2025
¿Cómo podría no sentirme feliz?
Abril de 2025


“¿Cómo podría no sentirme feliz?”, Liahona, abril de 2025.

Retratos de fe

¿Cómo podría no sentirme feliz?

Tengo una enfermedad terminal que me ha dejado cuadripléjico, pero gracias a la tecnología que me permite pulsar teclas con la vista, seguiré compartiendo mi testimonio del plan de felicidad de Dios hasta que Él me llame a casa.

Mujer con su esposo cuadripléjico

Fotografía por Amy Schaffer

Tengo una enfermedad terminal que tiene una tasa de mortalidad del ciento por ciento. ¿Por qué no estoy enojado con Dios? Porque Él se ha mostrado fiel en los momentos difíciles y he aprendido a confiar en Él.

Poco después de nacer mi hijo mayor, se le diagnosticó un defecto congénito llamado enfermedad de Hirschsprung. Pasó un tiempo en la unidad neonatal de cuidados intensivos, requirió atención sanitaria domiciliaria y se sometió a una cirugía. Fueron momentos en que sentimos gran temor.

Casi al mismo tiempo, el trabajo de mis sueños se convirtió en una pesadilla. Todo se desmoronó a mi alrededor hasta que, al final, mi mentor y yo perdimos el trabajo. Llegaba a casa después de largas jornadas laborales y me recostaba en el suelo, lamentándome.

Mi hija también tiene la enfermedad de Hirschsprung. Además de eso, sufre de un defecto cardíaco y tiene síndrome de Down. Pasó sus primeras semanas de vida en el hospital. Después de tres cirugías mayores, ahora es toda sonrisas y dulzura. Al principio, su diagnóstico nos pareció una tragedia, pero ahora es más como una bendición. A pesar de algunos momentos difíciles, ella ha enseñado a nuestra familia a tener amor y paciencia. Ella brinda alegría en los momentos sencillos, nunca deja de sorprendernos y hace feliz a la gente a donde sea que ella vaya.

Durante todo este proceso, he pensado en el profeta José Smith encerrado en el miserable calabozo de la cárcel de Liberty. El Señor lo consoló dándole una perspectiva más amplia: “Entiende, hijo mío, que todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien. El Hijo del Hombre ha descendido debajo de todo ello” (Doctrina y Convenios 122:7–8).

El autor con su familia

Una fotografía tomada antes de que me diagnosticaran ELA. Al pensar en mis desafíos, trato de recordar lo bendecido que he sido en mi vida. Mi asombrosa esposa será mi compañera por la eternidad si guardamos nuestros convenios y tendré gran gozo en mi posteridad.

Fotografía por Lisa Harbertson

La perspectiva del Evangelio

A través de mis pruebas, mi testimonio de Jesucristo me ha brindado perspectiva. Me he dado cuenta de que muchos otros hijos e hijas de Dios han descendido muy por debajo de mí. De modo que he aprendido que puedo ser agradecido en mis pruebas. Ahora que sé lo mucho que he aprendido de la desdicha que he sobrellevado, de alguna manera esos desafíos no parecen tan difíciles como me parecieron en ese momento.

A finales de 2018, me diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica, más conocida como ELA o enfermedad de Lou Gehrig, que es una afección neurológica terminal y poco común. La ELA mata las motoneuronas [neuronas motrices] que conectan el cerebro con los músculos. Mi mente todavía funciona a un ritmo normal y entiendo todo lo que la gente me dice, pero ya no puedo controlar los músculos, excepto los ojos. Comunicarme es difícil y lento para mí ahora que debo usar los ojos para escribir en un dispositivo lo que quiero decir.

La ELA me ha dejado cuadripléjico y dependiente de una máquina para respirar, y de mi esposa, Tiffany, para todo lo demás. Es probable que la enfermedad me quite la vida antes de ver crecer a mis hijos. Publiqué un libro con mis lecciones y discursos para que ellos y otras personas lo lean después de que yo parta.

Sin embargo, cuando pienso en mis desafíos, trato de recordar lo bendecido que he sido en mi vida. He viajado por el mundo, he aprendido sobre muchas culturas diferentes, he hablado con un presidente de los Estados Unidos, he cenado con el primer ministro de Siria y he estado en altas cumbres nevadas, maravillado de su belleza.

Lo que es más importante, me he reído a carcajadas con mis padres, hermanos, familiares y amigos. He estado en lugares santos, he aprendido de las enseñanzas de los profetas vivientes y he servido en el templo. He invitado a otras personas a venir a Cristo y a hallar la felicidad. Mi asombrosa esposa será mi compañera por la eternidad si guardamos nuestros convenios y tendré gran gozo en mi posteridad.

