2025
Llegar a conocer a su Salvador
Abril de 2025


“Llegar a conocer a su Salvador”, Liahona, abril de 2025.

Llegar a conocer a su Salvador

Una de las mejores maneras de conocer a Jesucristo más profunda y exhaustivamente es servirle a Él al servir a los hijos de Dios.

Jesucristo caminando por un campo de hierba

The way [El camino], por Jeanette Borup

Cuando asisto a conferencias y devocionales, a menudo me preguntan, especialmente los jóvenes, cuál es mi pasaje favorito de las Escrituras. Por lo general, no tengo uno. Mi pasaje favorito de las Escrituras depende del día, siempre tengo uno diferente. Sin embargo, por alguna razón, durante los últimos meses no ha habido un solo día en que este pasaje de las Escrituras de una manera u otra no me haya venido a la mente:

“Porque ¿cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para él, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón?” (Mosíah 5:13).

He reflexionado una y otra vez en este pasaje del asombroso sermón del rey Benjamín en el Libro de Mormón. Todos necesitamos conocer a nuestro Maestro y Salvador, Jesucristo. Al caminar por donde Él camina, amar lo que Él ama y abrazar lo que Él abraza, podemos llegar a conocerlo.

Esfuércense por prestar servicio

Tenemos el privilegio y la oportunidad de aprender acerca de Jesucristo por medio del estudio de las Escrituras. Pero para realmente conocerlo y ser Sus discípulos, no es suficiente leer y estudiar. Conocemos al Salvador más profundamente al hacer las cosas que Él haría, especialmente servir a los demás como Él lo haría.

Después de un desastroso terremoto en Europa, visité los campamentos donde vivían las personas desplazadas por el terremoto. Conocí a muchas familias que vivían en tiendas de campaña. No sabían quién era yo ni que la Iglesia les brindaría ayuda. Pero cuando me reuní con ellos, lo primero que hicieron fue poner algo de comer o beber en mis manos con una sonrisa en el rostro.

Esas personas lo habían perdido todo. Yo estaba allí para prestarles servicio, pero en su corazón hallaron el deseo de servir. Eso me brindó gozo y me recordó que una de las mejores maneras de conocer a Jesucristo más profunda y exhaustivamente es servirle a Él al servir a los hijos de Dios.

Sean un ejemplo

Para muchas personas a nuestro alrededor, la única manera en que llegarán a saber acerca de la Restauración y de la verdadera Iglesia de Jesucristo —y a veces acerca de Jesucristo mismo— es por medio de nosotros. Por esa razón, siempre debemos ser conscientes de la importancia de ser un buen ejemplo.

Debemos vivir de tal manera que los que nos rodean puedan llegar a conocer al Salvador. Si vivimos de manera diferente a lo que creemos y enseñamos, es posible que los demás no crean en nuestras palabras o siquiera en el poder de la Expiación del Salvador. En cambio, pueden llegar a conocer a Jesucristo porque los conocen a ustedes y pueden ver y sentir Su luz en la vida de ustedes.

Ese es el caso en especial cuando se trata de los padres. Cuando mi esposa y yo esperábamos nuestro primer hijo, llamé a mi tío para pedirle consejo. Él fue quien me dio a conocer la Iglesia y lo amo entrañablemente.

“¿Qué puedo hacer?”, le pregunté. “¿Cómo puedo enseñar a mis hijos para ayudarlos a crecer y ser fuertes?”.

Me impresionó lo que mi tío dijo.

“No te preocupes por ellos”, respondió. “Se trata de ti. Ellos estarán contigo y te verán todo el tiempo. Haz tu mejor esfuerzo por obedecer los mandamientos. Sé honesto y digno en todo lo que hagas, y ellos seguirán tu ejemplo”.

Unos años más tarde, una mañana me estaba afeitando cuando mi segundo hijo, que tenía unos cuatro años, entró en el baño con un palito y un poco de jabón y comenzó a imitarme. Al verlo, recordé lo que mi tío había dicho. Recordé su consejo de una manera profunda.

Muchos han aceptado el Evangelio de Jesucristo porque ven algo diferente en los miembros de la Iglesia. Debemos asegurarnos de que el Evangelio se refleje en nuestro rostro. No tenemos que ser perfectos, pero debemos estar dispuestos a esforzarnos por ser más semejantes a Jesucristo en todo lo que hagamos.

