenios. Miles de personas que vivieron en el siglo XIX encontraron una relación más profunda con Él, hicieron convenios con Él y lo siguieron, incluso al salir de sus países, atravesar los mares y las llanuras, y congregarse en Sion.

Hoy en día, millones más en todo el mundo continúan acercándose más al Padre Celestial y al Salvador mediante la conversión, el hacer convenios y el seguirlos a Ellos en medio de la adversidad.

Ver al Señor como el centro de estos acontecimientos puede ayudarnos cuando tenemos preguntas sobre cosas que dijeron o hicieron las personas en el pasado. Por ejemplo, en los evangelios del Nuevo Testamento, a veces vemos que los discípulos no lo saben todo, no logran echar fuera espíritus malignos e incluso niegan su fe (véanse, por ejemplo, Mateo 17:16, 19–20; Marcos 9:10). Pero algunos lectores modernos pueden estar menos preocupados por estas deficiencias humanas, en parte porque podemos ver que Jesús de Nazaret es el personaje principal en la narración y Él hace las cosas bien.

En cambio, a veces, cuando hablamos de la historia moderna de la Iglesia, dejamos a Jesucristo fuera del centro de la historia al comenzar por los nombres, las fechas y los lugares. Luego, cuando surgen preguntas, algunos sienten la necesidad de forzar como tema central a alguien que pueda hacer las cosas bien. Cuando eso suceda, debemos recordar que el Señor también es el personaje principal de la historia moderna de la Iglesia. Está bien que José Smith o Brigham Young, o cualquiera de nosotros, no sea perfecto ni lo sepa todo, porque esa no es nuestra función. Nosotros somos los discípulos y quienes han de aprender, y el Señor es el personaje principal.

Jesucristo ha ministrado a los hijos de Dios durante miles de años, incluidos los últimos doscientos años. Él es la figura central de la historia. La historia de la Iglesia es Su historia.

Jesucristo visita a José Smith y a Oliver Cowdery en el Templo de Kirtland.

Vemos la manera de proceder de Dios en las Escrituras y en la historia moderna de la Iglesia, como cuando el Salvador se apareció en el Templo de Kirtland.

The Lord Appears in the Kirtland Temple [El Señor se aparece en el Templo de Kirtland], por Del Parson

Conocer la manera de proceder de Dios

En las primeras escenas del Libro de Mormón, Nefi hace un breve comentario acerca de por qué erraron sus hermanos. Mucho antes de que Lamán y Lemuel ataran a Nefi o trataran de quitarle la vida a su padre, murmuraron. Nefi explica que “hacían esto porque no conocían la manera de proceder de aquel Dios que los había creado” (1 Nefi 2:12).

Cuatrocientos años después, los descendientes de Lamán y Lemuel se habían convertido en “un pueblo salvaje, feroz y sanguinario”, lo cual se debía, en parte, a que Lamán y Lemuel se “enojaron con [Nefi] porque no entendían la manera de proceder del Señor” (Mosíah 10:12, 14). ¡El no comprender la manera de proceder de Dios trae consecuencias enormes!

Para entender Su manera de proceder, necesitamos saber quién es Él, qué espera de nosotros y cómo trata a Sus hijos. La historia del ministerio moderno del Salvador nos enseña estas cosas. José Smith enseñó que cada uno de nosotros, individualmente, necesita entender “el designio y propósito de Dios en que vengamos al mundo”. A medida que llegamos a comprender la manera de proceder de Dios, llegamos a conocerlo, y el conocerlo conduce a la vida eterna (véase Juan 17:3). De hecho, “la salvación de Sion” llega en parte cuando “adquir[imos] un conocimiento de la historia” (Doctrina y Convenios 93:53).

El registro de la manera de proceder de Dios se encuentra en las Escrituras y en la historia moderna de la Iglesia restaurada. Allí vemos momentos en la historia en que Dios interactuó directamente con la humanidad, como cuando el Padre y el Hijo respondieron la oración de José Smith en la Arboleda Sagrada (véase José Smith—Historia 1:17–20) y cuando el Salvador se apareció en el Templo de Kirtland (véase Doctrina y Convenios 110:1–10).

Dios también influye en nuestra vida de maneras menos obvias. Él describe Su manera indirecta de proceder con los seres humanos mediante una metáfora de efectuar Su obra “no con mano” (véanse Daniel 2:34–35; Doctrina y Convenios 65:2; 109:72). Esta participación indirecta puede ocurrir de muchas maneras. Bajo esa nueva luz, podemos ver la forma de proceder de Dios en “medios muy pequeños” (Alma 37:7), como cuando participamos de la Santa Cena para recordar al Señor y renovar nuestros convenios (véase Doctrina y Convenios 20:77, 79).

Dios también nos ayuda por medio de entrañables misericordias que nos liberan y preservan en “personales e individualizadas bendiciones”. Un ejemplo de la historia de la Iglesia es cuando los participantes en el Campamento de Israel (el Campo de Sion) presenciaron sanaciones de los enfermos, fueron protegidos de los elementos y experimentaron las tiernas misericordias de las personas que se ofrecieron como voluntarias, donaron dinero y proporcionaron alimentos y agua.

Un collage que forma manos mediante imágenes de tonos de piel

Los miembros de la Iglesia de todo el mundo se aman y sirven unos a otros, actuando como las manos del Señor para llevar a cabo Su ministerio moderno.

To Do His Work [Hacer Su obra], por Kamette Harmer, prohibida su reproducción

El ministerio moderno del Cristo viviente

La historia moderna de la Iglesia ofrece entendimiento de la manera de proceder de Dios entre Sus hijos durante los últimos doscientos años. El ver la manera divina de proceder puede reducir las inquietudes, ayudarnos a arrepentirnos, fortalecer la unidad y prepararnos para la revelación personal continua.

En lugar de ver la historia de la Iglesia como una cadena de nombres y fechas, podemos contemplar esos últimos doscientos años para presenciar el ministerio moderno del Cristo viviente y obtener entendimiento de cómo Él ha mostrado amor a los hijos de Dios, incluidos los Santos de los Últimos Días. Las obras modernas de Dios pueden inspirarnos verdaderamente a arrepentirnos y a regocijarnos en Jesucristo (véase Alma 37:9). Al ver la Restauración como un pasado sagrado compartido por los santos de todo el mundo, celebramos la bondad de Dios, sentimos empatía por las experiencias de los demás y fortalecemos nuestra unidad (véase Mosíah 25:7–9).

El arrepentimiento, el regocijo y la unidad son algunas de las muchas razones por las que el Salvador mandó que se conservara nuestra historia de los últimos días “para el bien de la iglesia, y para las generaciones futuras que crecerán en la tierra de Sion” (Doctrina y Convenios 69:8). Nuestra historia moderna puede revelar a Jesucristo como la figura central, enseñarnos las vías de Dios y ayudarnos a acercarnos más a Él.