Con esas perspectivas de gratitud, ¿cómo podría no sentirme feliz? La ELA no es algo agradable y claramente es el peor momento de mi vida, pero no es lo suficientemente malo como para contrarrestar mi felicidad.

Lo que he aprendido

He llegado a ver la ELA como un llamamiento y estoy tratando de magnificarlo. De hecho, espero recordar esta enfermedad y reírme, agradecido por lo que este desafío me ha ayudado a llegar a ser; y, si así es como veré las cosas más adelante, ¿por qué no verlas de esa manera ahora?

No quiero dar la impresión de que este desafío es fácil. Me tomó mucho tiempo controlar mis emociones y mis miedos. He aprendido mucho a medida que mi cuerpo físico se ha ido debilitando.

He aprendido cómo Dios a veces nos da bendiciones. Al principio, se nos llama a hacer algo que parece difícil, ¡o incluso imposible! Luego el Señor nos enseña y nos eleva por medio de Su gracia, es decir, el poder habilitador que Su Expiación hace posible. Solo después de llegar a finalizar la labor en cuestión vemos Su mano y Sus bendiciones en nuestra vida. Como enseñó el presidente Thomas S. Monson (1927–2018): “No oren para recibir tareas que igualen su habilidad, sino oren para recibir la habilidad para cumplir con esas tareas. De ese modo, el desempeño de sus tareas no será un milagro, sino que ustedes mism[os] serán el milagro”.

Ese modelo se ha repetido en mí una y otra vez, por lo tanto, tengo fe en que así será con la ELA para mí.

madre e hijos

Es probable que la enfermedad me quite la vida antes de ver crecer a mis hijos. Publiqué un libro con mis lecciones y discursos para que ellos y otras personas lo lean después de que yo parta. Hasta que llegue el fin para mí, estoy tratando de magnificar mi llamamiento y ser más como Jesús.

Fotografía por Debra Jo Borden

Si el Evangelio es verdadero, dijo una vez el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008), “entonces, ¿qué puede ser más importante?”. Estoy aprendiendo mucho sobre lo que realmente importa. En mis pruebas, he aprendido que el Dios del universo me ama. En retrospectiva, puedo ver Su mano en mi vida. Cada prueba que he enfrentado me ha preparado para la siguiente. La ELA no estaba en mis planes, pero he aprendido que “Sus caminos no son nuestros caminos”.

Dios nos ama exactamente donde estemos en este momento, pero también quiere mucho más de nosotros. Estamos bastante lejos de la línea de llegada. Tenemos un largo camino por recorrer, pero debemos ser “un poco mejor[es] cada día”. Debido a que Dios nos ama, nos pide que nos superemos, que seamos mejores y que lo sigamos.

Cuando se le hizo una pregunta que no sabía cómo responder, Nefi, el profeta del Libro de Mormón, confió en lo que ya sabía: “Sé que [Dios] ama a sus hijos; sin embargo, no sé el significado de todas las cosas” (1 Nefi 11:17).

Creo que no importa cuán difícil, injusta, arbitraria o dolorosa parezca esta vida, todos seremos muy felices con la resolución final de las dificultades. Nuestras decisiones prevalecerán sobre nuestras circunstancias.

“Todo estará bien al final, y si no está todo bien, no es el final”, dice un adagio popular. El mismo Señor ha dicho:

“Por lo pronto no podéis ver con vuestros ojos naturales el designio de vuestro Dios concerniente a las cosas que vendrán más adelante, ni la gloria que seguirá después de mucha tribulación.

Porque tras mucha tribulación vienen las bendiciones. Por tanto, viene el día en que seréis coronados con mucha gloria” (Doctrina y Convenios 58:3–4).

No sé el significado de todas las cosas, pero sé que Dios nos ama. Él los ama a ustedes también. Su amor perfecto desecha mis temores (véase Moroni 8:16). Hasta que llegue el fin para mí, estoy tratando de magnificar mi llamamiento y ser más como Jesús.

Gracias a la tecnología que me permite pulsar teclas con la vista, seguiré compartiendo mi testimonio y mi fe en el plan de felicidad de Dios hasta que Él me llame a casa.

Notas

  1. La enfermedad de Hirschsprung es una afección que afecta el intestino grueso e inhibe la capacidad de un niño para defecar.

  2. Véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Gracia”.

  3. Thomas S. Monson, “Tres metas para guiarte”, Liahona, noviembre de 2007, pág. 120.

  4. Gordon B. Hinckley, “¿No es acaso la verdad?”, Liahona, octubre de 1993, pág. 4.

  5. Dieter F. Uchtdorf, “La felicidad es su legado”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 118; véase también Isaías 55:9.

  6. Russell M. Nelson, “Podemos actuar mejor y ser mejores”, Liahona, mayo de 2019, pág. 67.