Jesucristo visita a los enfermos

I See You [Te veo], por Greg Olsen, prohibida su reproducción

Mirar hacia el Salvador

El élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Cuórum de los Doce Apóstoles, comentó en una ocasión: “¡No podría haber habido Expiación sin el carácter de Cristo!”. Incluso en las circunstancias más difíciles de Su vida, estaba en el carácter de Jesucristo el no pensar en Sí mismo. Siempre pensaba en los demás.

Después de enterarse de que Juan el Bautista había sido asesinado, Jesús invitó a Sus apóstoles a ir con Él a un lugar solitario para descansar. Una multitud de más de cinco mil personas lo siguió. Jesús hizo a un lado Su deseado descanso a fin de sanar, enseñar y alimentar a todos ellos (véase Mateo 14:12–21).

Al descubrir que Sus discípulos tenían dificultades en su barca en el mar de Galilea, Jesús caminó hasta ellos sobre el agua y les dijo: “¡Yo soy, no tengáis miedo!” (véase Mateo 14:22–27).

Más tarde, mientras estaba en agonía en la cruz, el Salvador llamó al apóstol Juan para que cuidara de Su madre (véase Juan 19:25–27). Después de Su Crucifixión, fue al mundo de los espíritus y “comisionó [a los espíritus justos] para que fueran y llevaran la luz del evangelio a los que se hallaban en tinieblas, es decir, a todos los espíritus de los hombres” (Doctrina y Convenios 138:30).

Como señaló una vez el élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, como seres humanos, naturalmente tendemos a centrarnos en nosotros mismos durante nuestros desafíos o tribulaciones, pero Jesucristo hizo exactamente lo contrario. Incluso en Sus momentos más difíciles y estresantes, siempre se dispuso a atender las necesidades de los demás. Y todavía lo hace. Él llevó a cabo la Expiación por nosotros y abrió la puerta para que podamos volver al Padre nuevamente. Podemos mirar hacia Él en todo momento y Él siempre estará allí para ayudarnos.

Aferrarse a la esperanza

Vivimos en un mundo caído. La buena noticia es que esto no sucedió por error. Este mundo caído tiene un propósito y es glorioso (véase Moisés 1:39). Aunque vivimos en tiempos difíciles con mucha maldad en el mundo, hay una solución gracias a Jesucristo; Él es la razón de toda esperanza.

Cada templo del mundo testifica de nuestra esperanza en el Salvador. En cierto modo, cada vez que el profeta anuncia un templo nuevo, es una declaración de la realidad de Jesucristo y de Su poder redentor. La única razón por la que tenemos templos es debido a Él y a Su sacrificio expiatorio. Y cada vez que adoramos en la Casa del Señor y hacemos convenios con Dios por nosotros mismos y a favor de los que están del otro lado del velo, proclamamos nuestra fe en el Cristo resucitado.

Jesucristo vive, Él camina con nosotros en esta peregrinación terrenal. Él es lleno de gracia, nos ama tanto que vino a este mundo a hacer lo que era imposible que nosotros hiciéramos por nuestra cuenta. Él es nuestro amigo. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (véase Juan 15:13).

Es un privilegio para mí dar testimonio de Jesucristo. Con todo el corazón, ¡quiero ser Su amigo! Él dirige esta Iglesia a través de profetas y apóstoles, nos tiene presentes a cada uno de nosotros. Él nos conoce por nuestro nombre y conoce nuestras necesidades, nuestras dificultades y los deseos de nuestro corazón. Por medio de Él nos aferramos a la esperanza. Al servir a los demás, esforzarnos por ser un ejemplo, mirar hacia Jesucristo y aferrarnos a “un fulgor perfecto de esperanza” (2 Nefi 31:20), llegamos a conocerlo y descubrimos que Él siempre está con nosotros para llenar nuestra vida de paz y gozo.

Notas

  1. Neal A. Maxwell, “The Holy Ghost: Glorifying Christ”, Ensign, julio de 2002, pág. 58.

  2. Véase David A. Bednar, “Un carácter cristiano”, Liahona, octubre de 2017, págs. 50–53.